domingo, 18 de julio de 2010

novelas tristes y canciones cursis


En mayo de 2009 murió Mario Benedetti

Por Jesús Chávez Marín

A finales de los años setentas aparecieron en la editorial Siglo XXI, en pequeños tomos, varios libros de Mario Benedetti que tuvieron una gran distribución. Lo pusieron de moda. Sus libros de cuentos eran una mezcla de dramatismo político y amor libre y “tierno”, gente joven que era torturada en oscuras mazmorras por militares bien maniáticos; mujeres que luchaban hombro con hombro junto a sus amantes y todavía se daban tiempo para consolarlos con palabras maternales y cariño verdad.

Se asomaba en esas páginas la realidad atroz de las dictaduras militares latinoamericanas que en los sesentas y setentas gobernaba grandes regiones, y de alguna manera se reflejaban también en las páginas idealistas y un tanto ingenuas de Benedetti los oscuros procedimientos policiacos que en México protagonizaban las Brigadas Blancas de Nassar Haro y otros por el estilo.

Mario Benedetti nació en Uruguay en 1920. En 1949 publicó Esta mañana, su primer libro de cuentos, y un año después su primera novela Quién de nosotros. Con su novela La tregua logró trascendencia internacional. Desde 1973, por razones políticas, vivió 12 años en el exilio en Argentina, Perú, Cuba y España.

Su vasta obra literaria abarca todos los géneros. Entre sus títulos destacan: en novela Gracias por el fuego y Primavera con una esquina rota; en ensayo El escritor latinoamericano y la revolución posible; en cuento Con o sin nostalgia y en poesía Poemas de la oficina. De sus 70 libros publicados, lo mejor es su novela El cumpleaños de Juan Ángel.

Una obra abundante e irregular, de donde seguramente la tradición literaria habrá de rescatar sus mejores páginas. Sin duda llegó a ser un escritor de fama y fortuna, de culto entre los cursis y los amantes de la propaganda política de izquierda. Un ejemplo de su trivialización masiva son correos electrónicos que reproducen sus poemas “con mensaje” y las canciones sentimentales que musicalizaron algunos de sus versos, como aquella insoportable de “si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos”.

Su biógrafo Mario Paoletti, al comentar la obra de otro autor, expresa con claridad la característica esencial de la obra de Benedetti como poeta menor: “En la plaza San Martín se le reveló (a M. B.) la poesía bajo la forma de un tomito de Austral, la Antología de Baldomero, uno de esos grandes poetas menores que existen en todas las literaturas y cuya misión consiste, de tiempo en tiempo, en devolverle a la poesía lo que tiene de oficio feliz. En aquella época dominada por las modas de la escritura críptica y hermética, verdaderos callejones sin salida, Mario acogerá entusiasmado este espejo que ofrece el poeta Baldomero”.

Oficio feliz, sin duda, fue para Mario Benedetti su escritura. Por eso escribió muchas páginas disfrutables de narrativa, aunque sus poemas siempre fueron edulcorados, sordos y sin la menor sabiduría, de un machismo iluso y casi ridículo: “porque la noche pasa y digo amor, porque eres linda desde el pie hasta el alma, pequeña y dulce, porque eres mía”.

En fin, cada quien es libre de elegir al escritor que le dé la gana para leerlo con gusto. Muchos eligieron a Benedetti y lo leyeron placer y con respeto. Algunos otros, tenemos qué agradecerle por haber sido, sin duda, un agradable autor para nuestra lejana juventud. Quizá muchos lo seguirán leyendo algunos años más hasta que se desvanezca en el olvido.

Sin embargo quedará el vigor y la buena prosa experimental de su excelente novela El cumpleaños de Juan Ángel, la cual sin duda resistirá con firmeza el corrosivo y polvoriento peso de los años que sepultan en una fosa común infinita a tantos y tantos escritores que como Benedetti estuvieron tan de moda por un tiempo.

La crítica moderna considera El cumpleaños de Juan Ángel (1971) como un texto poético narrativo de alta calidad; en este fragmento de esa novela escrita sin puntuación ni mayúsculas como se puso de moda escribir en los años setentas, podremos apreciar su encanto y dramatismo:

este viernes intacto se abre en una habitación a ciegas este veintiséis de agosto a las siete y cincuenta yo osvaldo puente empiezo por ser un niño de miedo enterizo y ojos cerrados y sobre todo de pies fríos que sueña cuestabajo con dos tucanes dos tucanes hermosos y balanceándose de esos que solo vienen en los almanaques seguiré algunas horas siendo niño ante todo una estricta composición de lugar no todas las mañanas se cumplen ocho agostos y ahora vendrá la madre o sea mamá con su sonrisa quieta sus delgados brazos color flamenco a decir a volar a romper el champán sobre el barco del año seguiré algunas horas pero los postigos están cerrados el día externo se limita a líneas perfectas verticales luminosas pequeñas concesiones que hace la sombra poco menos que vencida la oscuridad que ya no puede más la pobre quiere decir entonces que a esta altura tengo los ojos otra vez receptivos que el miedo compacto empieza a desfibrarse que los tucanes quedaron allá arriba y yo estoy aquí abajo con los pies fríos buen día dice la madre o sea mamá con su sonrisa quieta su color de flamenco y además cosa nueva con las piernas muy juntas y el largo cabello que se dobla en los hombros cuidado que me estoy despertando yo compatriota de ocho años comienzo a joderme desde infante a consolarme como si vivir mereciera consuelo sé que estoy lleno de parientes de primos segundos padres equidistantes grandes trinchantes y roperos y cómodas sillas con abuelos monopatines hermanita etcétera tengo en la mano un naipesueño no está mal pero sobre todo no está bien debo acostumbrarme de una vez por todas al vacío y así mismo a la desbordante plenitud cuidado mundo gente cosas cuidadito que me estoy despertando los hermosos tucanes se balancean aún pero en su inminente desequilibrio ya no me miran con su ojo lateral y admonitorio yo compatriota de ocho años traigo una serie completa de intenciones que incluyen las celestiales y las aviesas un estuche de intenciones que todavía no he abierto porque entiéndanme apenas tengo ocho años y eso significa caramelos de menta bocones de colores en maraña gaudeamus varios de dulce de leche y maestras de guardapolvo blanco de las que estoy condenado a enamorarme nada más para no defraudar a freud un baúl de propósitos que aún desconozco pero que están seguramente en mí como la pupila el bazo la vejiga justamente me estoy despertando y tengo tantas ganas de orinar como cualquier día que no sea mi cumpleaños hola digo con la voz de ayer corregida por el moho de hoy que los cumplas muy feliz dice mamá flamenco poniendo en la sonrisa toda su elegancia que no es mucha por qué será que el cariño se rodea de fosforescencias inútiles sin embargo hay que admitir que estos besos me hacen justicia tiernos y discontinuos besos con gusto a tanjarina en cierto modo me siento como un precoz profesional de la dicha


Mayo 2010.

sábado, 17 de julio de 2010

un cuento de alvarado

Rubén Alvarado (1959 – 2008)

Por Jesús Chávez Marín

El escritor Rubén Alvarado nació en Chihuahua el 14 de abril de 1959, estudió la carrera de lengua inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua y tomó varios cursos de inglés en el Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones Culturales. Publicó cuentos y relatos de cuidadosa escritura, en los géneros de literatura fantástica y de narrativa realista. Fue profesor de literatura e inglés en varias preparatorias, pero sobre todo un excelente maestro de técnicas narrativas y poéticas en el Taller Literario de Ciudad Delicias, donde fue coordinador durante los años noventas del siglo pasado.

Con la producción de los alumnos de ese taller, Alvarado publicó un libro colectivo titulado Signos de Cronos (Editorial Doble Hélice, 1997).

También había ejercido el oficio de periodista en El Norte de Chihuahua, donde coordinaba una sección diaria de una plana completa llamada “Armario de Cronos”. Publicaba con regularidad sus textos en la revista El cuento y en otras publicaciones literarias.

En 1994 apareció su único libro de cuentos, titulado Cosas de la mala suerte, publicado por la editorial Climent i boldó.

Rubén Alvarado murió el lunes 28 de julio de 2008, a causa de un accidente.

Agosto de 2008



La nota perfecta

Por Rubén Alvarado

Todo estaba arreglado, las deudas, los detalles y los compromisos estaban saldados. Más aún, la nota perfecta en la que reprochaba al mundo su abandono; sintaxis, puntuación, ideas completas y su lirismo tan propio. Después de revisar por enésima vez el texto, una sonrisa de autocomplacencia apareció en su rostro pálido, ya poblado por algunas arrugas y una barba que empezaba a adivinarse. Tomó la daga e hizo dos incisiones en sus muñecas, el dolor frío fue soportable, pero el fin tardaba en llegar. Se pensó samurai temerario, luego para apresurar su viaje sin retorno, hundió la daga en su pecho, ya no había dolor, todo empezaba a oscurecer; su cuerpo ya sin vida cayó sobre la hoja llenando de líquido púrpura el texto perfecto, haciendo por consecuencia que su gran secreto, plasmado en palabras, se fuera con él.

28 junio 1995, publicado en Aura Editorial.

viernes, 16 de julio de 2010

rubén alvarado


Relatos de un poeta lleno de risa cuyo nombre es Rubén Alvarado. Presentación del libro Cosas de la mala suerte

Por Jesús Chávez Marín

La celebración que esta noche de mayo nos reúne pertenece a la índole de fiestas que mayor felicidad causa a los literatos: la presentación de un libro nuevo, escrito por uno de nosotros.

Rubén Alvarado nos convoca hoy con duplicada suerte: en primer lugar, no es común platicar con este poeta extraño y solitario cuya sonrisa es inolvidable. Pocas veces aparece él en alguna calle, en alguna lectura pública de textos, en algún café del centro. Es discreto y habla poco. Se despide antes que pase media hora, porque vagos asuntos lo llaman a otra parte. Él se lleva consigo la máquina de escribir que trae en la pulsera de su reloj y lo acompaña siempre. Se esfuma literalmente como un fantasma elegante.

En segundo lugar, este libro que nos llega ahora desde una imprenta de la ciudad de Puebla, titulado Cosas de la mala suerte, llena nuestras manos de imágenes y sombras; pone en la boca palabras para contarnos con gentileza muchos asuntos que luego resultan ser de la propia vida. Alvarado es un maestro que tiene intuición certera. Nadie sabe cómo sacó de nuestra memoria más íntima historias que jamás nos atrevimos a contarle a nadie.

Por ejemplo estas dos que voy a leerles:

Ella era única, la mujer más bella que había visto. Los atributos creados en sus largas noches en vela se habían vertido en el hermoso cuerpo joven que pasaba junto a él.

Solo escapaba de aquel efímero encuentro, ella entraba a la iglesia acompañada por un lujoso hombre, mientras él guardaba su amor callado, en el fondo de la escarapelada taza de peltre.
(Página 55)

Esta es la segunda:

Él vive al lado. La vieja casa fue dividida hace muchos años. Desde entonces, o tal vez antes, se fue levantando entre los dos un muro inmenso que terminó por separarnos.

A la fecha nos vemos casi nunca. Él parece no envejecer, yo ya tengo el cabello entrecano. Aún le escucho mover lo que supongo son muebles; cavar en el patio hoyos interminables en donde posiblemente sepulta los treinta y tantos años que me lleva en delantera.

Él en la casa grande, yo en la de enseguida, nos hemos quedado solos, cada cual royendo su melancolía y soledad, cada uno tomando el café a solas.

Únicamente en las noches de aguaceros gustamos de charlar un poco. Es cuando lo veo a los ojos, cuando siento que estoy más viejo que él, cuando pienso que mi padre es de cantera.
(Página 25)

Hace veinte años descubrí que los textos que escriben los poetas son objetos tan concretos y útiles como todas las cosas que acompañan la existencia de los hombres y las mujeres. Me acordé recientemente de aquella revelación cuando leí este libro de Rubén Alvarado y cuando transcribí en mi cuaderno algunas de sus páginas.

Los textos viven entre nosotros como lámparas de nuestra casa, como copas en las que servimos amorosamente un poco de vino tinto en el lecho de la intimidad. Como automóviles, trigo, flores en el patio, plumas de tinta negra y punto mediano con que escribimos tremendas historias que ocurren por las mañanas. Los textos son objetos sonoros que nos acompañan, alimentan; dan frescura en verano y calor en invierno; son galas que nos visten, y semejantes a la loción con la que aromamos el cuerpo para ir a las citas.

Las palabras, los poemas están al alcance de las manos y de la memoria, viven en los libreros y en la silla del baño, en la cocina de la vivienda, si queremos tenerlos.

En estas páginas hay mucho material de sueños. Al reverso de las hojitas, en los calendarios del año 2000 habrá textos de Rubén Alvarado tomados de este libro. En las oficinas, algunas muchachas adornarán la cubierta de su escritorio con alguno de estos relatos, esas mujeres y uno que otro señor habrán de hacer la trascripción del libro y sacarán copias para regalarlas a sus amigas y a sus hermanas.

Y es que la precisión cuidadosa de estas maquinitas de lectura que escribe Alvarado tiene una mezcla de tonos muy seductora. Humor cariñoso y tenue, melancolía profunda y a veces completamente dolorosa; prosa cristalina, agua pura fluye y brilla en la hoja como en un río en su lecho de arena, en su ribera el perfume de las jarillas nos invita a respirar y a pensar y a escribir otras palabras que solo fueron sugeridas en el silencio de las interlineas por este autor, para quien los lectores formamos parte en la trama en sus relatos.

¿Quién es este hombre?, ¿cómo se le ocurren tantas historias?, ¿de dónde las saca?, ¿por qué se mantiene él pensando todo el santo día mientras camina, mientras es al mismo tiempo maestro de literatura o periodista, algunos años, estudiante de materias extrañas en la hermética vida?

Se la vive pensando y escribiendo. Nos observa detenidamente con sus grandes ojos que escudriñan aún más que nuestro propio espejo. Acaso en este mismo momento sus ojos y sus manos nos están transformando en personajes literarios y saldremos en las páginas siguientes que firme Rubén Alvarado. Como una sombra de ejemplo, aquí va otro texto suyo:

Mi abuelo decía que los poetas al morir se transforman en fantasmas. En risas ocultas que nadie ve. Se ignora de dónde aparecen y sin embargo no se les puede negar.

Los hombres temen debido a su naturaleza humana, no porque el fantasma quiera asustar, no. Ellos tienen otras ocupaciones, como hacer literatura; claro, son fantasmas y no se les puede censurar, porque ¿a quién censuraríamos?, ¿a dónde dirigiríamos nuestras palabras?
(Página 26)

Bueno. Además de cumplir su condición de fiesta de iniciación, las presentaciones de libros son también un digno acto de comercio. Por eso quiero decirles a ustedes que se lleven este libro, cómprenlo, léanlo, guárdenlo en la biblioteca de sus corazones. Aquí lo tienen, son Cosas de la mala suerte de Rubén Alvarado.

Mayo 1994.

jueves, 15 de julio de 2010

luz maría montes de oca


Nostro lit Grupo: Presentación La escuela de cartón, de Luz María Montes de Oca

Por Jesús Chávez Marín

El domingo antepasado andábamos Enrique Servín y yo en un baile de un ahijado suyo y le platicaba que este día, hoy, aparece el libro de nuestra colega Luz María. Le comentaba que lo más sorprendente del libro de Montes de Oca es que en su relato se va estampando una tesis de conciencia social enraizada en una actitud religiosa del sentido original del evangelio más que de la ideología sofocante de las iglesias, que en este siglo 21 ya son meras firmas corporativas.
Servín, a quien también le gustó el libro La escuela de cartón, de Luz María, se puso muy serio a pensar y me dijo: “en estos tiempos estas acciones altruistas como la que se cuenta en este libro vienen resultando más importantes que el montón de mentiras de los políticos, quienes solo prometen como el pan de cada día para vencer en el comercio de los votos”. Cierto. Hoy en día los políticos, quienes por lo regular tienen más dinero que un bandido, se la pasan prometiendo y muy seguido los echan en el periódico de plano contando mentiras: los del PRI llevan años diciendo que quieren defender el peso como unas perras y han defendido pura tiznada; el Marcos, quien por mal nombre según esto se llama Sebastián Guillén Vicente, salió diciendo que salvaría a los indios y los salvó pura tiznada, ái andan los pobres pidiendo limosna en las ciudades; el otro, el que anduvo ayer por estos rumbos, echó un discurso jacarandoso donde según esto ya merito llegaba la esperanza pero no se le ven trazas; el charrito de oro de los azulejos dijo que iba a meter al bote a todos los rateros y que nomás iba a dejar fuera a Raúl Salinas, a los banqueros del Fobaproa y al diamantino Fernández de Cevallos en la Punta Diamante.
Por otro lado, los escritores mexicanos han venido realizando bien su trabajo, mientras pepenan una que otra beca como si fueran migajas que les reparte el gobierno, y la prueba viviente son libros como este que hoy andamos presentando. Esta obra viene a ser una verdadera iniciación, una muy destacada iniciación, de una temática y de una manera de concebir la literatura en nuestras ciudades del Norte. Antes de Luz María todos los escritores chihuahuenses pasamos los últimos veinte años escribiendo poemas amargados o amorosos, almibarados o dizque filosóficos. Escribimos y hasta publicamos (para derrota de tantos árboles que murieron en celulosa de papel) cuentitos y una que otra novela de reborujos, brujas malditas, feminismo neurótico y falsa crítica social más interesada en el escaño del Congreso o la sillita para regidores.
Pero con La escuela de cartón se inicia, espero, otra manera de ver las cosas por escrito en nuestros libros.
Más sorpendente resulta que una escritora tan dulce como Luz María, cuyos libros anteriores fueron cuentos fantásticos, saliera hoy con esta novela tan bien escrita, tan de buen humor y tan bien pensada. Entre los casi 53 alumnos que ha graduado Mario Arras en los últimos veinte años, Luz María pareciera la más chica fresa de todas, tan fresa tan fresa que fue todo ese tiempo y a mucha honra una de las damas voluntarias de la Cruz Roja; tan de plano strawberry que le sigue en reuniones sociales de a Dios rogando y con el mazo dando en un nuevo club de ayuda social, el Norawa, y sin embargo narradora siempre, profesional y cuidadosa en su escritura (yo soy testigo de su rigor literario). Es más: si tuviéramos que contar con los dedos de la mano a los mejores escritores, escritoras, de Chihuahua ella tendría que estar con toda justicia en esta historia.

Agosto 2005.

miércoles, 14 de julio de 2010

enrique macín


Macín: teatro de ideas, teatro de la Historia

Por Jesús Chávez Marín

Enrique Macín escribió Los perfectos en una sola noche en 1964; la obra fue estrenada en 1970, dirigida por Federico Ferro Gay, cuando se iniciaba una de las cíclicas crisis religiosas ante la pujanza de las doctrinas protestantes y el avance de la teología de la liberación, ambos en el marco del concilio vaticano segundo, donde se discutían los ajustes que habrían de hacerse para lograr la permanencia secular de la iglesia católica.
Macín, quien luego se ha ocupado hasta diez años en escribir sus otras obras, cristalizó en este drama algunas premisas intelectuales que él sostenía, la mayoría de las cuales aún sigue manejando: su tesis de que el fanatismo religioso es dinamita social; su interés por la cultura de la Edad Media; su gusto por el idioma español antiguo y su habilidad para recrearlo; su certero y muy bien pensado conocimiento de la conducta humana: la pasión, el sentido común, la ambición y los ideales del amor, sobre todo, y sus lecturas atentas del teatro europeo contemporáneo.
En Los perfectos, con la que se da a conocer por primera vez como escritor, hay una madurez intelectual tan sólida que la obra no ha perdido vigencia, incluso vuelve en estos años a reforzar su dramática actualidad, cuando vemos cómo los fundamentalismos reviven, aunque nunca murieron, con la violencia despiadada de la que cuatro aviones gigantes que se estrellan contra edificios repletos de personas en la ciudad más poblada del mundo no es más que una de sus máscaras visibles.
En este libro se publica por primera vez esta obra de Macín, que en su estreno levantó grandes polémicas y que en ésta, su segunda salida, nos invita a reflexionar sobre los absurdos que a veces suceden en nuestro destino colectivo: que una madre terrible (cuya ausencia escénica haga aún más expresivo lo oscuro de su fiero fanatismo) deje morir a su hija para imponer sus creencias, es una metáfora a la vez estética y atormentadora de la Historia de muchos pueblos, la actual y la de siempre.
Enrique Macín nació en Chihuahua. Sus obras publicadas son: Los nuevos bizantinos (1982), Adán se despide (1988) y Sueños sin epílogo (1998). Las dos primeras son de teatro; la otra es una novela. Fue director y actualmente es profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua.


Prólogo al libro Psicodrama a las seis y media y Los perfectos, de Enrique Macín, Editorial UACh, 2002, México. ISBN 968-6331-90-5.

martes, 13 de julio de 2010

juan armando rojas


Hubo en el desierto profetas y patriarcas. Tiempo después, nació en estos lugares un poeta llamado Juan Armando Rojas: presentación del libro Río vertebral, número 43 de Flor de Arena, colección literaria de la Universidad Autónoma de Chihuahua

Por Jesús Chávez Marín

Es un honor participar en el bautizo social de este libro de poemas llamado Río vertebral, uno de los más hermosos entre los que han aparecido en la colección Flor de Arena.
Antes de iniciar mis comentarios, me parece un acto de regocijada lealtad agradecer el apoyo liberal y efectivo que el señor rector, ingeniero José Luis Franco Rodríguez, ha otorgado a la Unidad Editorial de nuestra Universidad. También manifiesto mi admiración y gratitud al ingeniero Manuel Reyes Cortés, director de Extensión y Difusión Cultural, porque en las varias mesas de redacción de nuestro programa de publicaciones trabaja con nosotros hombro con hombro, con discreta coordinación marca nuestra disciplina y nos contagia su entusiasmo: más que la de un jefe, su acción es la de un compañero en los múltiples y cuidadosos trabajos editoriales que realizamos todos los días Heriberto Ramírez, José Luis Domínguez Castillo, Leticia Estrada, Liliana Fierro y el que esta noche les habla y les escribe.
Dicho esto en el marco de la fiesta de Río vertebral, compartiré con ustedes algunas experiencias de la lectura de estos poemas del joven señor Juan Armando Rojas.
La región temática de esta obra es la frontera hacia ambos lados del Río Bravo: el mismo que cruzaron de ida y de regreso tantos mexicanos desde el inicio de nuestra cultura, nuestra civilización. El autor señala desde el origen esta travesía en el epígrafe: una frase de Álvar Núñez Cabeza de Vaca que puso en su libro:

Aquella noche llegamos a un río, el cual era muy hondo y muy ancho, y la corriente muy recia. Y por no atrevernos a pasar con balsas, hecimos una canoa para ello, y estuvimos en pasarlo un día. Tuvimos mucho trabajo.

Desde entonces ¿cuántos hombres han seguido ese derrotero? En nuestras familias, entre los amigos, hubo siempre alguno que cruzó de mojado, o consiguió su pasaporte y pasó por el puente, que vivió ilegal algunos años, que trabajó con honradez para ganar el pan, la casa, la ropa, el refugio de los hijos, la familia. ¿Cuántas mujeres nuestras hermanas, nuestras primas, nuestras madrinas, nuestros amores se fueron también en busca de tierras pródigas, persiguiendo el extrañamiento, la ilusión, los sueños? Se fueron hacia aquellas vastas tierras que fueron mexicanas, que fueron nuestra heredad en el pasado.
Allá en Arizona, Albuquerque, en Chicago cuidaron niños de otras madres, profesaron el arte sutil y necesario de la cocina, lavaron toneladas de platos y de copas en las máquinas de aseo, aprendieron las claves de la computación y fueron secretarias eficientes y civilizadoras a las órdenes de comerciantes frenéticos, políticos desaforados y médicos familiares.
De todos ellos habla este libro, que parece escrito por un viejo caminante afinado por la sabiduría. Y sin embargo fue compuesto por este joven poeta Juan Armando Rojas, que vino de visita desde Massachussets a este campus de la Universidad Autónoma de Chihuahua, ahora ya su casa editorial.
Lo que más sorprende en estos poemas es la armoniosa sonoridad: sólo con cuidadosa redacción de cada línea, cada verso, puede esto conseguirse. La segunda sorpresa es la densidad de su información y la capacidad de síntesis tan parecida a los poemas orientales: sabiduría y sensualidad, fuerza y dolor, ironía casi sarcástica y las más tiernas imágenes del cariño y el amor a la naturaleza, al paisaje, a la tierra nuestra que también fue la de nuestros mayores, memoria de tiempos remotos y crónica del instante más reciente, novedad de una patria nueva: la de los hombres y las mujeres del siglo XXI ya sin fronteras ni torturadores: una utopía y a la página siguiente la rabia por los disparos y las mutilaciones.
A todas estas cosas este libro transfigura en poesía: los dibujos de la tipografía, la música de sus canciones verbales y la hábil filosofía de los conceptos son el resultado de un salto cualitativo que sólo ha podido lograrlo con una muy alta educación este escritor, este buen artista mexicano.
Para terminar voy a leerles uno de los poemas de Río vertebral:

Terregales de un polvo blanco que se transpira
suciedad
blancura del grupo
ritmos que se injertan en los ladrillos

Ciudad desubicada entre sus casas
tan sola tan enteramente sola
tan alejada de Jesusalén
por la circunferencia de la tierra

Hagamos oración por la ciudad que sangra
por la mujer que espera un puesto en la maquila
arranquemos los cables y mastiquemos
el azufre almendrado de los coches

Llegaremos temblando
hoy se terminó el trabajo en la fábrica
hay tres pares de ojos que me observan
tienen hambre

Oramos por la migración de los mojados
al darnos cuenta de que nos encontramos solos
entre las manchas mercuriales en el espejo
se desvanece la memoria de los puentes

Hablemos de esta ciudad a nuestros hijos
que no aparece en el mapa
crucifiquemos los brazos de este cielo
con mayor derecho que el vecino

Busquemos a las desaparecidas
entre las aguas
y sus médanos
donde siempre habrá basura

Busquemos a las violadas
en la construcción geológica de nuestros hogares
entre las dunas blandas y su arena fresca
y el calcio de los huesos

Hablemos de los latidos del puente
del poco oxígeno que se respira
en el minuto y medio de silencio
a que es acreedor todas las noches

Hacemos un círculo e imponemos
nuestras manos orando por el alcohol y la poligamia
rasguñamos el hielo ardiente del asfalto
esta batalla en el desierto

Las sombras de los ahorcados
rueguen por nosotros
por la fragilidad y el alto precio de una casa subsidiada
escúchennos

Por el segundo que separa un milenio de otro
recordemos la línea divisoria
el furgón en que mueren los mojados
la costumbre del silencio

en donde terminó el río bravo
en donde comenzó el río grande

Iniciamos la oración
para lograr el reino de los suelos
por los sueños
de los años
de los días
ahora y siempre.

Hasta aquí el poema de Rojas, y también estos comentarios.

Rojas, Juan Armando: Río vertebral, Editorial UACH, México, 2003.
 

Enero 2003.

lunes, 12 de julio de 2010

mujer alabastrina


La noche cuando conocí a Gabriel García Márquez, segunda parte

Por Víctor Bartoli

…apareció Ana Claudia Talancón. Lucía esplendida, luego de su tercer cambio de ropa. Nos sonrió a los tres y nosotros, uno tras otro, la besamos de bienvenida. Aunque de manera confusa, se disculpó por el retraso de cuando la estuvimos esperando en el Fiesta Americana. No me pude contener y le conté mi dicha. Y ella me respondió: "¡Ah!... está aqui" Así, como si ella y Gabo trajeran algo entre manos. Luego nos dejo solos; me dijo: "Déjame voy a hablar con el." Al poco tiempo regresó. La vi venir deleitada por algo que no fui capaz de adivinar. Me pregunto: "¿Que crees que me dijo García Márquez?" Por segunda ocasión no fui capaz de adivinar. Y Anita prosiguió, ante mi falta de respuesta: "Yo le dije (a García Máquez): usted me mandó una novela suya a mi oficina de Los Angeles. Me respondió: Es que debí haber estado muy enamorado de ti. Cuando decía eso, yo me embelesaba con una de sus más bellas sonrisas, a menos de media metro de mis ojos. Un par de años más adelante caí en cuenta, por los periódicos, que ese día era yo un testigo accidental del inicio del proyecto de la película que luego se hizo de la novela El amor en los tiempos del cólera. Minutos después Anita y yo continuábamos nuestra platica, cuando de reojo vi de nuevo que llegaba García Márquez. Se acercó hasta donde estábamos, justo en la salida del bar; García Márquez me extendió su mano. Al verla, me aturdí, no supe qué hacer con aquella mano frente de mí; pero la tomé. Jamás imaginé llegar a tener ese honor.
Pero al poco, con su mano derecha envuelta entre las mías, no supe qué hacer con ella. Entonces, de manera impulsiva, me incliné, y la bese.
Al observarlo hacia arriba, según lo alcance a ver de reojo, García Márquez únicamente sonrió, conmovido. Me dije: "¿Por qué no besar la mano que ha creado las historias mas bellas de America Latina?".
[N. del e. El único novelista de Chihuahua de la cual una de sus novelas ha sido filmada con una producción mexicana de buen presupuesto y de grandes ambiciones, ha sido Víctor Bartoli. Algunos burócratas de oficinas culturales de su tierra natal suelen ser unos narcisos autistas que se sienten genios y cuya personalidad es la envidia. Durante seis años, a Víctor Bartoli no lo invitaron a ninguno de los múltiples encuentros de escritores que se realizaron en Chihuahua con dinero público. Dos de los villanos de esta historia de desprecio para uno de nuestros buenos escritores, afirmaban muertos de risa en una borrachera, en la cantina El Recreo, en ciudad Juárez, en junio de 2008, que a Bartoli le faltaba demasiado currículum].


Julio 2010