domingo, 1 de noviembre de 2026

Laurel como tu nombre

 

Laurel como tu nombre

 

Por JChM

 

Laurel como tu nombre, siempre me ha encantado que te llames así, Laurel Castellanos, aunque al principio batallé para llamarte con esa palabra tan bonita; me sonaba un poquito masculina, quizá por los resabios de mi machismo siglo veinte que no he logrado abatir del todo. Te decía mi cielo, chiquita, mi vida y otras expresiones aprendidas en las novelas de Corín Tellado, una de mis autoras favoritas (pero en discreto, porque no queda bien al canon reconocerlo, Dios me libre).

A pesar de todo eso, muy pronto la palabra Laurel de tu nombre ya era tan hermosa como cada uno de los elementos de tu cuerpo, tu voz, tu pelo, los relatos, la cintura, tu risa, los batiks, tus hombros, todo, porque cada día conforme te iba conociendo te fui queriendo más y más, hasta la fecha.

Todo lo demás es historia, la nuestra en el tiempo de los demás, de todos: nacieron los hijos, pasaron los años, fuimos felices, llegaron los problemas, los resolvimos juntos, nunca nos peleamos, pero a los 23 de casados llegó la separación; unos meses de pleitos y luego la amistad serena: nacieron los nietos y aquí seguimos. Aún y para siempre seguiré amando la palabra Laurel y todo lo que significa.

sábado, 31 de octubre de 2026

Altercado

 

Altercado

 

Por JChM

 

El Gordo quiso disculparse con Lalita:

―No tengo palabras.

Ella le contestó:

―Lo que pasa es que no tienes palabra, Gordo, eres un mentiroso, poco hombre, cobarde, maldito miserable. Culero.

Ella sí tenía.

viernes, 30 de octubre de 2026

Transistores

 

Transistores

 

Por JChM

 

Pues aquí ando otra vez en las Segundas de la Niños Héroes; dice Nina Violeta que me gusta venir a estos lugares de paseo porque es mi parque y mi zona arqueológica, jajaja, esta muchachita me vacila cada rato, se le ocurre cada cosa.

No, lo que pasa es que se me descompuso mi radio de transistores y vine a buscar una bobina y una resistencia, pero he batallado mucho; aquí ya nadie sabe lo que es un radio de transistores, me miran de reojo pensando que soy un emisario del pasado, como les decía el licenciado Echeverría a sus adversarios.

Por más que procuro, no encuentro esas dos piezas: Ya fui a las segundas de los jueves de la Colonia Industrial, a las de los domingos en San Jorge, y ni pizca de refacciones. Me aconseja mi nieta que vaya a Juárez, que allá sí las voy a encontrar porque hay un chorro de cosas del Army; pero no sé si me está cotorreando, porque es muy mula mi nieta. Salió al papá.

martes, 27 de octubre de 2026

Los Masculáis

 

Los Masculáis

 

Por JChM

 

Allá por los años ochenta del siglo pasado, el escritor Manuel López Chacón descubrió la antropología y se lanzó a la sierra para realizar profundas investigaciones. Un mes después sacó a plana entera en El Heraldo de Chihuahua una crónica morrocotuda donde revelaba con ampulosas descripciones, no por disparatadas menos verdaderas, el hallazgo de una civilización hasta entonces olvidada por la historia y por la prehistoria: el pueblo de Los Masculáis. Durante los meses siguientes, cada domingo, abundaba en datos nuevos acerca de aquella cultura que había preservado saberes ancestrales: desde cómo se peinaban hasta algunos oscuros secretos de la cacería; los deberes de los padres para con los hijos pequeños; la manera de irse a morir ya muy viejitos al valle del olvido para en ningún momento dar lata en este mundo al llegar el tiempo de la extrema senilidad. Y así el ingeniero López Chacón siguió saque y saque reportes de Los Masculáis.

Al principio tenía un montón de lectores, pero poco a poco se fueron aburriendo y al pasar de los meses ya casi nadie lo leía. Un detalle raro es que no había fotos de nada, el autor decía que Los Masculáis no permitían ni fotógrafos ni dibujantes en sus vastos terrenos. Como para entonces ya teníamos severas sospechas de que todo aquello era una chifladura de Manuel, Nacho Guerrero y Enrique Servín publicaron en aquel mismo periódico una foto que al pie decía: Auténtico Masculáis hallado en el puesto de Don Pit, comiéndose un burrito de rojo.

Resulta que Servín se disfrazó con unas flechas, unas plumas y un hacha de piedra y Nacho le tomó una de sus impecables estampas. Esa publicación tuvo la peculiaridad de ponerle punto final al cuento de Los Masculáis, pues desde entonces ya nadie volvió a escribir del tema, ni siquiera su voluntarioso descubridor.

lunes, 26 de octubre de 2026

Accord

 

Accord

 

Por JChM

 

Al Messenger llegó este mensaje:

Soy July Arrieta; una amiga que es escritora me dijo que usted se dedica a la edición. Acabo de terminar una novela y me gustaría que me ayudara.

Puse una respuesta de rutina:

Estoy a sus órdenes, mándeme por favor su texto en archivo de Word o en PDF.

A los cinco minutos otro texto de ella:

Está bien, pero me gustaría conocerlo en persona, ¿qué le parece si nos vemos mañana a las cinco en el Néctar Café?

Acepté, luego de solicitar que me depositara quinientos pesos por la entrevista.

Con todo gusto ―escribió―, deme los datos de su tarjeta.

Al día siguiente llegué puntual; en una mesa vi a una mujer muy guapa que leía una novela de Milan Kundera; era ella, me acerqué sin dudarlo.

―Buenas tardes, maestro ―me dijo con afecto discreto.

―Buenas tardes, señorita, me da gusto conocerla. Pero no me maestree, los editores no somos maestros de nada, solo cuidadores de textos ajenos. Mejor dígame Chávez.

En fin, mi perorata sirvió para entrar en confianza con quien quizá me confiaría su novela, ese tipo de textos que suelen revelar más la intimidad de alguien que una biografía explícita.

La joven escritora era muy agradable y concentrada, una mística de la literatura. En su novela se cuenta la historia de una mujer que decidió darle con toda calma la vuelta al mundo en su automóvil Accord. Había heredado de su abuelo paterno una gran fortuna y, al terminar la licenciatura en Historia del Arte, decidió que su vida sería la de una viajera, una nómada acaudalada.

En esa primera reunión en el Café recibí el original terminado: un cartapacio que contenía setecientas cuartillas.

July Arrieta y yo hemos trabajado juntos durante seis meses y ya casi terminamos la edición. Ya tenemos listo su texto para mandarlo a un concurso o para buscar editorial. Quedaron 480 cuartillas de magnífica escritura.

domingo, 25 de octubre de 2026

Dos almas



Dos almas

 

Por JChM

 

Con el alma en un hilo llegó Tomasita al hospital a donde llevaron a su hijo Gonzalo después del accidente; eran las cuatro y media de la madrugada cuando timbró el celular y le avisaron. Una troca negra que venía a muy alta velocidad por la Avenida Cantera había arrollado a los tres muchachos en el pequeño Honda de Rodrigo; el conductor se dio a la fuga. Rodrigo era amigo de Gonzalo, lo habían sido desde la primaria y fueron como hermanos. Rodrigo murió al instante, igual que el otro joven que venía con ellos; Gonzalo luchaba entre la vida y la muerte en el quirófano. Con angustia delirante la madre caminaba por los pasillos y por la sala de espera rezando, llorando inconsolable. Dos horas después le informaron que el muchacho había muerto, que si deseaba pasar a despedirse de él antes que lo llevaran a la morgue para la autopsia de ley. Tomasita entró a la habitación donde yacía su hijo, se abrazó a su cuerpo, imploró que su propia muerte le fuera concedida, pues no imaginaba cómo podría seguir viviendo sin su único hijo. Un aneurisma misericordioso llegó, luego de una punzada del más fiero dolor que imaginarse pudiera; duró la eternidad de medio minuto de sacrificio.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Cervecería


 

Cervecería

 

Por JChM

 

La borrachera es canija y más el que la aguante (en terceras personas). Eso pensé ayer en la tarde cuando me puse a borrar e mailes viejos: me topé con uno de julio de 1992, de mi cuñado Xicoténcatl González. Era una disculpa que más bien parecía reclamo. A la letra decía:

Cuñado: La presente es con el fin de disculparme con usted y, por su conducto, también con los que estaban el viernes en la casa de Adelita Valentina, a donde por cierto no me invitaron, qué gachos. Me enteré por Elías Holguín, quien pasó por mí para que lo acompañara.

Dijo que tampoco lo habían invitado a él, pero como es muy entabacado tenía pensado ir de todas maneras.

Pasamos por Piñón y luego fuimos a comprar tres cartones de cervezas Negra Modelo, uno para cada uno, jejeje, no te creas, y nos enfilamos rumbo a los panteones, al barrio donde vive Adelita.

Cuando llegamos nos hicieron mala cara. Algunos ni nos saludaron y eso que según esto son la crema y nata de la educación; ni siquiera nos dieron las gracias cuando bajamos uno de los cartones, pero sí empezaron a destapar botellas porque en la mesa de centro de la sala nomás había una triste botella de vino ya muy disminuida.

Tratamos de abrir plática desplegando nuestra mexicana alegría, pero no nos pelaban. Adelita Valentina fruncía la boca muy recio; Salcido se puso a platicar en corto con Ana Belinda como si los demás no existiéramos; Jaramillo fingía leer un libro de Fábulas de La Fontaine; Rosy trataba con amabilidad de salvarnos de la helada indiferencia de sus congéneres, sin conseguirlo.

Lupe Salas le dijo a Jaramillo en secreto, pero asegurándose que la escucháramos todos: lo que pasa es que a Xicoténcatl le falta mucha clase.

Yo traté de hacerme el occiso como si no la hubiera oído, pero Elías gritó a voz en cuello: Los que no tienen ni poquita clase son ustedes, atajo de frustrados que se sienten exquisitos. Se tragan nuestra cerveza y ni nos dirigen la palabra. Y luego nos ordenó: Piñón, González, larguémonos de esta pocilga.

Nos fuimos de allí, haciéndonos los muy dignos, y nos dirigimos a La Cervecería, a comernos unos tacos de barbacoa en el tercer piso de un edificio muy raro que está en medio. Elías muerto de risa nos atemperó con la frase que siempre pronunciaba para toda ocasión: ¡La fiesta sigue!