lunes, 30 de junio de 2014

luz maría



Mi vida en la literatura




Por Luz María Montes de Oca

Redacción: J.Ch.M.



Escribí mi primer libro de cuentos “El umbral” con la intención de que los lectores de mi narrativa pasaran un momento divertido y, si tenían buen oído, aprendieran alguna que otra verdad.

Mis primeros lectores fueron mis amigas cercanas; en reuniones sociales a las que asistía, encantadas me hacían  comentarios de algunos párrafos y de los personajes de los cuentos. Les parecía  sorprendente que actores femeninos tuvieran ideas y conductas distintas a las de otras mujeres del ambiente social en Chihuahua.

En esos años, a principios de los ochentas, el feminismo era incipiente. Quienes hora son feministas conocidas no habían aparecido en nuestro sistema cultural. Luly Carrillo cursaba los últimos semestres en la escuela de Derecho; Irma Campos Madrigal era socia de su marido en un despacho de abogados; Estela Fernández trataba de conseguir empleo en el Colegio de Bachilleres; Flor María Vargas empezaba a trabajaren en el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos y Paty Ruiz, futura diputada rojinegra, terminaba sus estudios en la Escuela de Filosofía y Letras.

La escritora Luly Carrillo fundó en 1978 la revista Palabras sin arrugas que duró cinco años. En esa publicación se iniciaron varias autoras.

Cuando se publicó mi libro de cuentos El umbral, a quienes se les podía llamar feministas éramos nosotras, quienes integrábamos un grupo de escritoras como por Susana Avitia, Guadalupe Salas, Ana Belinda Ames Russek, Leticia Santiesteban, Sofía Casavantes, Adriana Ortega, Margarita Aguilar y yo misma. Tanto en nuestros relatos como en nuestros poemas aparecía ya, con toda su fuerza, la cosmovisión de mujeres cuya expresión artística y política surgió a mediados del siglo XX.

En esa época, en Chihuahua, la primera expresión artística de esa nueva esencia femenina se dio en la literatura con libros como El cuello  de Adán, Selenitas, Luminiscencias, Diez poemas proverbiales, La torre blanca, El milagrito, Un sueño compacto, Magdala, Cuerpo adentro, El umbral, y en las revistas Media hora de Leticia Santiesteban, Cuadernos del Norte con Micaela Solís de subdirectora, Chihuahua me vuelve loco subdirigida por Rosa María Hernández, Puente libre fundada  y dirigida por Rosario Sanmiguel, y la colección Flor de Arena coordinada por Eva Lucrecia Herrera, quien además publicó la antología Evas de un paraíso reencontrado.

El umbral  comprende catorce cuentos de diversos temas y dimensiones, circunstancia que despertó variados intereses, en particular el de un grupo de escritoras llamado Voces furiosas del que una de ellas, seducida por el libro, me hizo una memorable entrevista. En las historias “Los rostros de siempre”, “Lo intenté” y “En el atrio”, el personaje es la mujer abandonada, ya sea por rechazo sentimental, infidelidad o desprecio. Las historias “Sacrilegio” y “El collar” son dos en las que la mujer asume una actitud violenta.

En 1996 la editorial Onomatopeya de los Rafaeles Ávila y Cárdenas publicó Cuando el búho cante, mi segunda colección de cuentos. De nuevo mis amigas comentaron los dos relatos que forman el libro, de los cuales una amiga comentó: que las calles parecían túneles, pero nosotras caminábamos como si hubiera luz, frase que me pareció metáfora exacta de lo que ha sido la presencia histórica de la mujer en el mundo, quien después de siglos de una servidumbre ancestral y de una abnegación incondicional, se fue procurando un cambio que ahora, en os inicios del siglo XXI, muestra resultados sorprendentes de una revolución social lograda a través de muchas batallas feministas. Las mujeres hemos ido ganando nuestro lugar en la vida, respeto en la familia, hemos limpiado nuestra dignidad antes manchada por la sumisión y nos va quedando replandeciente y nítida. En estos años muy pocos hombres se atreverían a gritarnos piropos groseros; las empleadas en oficinas y fábricas caminan por espacios laborales con la misma entereza  y seguridad de cualquier trabajador; en universidades y colegios, jovencitas discuten al tú por tú con sus compañeros sin que su conducta femenina señale, como antes, alguna ficticia inferioridad intelectual.

Las ideas y la dinámica social de esta nueva presencia femenina se han expresado con libertad en mis libros y también en los de las escritoras chihuahuenses.

En mayo de 1996, Margarita Muñoz, Héctor Sánchez  Villalobos y Lilly Blake organizaron el Primer Encuentro Estatal de Mujeres Poetas en el marco del Tercer Festival de las Tres Culturas en ciudad Cuauhtémoc. A ese encuentro asistieron 123 escritoras procedentes de 17 municipios de Chihuahua. Las organizadoras Margarita y Lilly, con el apoyo de Héctor Sánchez Villalobos, hicieron gala de una organización eficiente: hospedaron a las asistentes en el hotel Tarahumara; el manejo del tiempo conforme a la agenda parecía medido con exactitud de relojes suizos, los servicios de apoyo a cada una de las participantes fueron oportunos y afectuosos. Este encuentro de escritoras resultó ejemplar y su memoria es el libro Químicamente puras publicado en 1997 por Onomatopeya editores, la simpática microempresa de los Rafaeles, ya mencionados anteriormente. Este libro constituye la segunda acta de la presencia de la mujer en la literatura de Chihuahua y es una joya de artesanía gráfica; en él aparecen dos textos míos  que me complace transcribir:



Delirio



         Quiero perder los pliegues de la noche

                            en un olvido absoluto del tiempo

                            sentir trepidar los deseos

                            y en medio de susurros y de silencio

                            dibujar el contorno de tu cuerpo

                            y detenerme al filo de los sueños

                            justo ahí, donde mi delirio empieza

                            la realidad parece fantasía

                            y es el orgasmo éxtasis sublime.





Palabras inútiles



                            Tengo el cuerpo y el pensamiento pesados,

                            llenos de palabras inútiles,

                            a fin de cuentas,

                            ya no estás.

                           

                            Me quedé inmóvil,

                            con los ojos vacíos de tu imagen,

                            escuchando el bisbiseo  de las losas,

                            el adiós intraducible

                            de unos pasos que se alejan.



En 1997 la Universidad Autónoma de Chihuahua me invitó a realizar la lectura de mis cuentos en el evento cultural Relatos  de Navidad. Uno de los profesores recordó que yo solía publicar en periódicos de la ciudad, crónicas y relatos alusivos a las festividades navideñas y de año nuevo, así como a las de carácter oficial y religioso. Para los lectores esa escritura mía se convirtió en tradición; conocidos y desconocidos me detenían en alguna plaza para preguntar por mis cuentos o para comentar algunos que habían leído.  Al año siguiente la misma universidad me invitó a presentar tres libros de literatura infantil de  la escritora Marcia de Vere Rangel.  Acepté complacida porque este tipo de trabajo suele ser un reconocimiento tácito a la literatura nuestra.



En 1991 me tocó ser maestra de ceremonias en otro acto cultural Lectura poética, parte esencial de la II Jornadas Fuentes Mares. Tres años después, en agosto de 2001, participé como presentadora del libro La manzana el fruto prohibido de Martha Chapa. El fue lugar en el Museo de Arte Contemporáneo Casa Redonda.

En el transcurso de encuentros literarios acepté también asistir al II Encuentro Internacional de mujeres en la literatura alzando la voz, invitada en persona  por Liza de Georgina, encuentro muy grato durante el cual saludé amigas que no había visto en años. Todas nos identificamos por un coqueto gafete que traía una guapa modelo desnuda con alas de ángel.

A lo largo de mi vida profesional como escritora he participado en uno que otro premio literario. Me satisface manifestar que en 2004, con mi trabajo testimonial La escuela de cartón gané el Premio de Testimonio que otorgan conjuntamente CONACULTA y el gobierno de Chihuahua, galardón  que recibí de manos del licenciado Fernando Rodríguez Serna.

Esta crónica feliz y breve es un relato de las peripecias divertidas y afanosas de una escritora chihuahuense en el siglo XXI.



Noviembre 2009

lunes, 23 de junio de 2014

familia 2011, chihuahua



Familias ya de este siglo, ciudad Chihuahua



Por Jesús Chávez Marín



A mediados del siglo pasado, las nuevas formas de producción económica cambiaron costumbres tradicionales de la sociedad de Chihuahua, una ciudad que a finales de los años setentas del siglo XX tenía apenas la mitad de la población actual y cuyas dimensiones eran solo una tercera parte de lo que es hoy su territorio urbanizado. Empresas norteamericanas y japonesas encontraron aquí un mercado laboral ventajoso: mano de obra barata y, sobre todo, el hecho notable de que la mayoría de las mujeres, al casarse, dedicaban su tiempo completo a las fatigosas tareas de su casa y a la crianza de los hijos, dejaban de participar en forma definitiva en lo que se le llama la planta productiva, y la economía familiar se sostenía solo con el salario del esposo, el padre de familia, quien se asumía muy cómodamente como el jefe.

Antes, las mujeres casadas que trabajaban fuera de su casa eran la excepción. Las solteras trabajaban como secretarias, sirvientas, enfermeras, empleadas bancarias, o como cajeras y vendedoras en tiendas de ropa, zapaterías, papelerías o perfumerías. Nada más las que trabajaban de maestras seguían trabajando después de casarse, por la facilidad de los horarios. En 1970 se abrió la primera “supertienda” en la ciudad, que fue Futurama, y al año siguiente La Soriana, con modelos europeos y norteamericanos de comercialización, de autoservicio, donde había “de todo para toda la familia en un solo lugar”. Estas tiendas abrieron un mercado laboral que antes no existía, en el que las mujeres tenían una preferencia notable a la hora de las contrataciones.

Todavía en ese tiempo, la señora era llamada “ama de casa”, nombre de su oficio en documentos públicos: ella sola se ocupaba de cocinar y servir almuerzo, comida y cena, lavar la ropa de todos, asear la casa, llevar y traer a los hijos a la escuela, ayudarlos en las tareas, asistir a las juntas escolares, cuidar la salud en las noches. Pero de la noche a la mañana, casi de forma masiva, la mayoría de las mujeres dejaron el hogar. A partir de la instalación de las maquiladoras, consiguieron su independencia económica y escaparon de la esclavitud doméstica de tiempo completo. La mayoría de ellas sigue realizando en doble jornada los quehaceres de su casa, pero ya no de manera exclusiva. Se fueron a estudiar en las preparatorias y en las universidades, a donde antes muy pocas asistían; llenaron las oficinas y fueron consiguiendo cada vez más puestos de dirección, ante el desconcierto profundo de los señores, compañeros de trabajo y subordinados. También llenaron los salones nocturnos y aumentó con ellas el consumo de licores y cigarros; la nueva libertad fue tan frenética, que la ciudad fue extendiendo los espacios públicos y también los discretos para nuevas costumbres de las parejas, en todas las orillas de la ciudad creció el número de moteles y hoteles de paso, los más caros y también los más baratos; se abrieron salones de baile donde caben hasta seismil parejas, más o menos permanentes, más o menos ocasionales, y otros lugares para hombres y mujeres donde toman cervezas al parejo.

La mayoría de los machos de antes, de todas las edades, se fueron resignando a perder sus tradicionales y muy antiguos privilegios y servicios que las mujeres sus hermanas, madres, esposas, amantes e hijas le ofrendaban de manera que parecía tan natural como respirar. Algunos incluso se adoptaron a la época de relativa igualdad con las mujeres y hasta consiguieron algunas ventajas en el talento femenino, en la amistad, el amor y la sexualidad con ellas en la reciente libertad, y juntos iniciaron alegremente una nueva educación sentimental. Pero otros, hasta hoy, no han podido soportarlo, sobre todo porque a la mayoría de ellos, desde recién nacidos, los educaron y los siguen educando para la supremacía del varón. Además un buen número de mujeres asumieron con exagerada agresividad su nueva condición social. Se volvieron tan abusivas como los machos más cimarrones. La violencia aumentó de manera insidiosa y terrible: golpizas hogareñas, suicidios en la más oscura madrugada, asesinatos sañudos y sangrientos.

En 1982, cuando las maquiladoras eran recientes en esta ciudad, un hombre desempleado, vecino de la colonia Santa Rosa, mató a cuchilladas a sus tres hijos y luego se suicidó con la misma arma, desesperado y loco de celos cuando le dijeron, mentira o verdad, que su mujer, quien trabajaba y para entonces era la proveedora de la casa, andaba de novia con un ingeniero de la planta. Un solo ejemplo, aunque especialmente trágico, de lo que en los años siguientes llegaría a ser vinagre cotidiano en la nota roja de los periódicos: drogadictos terminales, ancianos solitarios, niños que les prenden fuego a los gatos del barrio para vencer el tedio y el abandono.

Los divorcios se dispararon al tope, a tal grado que la ciudad de Chihuahua se registra entre las que tienen índices más altos en las estadísticas de la desdicha conyugal. El 99% de los procesos que se llevan en los juzgados civiles son de divorcios de toda índole, desde los voluntarios y casi amistosos hasta los pleitos más sórdidos, donde se ventilan historias erizadas de crueldad, humillación e insultos. Nuestra sociedad nueva incluye una multitud de madres solteras, quienes viven con toda naturalidad una nueva composición de familia, lo cual no resulta ya desventajoso para ellas de ninguna manera, tampoco para sus hijos, que en la mayoría de los casos se desarrollan con la misma dignidad y las mismas oportunidades que los hijos de familias tradicionales.

Esta sociedad tiene un rostro distinto en los inicios de este siglo, una nueva vitalidad y formas nuevas de existir y de entender el destino colectivo.

De toda esta confusión, surgió un fruto muy claro y justiciero: las mujeres conquistaron para siempre su libertad esencial de seres humanos: ya no existirán jamás los charros cantores que las traten como seres dependientes y conquistables, territorio para avasallar. Ya nadie se atreverá a subestimar el talento de las mujeres para cualquier trabajo, pues en casi todos los espacios laborales la mayoría de ellas han demostrado mayor dedicación y cuidado en la realización de las tareas cotidianas de la producción. Los jóvenes de hoy ya ven como parte de la naturaleza la igualdad de las mujeres en todos los espacios públicos y privados.

En cada casa hay también muchas formas de familia: los hogares formados por mujeres solas con sus hijos son ya tan numerosos como los de la antigua familia de papá, mamá y los hijitos que antes había sido única forma de legitimidad social, y funcionan con la calidez y el buen sentido que son parte del talento natural de las mujeres, quienes además tienen una extraordinaria generosidad para hacer felices a los demás, con la que edifican la serenidad y la seguridad de sus hijos.



Febrero 2011, publicado en Exprés.

lunes, 16 de junio de 2014

haití 2010



El éxodo, destino de Haití




Por Jesús Chávez Marín



En Chihuahua cada mañana aparecen estampas sangrientas en los periódicos del día desde hace dos años; la sangre se nos ha ido volviendo habitual y nuestro umbral de angustia se relaja. Eso no está bien, aunque parece inevitable. Pero las el torrente de fotos que a partir del martes 10 de febrero, el día del terremoto de Haití, hemos visto en televisión y en páginas de revistas y diarios, todavía nos estremecen.

El sino de ese pueblo ha sido la tragedia: esclavitud en tiempos de la Colonia, dictadores feroces que gobernaron como si el territorio nacional fuera su hacienda, cuatro ciclones en el siglo XX, la miseria extrema por culpa de la corrupción y ahora el terremoto que le acabó de dar el tiro de gracia a un país que ya estaba casi muerto.

¿Qué sigue? El gobierno del presidente René Préval ya prácticamente no existe; la ONU y Estados Unidos controlan ahora el país. Ese par de socios se repartirán los bienes que hayan quedado, como ya lo han hecho en otras partes del mundo desde el siglo pasado. Quienes hayan sobrevivido a esta tragedia entre los diez millones de habitantes de aquel país desventurado, este día tienen solo un sueño: irse de allí.

El terremoto destruyó la vivienda de tres millones de personas; doscientas cincuenta mil murieron y hay otros tantos heridos y mutilados; los demás viven el terror de enterrar a sus muertos, recoger los escasos bienes que les quedaron y luego largarse cuanto antes. ¿A dónde? A dónde en este mudo que se ha vuelto despiadado e indiferente.

Los veintiocho mil kilómetros de territorio de ese país, que ya antes del sismo era el más pobre entre los pobres, el más miserable de Latinoamérica, son ahora la viva imagen del infierno.

Las imágenes que ahora nos duelen en estas páginas de la revista Exprés, son testimonio gráfico de un pueblo roto: antes por la violencia y la corrupción, hoy por el lado más oscuro de la naturaleza, su crueldad telúrica e insondable.



Enero 2010

lunes, 9 de junio de 2014

maría de los santos aranda gutiérrez



En la Quinta Gameros


Se presentó el libro Gotitas, de María de los Santos Aranda Gutiérrez



Por Jesús Chávez Marín



El lunes 9 de diciembre fue presentado en la Quinta Gameros el libro Gotitas. Antología poética infantil, de María de los Santos Aranda Gutiérrez.

El libro lo publica la Universidad Autónoma de Chihuahua, a través de la Dirección de Extensión y Difusión Cultural, y es el número 41 de la Colección Flor de Arena.

Este libro es una reunión de poemas y de canciones infantiles que recrean aquel ambiente de frescura cuando aprendimos el placer de las palabras con la voz de nuestras madres en el refugio del hogar, y con las voces de nuestros primeros amigos, nuestras primeras amigas, en las rondas y los juegos al caer la tarde. Muchos de los textos nacieron en la sabiduría popular que la tradición va recreando de generación en generación; otros son de autores como Octavio Paz y José Martí; muchos son de maestros, quienes los escribieron en los días esplendorosos de su profesión, en medio de la algarabía de sus alumnos y los registraron en hojas sueltas, en folletos y en libros didácticos. Luego de un trabajo de investigación cuya destilación duró algunos años, la autora los compila hoy en un solo volumen. En su diseño se incluyen dibujos de Susana Ruelas Sifuentes, lo cual ofrece otra posibilidad de lectura: la de libro para colorear, que suele gustarle tanto a los niños.

La autora, María de los Santos Aranda Gutiérrez, nació en Carichic en 1949, estudió la Normal en el Colegio Excélsior, de Monterrey. Ha sido maestra de enseñanza primaria del sistema federal, la mayoría de ellos en el primer ciclo escolar, y asesora técnica de maestros de primero y segundo grados en el Plan Piloto Palem (para el aprendizaje de la lengua escrita y las matemáticas). También trabajó en el diseño de material didáctico en la Mesa Técnica Única de Investigación Educativa.

El libro fue presentado por Esmeralda Urueta Cruz, Susana Ruelas Sifuentes y Jesús Chávez  Marín.



Diciembre 2002