miércoles, 5 de agosto de 2026

Estancamiento

 

Estancamiento

 

Por JChM

 

Durante media hora esperé en la estación urbana del autobús a que pasara alguno al que pudiera subir; todos llegaban repletos, la gente amontonada como bultos, la mayoría muy feos, en las dos puertas desparramando humanidad en el pleno calorón de las tres de la tarde.

En una nota del periódico de la mañana decía que habían retirado 60 camiones de circulación, se quedaron estacionados en la terminal Sur porque no tenían ni gota de diesel; y que unos jóvenes durante la noche anterior habían armado una protesta por el pésimo servicio. La manifestación había consistido en apedrear a los automóviles que pasaban.

Agotada mi paciencia, decidí que me subiría en el próximo, aunque viniera lleno. Así lo hice, me abrí lugar tratando de ser lo más considerado posible, entre los cuerpos que se amontonaban a la entrada del camión; y allí venía yo, sosteniéndome precariamente de una barra en el techo y tratando de evitar el contacto con los que vinieran vestidos con ropa sucia o ya de plano con la mugre en el rostro, que por fortuna no son la mayoría.

Pero todavía se puso peor.

En la estación de enseguida, cuando por ninguna de las dos puertas cabía ya ni un alma que pudiera subir, avanzó un joven muy necio y con cara de pocos amigos que tripulaba con fiereza su silla de ruedas. No le importaba que las ruedas atropellaran pies, botas y zapatillas, él avanzaba por su propio campo de guerra en su máquina agresiva, gritando entre dientes “para eso les pago mis impuestos”, hasta que se frenó en mi zapato.

Me dijo:

Oiga, don, hágase a un lado.

Me quedé callado para no contestarle como se lo merecía, pero no me moví ni un centímetro, sobre todo porque no había centímetro libre a donde pudiera moverme. Pero como insistió, le respondí:

Y a dónde quiere que me mueva, y por favor no me vuelva a atropellar.

Su pequeño poder de lisiado quedó en suspenso, esperaba que la gente que lo rodeaba reaccionaría con toda corrección política y lo defendiera, pero no. El joven era indefendible, con su altanera bravuconería.

Además, todos veníamos hartos de ser un batuque de cabezas en pleno verano.

martes, 4 de agosto de 2026

Navegaciones de don Meme


 

Navegaciones de don Meme

 

Por JChM

 

El monólogo interior de don Meme presenta irregularidades: Qué peliagudo es esto, el tiempo vuela como no tenga usted una idea; hace apenas unos días estaba yo aquí mismo apuntando mis notas para el debate. Primero hice un montoncito de tarjetas para la presentación, otro montoncito para la réplica y luego para la contra réplica, pero tengo la dificultad de que no se me ocurre nada.

Ah qué muchachos estos, se alcanzaron la puntada de meterme de candidato de su Partido para presidente municipal, ya me imagino. Ese partido ni lo conocía, ha de ser nuevo.

Caray, ando medio distraído, en vez de apuntar ando ahi pensando puras tarugadas. Tengo que echarles un pial a los otros candidatos para ver qué se traen entre manos, y de una vez que sepan: donde esta víbora pica no hay remedio en la botica, mira mira, ya me puse bravo según esto, no vaya siendo, pero sí, más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Aunque viejo, viejo, lo que se dice viejo, pues no tanto, ¿verdad? Pero a veces me falla, como el otro día cuando me entrevistó un periodista: Oiga don Meme, y usted qué opina de la situación ecológica del municipio. Sin querer le dije: pos no le sabría decir, oiga. Y así lo echó en el periódico el muy canijo, ni modo, así son las lides políticas, luego luego me sacaron una foto con letreros de las que ponen y luego dizque salen en todos los celulares del mundo, no vaya siendo; mis nietos ya me traían de un ala, muertos de risa los muy carajos, pero con mucho cariño con su abuelito, eso sí, ah qué muchachos estos.

Y luego don Meme oye algo. No sabe si son Las Voces o tal vez era este amigo, el chofer del Partido, cuando le dijo: Señor, ya nos tenemos que ir al Centro de Convenciones, ya mero es hora del debate y nos dijeron que tenemos que estar 15 minutos antes para el maquillaje y todo eso. Ándele pues, ya estoy listo, total, en los cuatro minutos de la primera ronda como quiera les cuento alguna charra y luego el mensaje de que ya ni la friegan, cómo se han vuelto astutos y antidemocráticos y ahi tienen bien amolado al pueblo, cómo son.

lunes, 3 de agosto de 2026

Teléfono para quitarme el tiempo


Teléfono para quitarme el tiempo

 

Por JChM

 

El 15 de junio, a las 9:49 de la noche me llegó un mensaje; no lo quise abrir porque ya había cerrado la oficina, o sea: había apagado la Toshiba. Cometí el error de echarle un vistazo en el celular; me pareció que era una de las escasas posibilidades que llegan de negocios.

Detuve muy a tiempo el reflejo de pensar en qué me iría a gastar el dinero del anticipo. Nada de echar a andar la esperanza, ya me había dado muchos topes con la irrealidad, como para darle vuelo. Solo pongo aquí el texto de la conversación para documentar una vez más el pesimismo burlón de mi amigo Rubén Rey.

Siempre procuro hacerlo desde que pusimos juntos una empresa de escritor fantasma que se llamaba RexLit, la cual en su efímera existencia no consiguió captar un solo cliente, a pesar de que sacamos en Mercadolibre.com un anuncio que decía: "Ofrecemos servicios editoriales y corrección de textos".

Hace ya mucho tiempo de eso; Rey se fue a trabajar primero como editor de lujo de una revista digital y luego como redactor de frases publicitarias en una empresa autista.

Yo sigo aquí. Muy de vez en cuando me cae alguna liebre, y por un momento pensé que me llegaba algo. Aquí va la conversación escrita en messenger:

Ella: Chávez, buenas noches. Me han comentado que usted hace trabajo de edición. Tengo un libro de relatos terminado y me interesa contratar sus servicios como editor.
―Sí hago edición. A sus órdenes.
Ella: Pues usted dígame. ¿Debo viajar a Chihuahua?, entregarle el material impreso o en Word, sus honorarios, etcétera.
―Dos posibilidades:
1. Me trae su libro impreso.
2. O me lo manda por correo electrónico.
Lo leo, y le mando un presupuesto.
Ella: Se lo envío en Word ahora mismo, me resulta más rápido.
(Le puse entonces mi e mail).
Ella: Gracias, en estos días.
―Ok.

Ya se fue junio, ahi va julio como flecha, y nada. Según esto, el libro de relatos ya lo había terminado. Primero dijo que lo enviaba en Word "ahora mismo". Luego que "en estos días", que significa “nunca”. En fin, el oficio editorial tiene tratos de negocios tan nebulosos como los de cualquier industria de la fantasía. 

sábado, 1 de agosto de 2026

Palemón

 

Palemón

 

Por JChM

 

Empedernida su mente, macerada en alcohol, salió de la cantina y manejó su viejo camión materialista por la carretera de Ávalos. Palemón no tenía casa, ni familia, ni el menor asomo de amor propio; a los cincuenta y cinco años vivía con su mamá, pero no le ayudaba con los gastos, al contrario, era una carga económica para la pobre anciana, quien sin embargo lo protegía como a un niño viejo, como a una criatura sin alma.

Palemón vio venir el carro de frente, pero se iba quedando dormido por la borrachera y la desvelada crónica de insomnio. Entre vapores de sueño pensó, absurdamente, ahorita se desvía, se quita de mi camino, pero él venía circulando por el carril contrario de la carretera, fue inevitable el choque de frente.

El carro Datsun quedó hecho un montón de láminas y fierro como si fuera papel estrujado, el joven que venía dentro salió sangrando, con las piernas rotas. Palemón lo miró sin el menor asomo de pena ni de culpa ni de compasión, lo único que le preocupaba era echar a andar el motor de su troca para irse de allí.

Después de intentarlo con ansias, logró prenderlo, dio reversa para librar el obstáculo del carro destrozado y el hombre herido, que ya no se movía, y se fue muy apurado por escapar de la responsabilidad, tal como lo ha hecho toda su vida.

Yo dudé entre auxiliar al muchacho o perseguir al culpable y me decidí por esto último cuando vi que llegaban otras personas. Lo alcancé más adelante, cuando su troca se detuvo, porque iba fallando; por suerte pasaba por allí una patrulla de tránsito, a la que le hice señas. Fue de esa manera como Palemón fue a dar a la cárcel, no por homicidio gracias a un milagro y a los reflejos ágiles de aquel joven, pero sí por lesiones muy graves que requirieron cirugías y varios meses de cuidados. En la cárcel esperaba todas las tardes a su madre, quien le llevaba alimentos y le prometía que muy pronto lo sacaría de allí. Jamás preguntó por el accidente ni por nada más que no fuera su satisfacción inmediata.

viernes, 31 de julio de 2026

Peso muerto

 

Peso muerto

Por JChM

 

Adela es abogada, le va bien y además es bonita. Nadie se explica cómo le había aguantado tanto al marido, que también es abogado, aunque trabaja de burócrata y gana poco; él es feo, pero se siente un Adonis y la hizo ver su suerte.

Después de otras varias, esa vez traía una amante joven y andaba voladísimo. Logró colarse en un curso que daban con gastos pagados en Mazatlán y consiguió que la muchacha también fuera invitada. Adela se quedó con los dos hijos las vacaciones de verano, aguantando el calorón y el aburrimiento, sacrificándose para que aquel se capacitara en el mar. En las noches le hablaba él desde Mazatlán para saludarla muy cariñoso y ver cómo andaba todo.

Pero como ella ganaba buen dinero, cambió los planes. Decidió ir a Mazatlán a reunirse con él, y así andar todos juntos en la playa en las horas libres del curso. Llamó a la oficina, el personal de guardia le dio los datos del hotel y del colegio. Pero le dijo que la convención no era en Mazatlán, sino en la ciudad de México.

Como ya había comprado para ella y para sus dos hijos el paquete de viaje a Mazatlán, para allá se fue. No sabía si enojada o triste, pero sí con la certeza de que estaba por quitarse un peso de encima.

miércoles, 29 de julio de 2026

El hogar

 

El hogar

Por JChM

 

Ya no sé si contar estas cosas porque mis camaradas de antes dicen que son viles chismes de la decadencia de la clase media, pero ahi va.

Luego de que su mujer se fue a Estados Unidos con todo y sus cuatro hijos, y le dejó una demanda de divorcio invencible, Edgar luchó cuatro años para recuperarlos, por las buenas y por las malas; llegó al extremo de secuestrar a dos de los niños y tenerlos encerrados en la casa familiar, ya tenebrosa y vacía. Por supuesto que la señora lo metió al bote varios meses; allí tras las rejas tuvo que poner en la sentencia de divorcio la firma que tozudamente se había negado a obsequiar.

Durante esos años y otros más, Edgar tuvo tres novias, una de ellas hasta vivió en su casa. Pero luego de meses tronaba. Decía que no le llenaban el ojo, el alma, no sé. Y menos él a ellas, porque seguía siendo necio e impositivo, el truene conyugal no le enseñó nada.

Para remediar su indigencia amorosa, acudió al Internet, se inscribió en varios servicios buscadores de parejas y conoció a una multitud de mujeres cuyas fotos eran espectaculares y estaban más que dispuestas a casarse con él ipso facto. Y así se la ha pasado los años recientes, chateando con las mujeres de su vida virtual.

Algunas tardes le sucede que una tristeza tenue y muy terca le irrita los ojos.

martes, 28 de julio de 2026

Los actos de una madre enemiga

 

Los actos de una madre enemiga

 

Por Araceli Loya y JChM

 

Claudeth mira en la televisión a su madre en el canal 44; anoche fue detenida por secuestro y hoy es presentada por el ministerio público ante los medios; sale vestida de hombre y trata de ocultar el rostro con una cachucha beisbolera que le cubre la melena. Es la madre y también la enemiga desde siempre, desde el más antiguo recuerdo.

Cuando Claudeth tenía 10 años, fue violada por el esposo de su madre; en vez de protegerla y denunciar al padrastro perverso, la mujer la regañó mucho, la llevó con un brujo para que la curara del susto y luego la mandó a ciudad Juárez, para poner distancia. La dejó encargada con un tío y su esposa, donde la niña empezó a vivir un poco mejor que en Roswell, pues su tía le fue tomando cariño y la cuidaba. Pero un año después regresó por ella, para llevársela de nuevo, no sin advertirle que no se le volviera a insinuar a su esposo, como si la inocente criatura hubiera sido la provocadora de aquel ataque brutal.

La niña vivía angustiada, y aunque era buena estudiante, su conducta era muy tensa y tuvo dificultades en el trato con los compañeros; la psicóloga de la escuela le hizo entrevistas, el trauma de la violación salió a flote. La madre fue citada por las autoridades escolares; hizo mil promesas de enmienda, pero no aceptó la sugerencia de denunciar la violación. Al contrario, enfurecida se llevó de nuevo a Claudeth a ciudad Juárez, pero esta vez no la encargó con el hermano, sino que la encerró en una casa vieja que tenía en la colonia La Chaveña, ahora sí de plano abandonada a su suerte.

A los pocos días, Claudeth logró escapar y anduvo por las calles buscando comida y tratando de ganarse la vida como Dios le dio a entender. En las tardes regresaba al barrio y entraba de nuevo a la casa por donde se había escapado, la ventana del baño. Una de esas tardes una vecina suya la miró llorando sentada en la banqueta y se acercó. Casandra era muy hermosa, y solo dos años mayor; con el permiso de su madre la llevó a vivir a su casa y se hicieron amigas.

Casandra frecuentaba todas las noches el Giberts, un bar muy animado donde pasaba de todo. Al poco tiempo empezó a invitar a su nueva amiga, quien a pesar de sus pocos años resultó espectacular; el dueño del bar se encaprichó con Claudeth y ya no le permitió ganar su dinerito, la quería en exclusiva. Era un norteamericano que prácticamente la tuvo secuestrada varios años hasta que el bar quebró y pudo escapar de nuevo. En su libertad conoció a un hombre bueno, quedó embarazada y tuvieron una hija. Vivían felices hasta que a la madre de ella se le ocurrió la idea de exigir en el DIF la custodia de la niña, alegando la vida desordenada de la pareja, nada más para perjudicarla.

Claudeth vivió un nuevo calvario para recuperar a su niña, quien ahora vivía en Roswell con su abuela desalmada; pasaron años para recuperarla y devolverla a ciudad Juárez con ella, pues luego del juicio civil le otorgaron la custodia plena. Pero la madre era aferrada. Aprovechó un viaje de la hija a Mazatlán y secuestró a la nieta, sin avisarle a nadie.

En toda Ciudad Juárez circularon volantes y carteles de la niña perdida, a Claudeth la entrevistaban en los periódicos y en programas de televisión y radio, hasta que la policía ubicó a la hija en Estados Unidos, donde la tenía escondida la malvada señora. La misma que ahora su hija mira en la televisión con lágrimas en los ojos. Apenas puede creer que esa mujer tan retorcida sea su madre, quien la trajo al mundo y le ha hecho más perjuicios que esta ciudad, a veces tan tenebrosa y violenta donde ahora vive.