Los actos de una madre enemiga
Por Araceli Loya y JChM
Cuando Claudeth
tenía 10 años, fue violada por el esposo de su madre; en vez de protegerla y
denunciar al padrastro perverso, la mujer la regañó mucho, la llevó con un
brujo para que la curara del susto y luego la mandó a Ciudad Juárez, para poner
distancia. La encargó con un tío y su esposa, donde la niña empezó a vivir un
poco mejor que en Roswell, pues su tía le fue tomando cariño y la cuidaba. Pero
un año después regresó por ella, para llevársela de nuevo, no sin advertirle
que no se le volviera a insinuar a su esposo, como si la inocente criatura
hubiera sido la provocadora de aquel ataque brutal.
La niña vivía
angustiada en aquel ambiente; aunque era buena estudiante, su conducta era muy
tensa y tuvo dificultades en el trato con los compañeros; la psicóloga de la
escuela le hizo entrevistas, el trauma de la violación salió a flote. La madre
fue citada por las autoridades escolares; hizo mil promesas de enmienda, pero
no aceptó la sugerencia de denunciar la violación. Al contrario, enfurecida se
llevó de nuevo a Claudeth a Ciudad Juárez, pero esta vez no la dejó con el
hermano, la encerró en una casa vieja que tenía en La Chaveña, ahora ya de plano
abandonada a su suerte.
A los pocos días,
Claudeth logró escapar y anduvo por las calles buscando comida y tratando de
ganarse la vida como Dios le dio a entender. En las tardes regresaba al barrio
y entraba de nuevo a la casa por donde se había escapado, por la ventana del
baño. Una de esas tardes, una vecina la miró llorando sentada en la banqueta y
se acercó. Casandra era muy hermosa, y solo dos años mayor; con el permiso de
su madre la llevó a vivir a su casa y se hicieron amigas.
Casandra
frecuentaba todas las noches el Giberts, un bar muy animado, donde pasaba de
todo. Al poco tiempo empezó a invitar a su nueva amiga, quien a pesar de sus
pocos años resultó espectacular; el dueño del bar se encaprichó con Claudeth y
ya no le permitió ganar su dinerito, la quería en exclusiva. Era un
norteamericano que prácticamente la tuvo secuestrada varios años hasta que el
bar quebró y pudo escapar de nuevo. En su libertad conoció a un hombre bueno,
quedó embarazada y tuvieron una hija. Vivían felices hasta que a la madre de
ella se le ocurrió la idea de exigir en el DIF la custodia de la niña, alegando
la vida desordenada de la pareja, nada más para perjudicarla.
Claudeth vivió un
nuevo calvario para recuperar a la niña, quien ahora vivía en Roswell con su
abuela desalmada; pasaron años para recuperarla y devolverla a Ciudad Juárez
con ella, pues luego del juicio civil le otorgaron la custodia plena. Pero la
madre era aferrada. Aprovechó un viaje Claudeth a Mazatlán y secuestró a la
nieta, sin avisarle a nadie.
En todo Ciudad Juárez circularon volantes y carteles de la niña perdida. A Claudeth la entrevistaban en los periódicos y en los programas de televisión y radio, hasta que la policía ubicó a la hija en Estados Unidos, donde la tenía escondida la malvada señora. La misma que ahora mira en la televisión con lágrimas en los ojos. Apenas puede creer que esa mujer de alma tan retorcida sea su madre, quien la trajo al mundo y le ha hecho más perjuicios que esta ciudad, a veces tan tenebrosa y violenta, donde ahora vive.

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