Teléfono para quitarme el tiempo
Por JChM
Detuve muy a
tiempo el reflejo de pensar en qué me iría a gastar el dinero del anticipo.
Nada de echar a andar la esperanza, ya me había dado muchos topes con la
irrealidad, como para darle vuelo. Solo pongo aquí
el texto de la conversación para documentar una vez más el pesimismo burlón de
mi amigo Rubén Rey.
Siempre procuro hacerlo desde que pusimos
juntos una empresa de escritor fantasma que se llamaba RexLit, la cual en su
efímera existencia no consiguió captar un solo cliente, a pesar de que sacamos
en Mercadolibre.com un anuncio que decía: "Ofrecemos servicios editoriales
y corrección de textos".
Hace ya mucho tiempo de eso; Rey se fue a
trabajar primero como editor de lujo de una revista digital y luego como
redactor de frases publicitarias en una empresa autista.
Yo sigo aquí. Muy de vez en cuando me cae
alguna liebre, y por un momento pensé que me llegaba algo. Aquí va la
conversación escrita en messenger:
Ella: Chávez, buenas noches. Me han comentado
que usted hace trabajo de edición. Tengo un libro de relatos terminado y me
interesa contratar sus servicios como editor.
―Sí hago edición. A sus órdenes.
Ella: Pues usted dígame. ¿Debo viajar a Chihuahua?,
entregarle el material impreso o en Word, sus honorarios, etcétera.
―Dos posibilidades:
1. Me trae su libro impreso.
2. O me lo manda por correo electrónico.
Lo leo, y le mando un presupuesto.
Ella: Se lo envío en Word ahora mismo, me resulta
más rápido.
(Le puse entonces mi e mail).
Ella: Gracias, en estos días.
―Ok.
Ya se fue junio, ahi va julio como flecha, y nada. Según esto, el libro de relatos ya lo había terminado. Primero dijo que lo enviaba en Word "ahora mismo". Luego que "en estos días", que significa “nunca”. En fin, el oficio editorial tiene tratos de negocios tan nebulosos como los de cualquier industria de la fantasía.






