viernes, 4 de noviembre de 2016

Remigio Córdova


Remigio Córdova


Por Jesús Chávez Marín


La madrugada del 23 de septiembre de 1990 murió Remigio Córdova. Se lo llevó uno de los arroyos enloquecidos por las terribles lluvias de la semana pasada, mientras rescataba a sus vecinos. Logró salvar a varios niños y cuando ayudaba a una señora a salir de entre las aguas, una ola violenta los empujó a los dos. La señora logró salvarse, pero el noble Remigio Córdova fue arrancado de entre nosotros.

La vida de Remigio Córdova fue la de un hombre valiente. Su muerte fue la de un hombre sin miedo. Había muchas vidas en su mente y en su corazón de artista.

Fue dramaturgo importante en los años setenta y ahí están sus textos de teatro escritos en medio de aquel esplendor artístico y político que no ha vuelto a darse en esta ciudad. Entre los fotógrafos, fue Remigio uno de los pioneros y de los mejores en una generación que aquí fundó una dignidad artística para la cámara fotográfica. Fue poeta cuyos textos permanecieron cercanos a su biografía de aventurero.

Pero más que todo eso, Remigio fue un artista de la vida. Sus amigos lo quisieron porque tenía la sangre liviana, la de un ángel.

En su sepelio, sus amigos, su bella hija, su hijo Remigio, sus hermanos, su mujer Xóchitl Villegas y su padre lloraban inconsolables. Una poeta amiga suya, Micaela Solís, mandó una corona florida donde iban escritos estos versos:

Adiós capitán del castillo submarino
hacedor de tormentas
navegante de los cuatro costados de la noche

A Remigio le sobreviven poemas, piezas de teatro, sus fotos y sus hijos. Remigio se fue cabalgando las aguas: él era el río.