domingo, 13 de junio de 2010

mi columna en omnia


Estilo Mápula

Por Jesús Chávez Marín

El primer número de una columna escrita es emocionante y más lo es ahora que por invitación de los señores Edith Barajas Vallejo y Antonio Payán aparece y se inicia en Omnia, ese periódico civil de la ciudad de Chihuahua tan estilo siglo xxi que es regalo y lujo de la memoria colectiva reciente.
Desde hace 30 años escribo columnas en periódicos y revistas: letras al margen, el texto breve, el haikú clásico, escritores de la ciudad, la enredadera son algunos de los nombres que como un vaso de agua fresca se me vienen a la rápida memoria. Esta de ahora me emociona más que las anteriores por razones que venga o no venga al caso voy a platicar a ustedes, lectores, oh aristocracia alta y educada y atenta.
1. La primera palabra de su nombre es estilo, porque hablaré de esa región espiritual y física que compartimos redactores y lectores: libros, películas, modelos, diseño, política, frivolidad y alguna que otra canción bonita.
2. Esa palabra alude también a la corrección de estilo, o sea la crítica de cuanto se me ocurra al momento escribir y por supuesto también la autocrítica y a respuestas y contradicciones que ustedes, lectores de Omnia, en uso a su libertad de expresión envíen a favor o en contra de lo que en esta columna señale.
3. Tema fundamenta de esta conversación habrán de ser los libros y para luego es tarde quiero recomendarles estos cinco, por lo pronto hoy de autores de la ciudad de Chihuahua: Lámpara en el granero, poemas, Rogelio Treviño. El amor entre las ruinas, cuentos, Mario Lugo. Vida en otra parte, cuentos, Liliana Pedroza. La otra cara de México, novela, Carlos Chavira. El libro de los poemas, de Jorge Humberto Chávez.
4. El estilo de las mujeres en el siglo xxi, nominado en orden descendente, se divide en tres ambientes: femeninas, feministas y feminazis.
5. El estilo de los señores y jóvenes en el mismo respectivo siglo se divide en tres ambientes: organizados y diestros en sistemas y herramienta; educados y buena onda y, tercero, delincuentes.
6. La segunda palabra que nombra esta columna es Mápula, lugar hoy tan cercano a nuestra ciudad que a lo mejor es ya territorio urbano pero que en 1928 era un rancho vigoroso y alegre. Allí nació la señora Carmen Marín Gutiérrez y en su memoria preclara y feliz habrá de escribirse cada uno de los episodios de esta crónica.
7. También ese nombre fue el de nuestro equipo de futbol a principios de los años ochentas donde jugábamos en los llanos y en torneos municipales varios señores que aún son amigos estimados: Omar Nava Cano, mi hermano Pedro, Rafael Ibarra, Alfonso Miguel Víctor y Filomeno Marín, mis tocayos Jesús Flores y Jesús Camúñez, Heriberto Ramírez Luján, mi cuñado Jesús Manuel Ortiz y Rafael Murillo.
8. Espero entonces que esta conversación no se quede nomás de este lado. Léanme, escríbanme.

(publicado en Omnia, noviembre 2009).

sábado, 12 de junio de 2010

poniatowska


Poniatowska

Por Jesús Chávez Marín

Tuve el privilegio de participar en el encuentro de escritores horas de junio, que cada año organiza el poeta Raúl Acevedo Savín, el editor legendario de la universidad de Sonora, y su equipo de generosos colaboradores, la mayoría de ellas hermosas mujeres como una que se llama Sol, y muchas otras señoras y señores que hacen que todo funcione. Me tocó leer en la cárcel ante un público atento y sensible, junto a un grupo de escritores: la mitad de de los cuales eran prisioneros, estudian en un taller literario que coordina el profesor Elmer Tabanico. También tuve la suerte de viajar a Guaymas en la misma camioneta donde iba la gran escritora Elena Poniatowska. Fue una bella experiencia. Nada sangrona la señora, muy seria, la acompanaba su hijo, un señor rubio, alto, de pelo risado y de ojos azules muy buena gente y algo distante. Ella es encantadora, chaparrita y ágil, con una sonrisa inolvidable, muy solidaria con la gente, participó en dos marchas, una de pescadores en Guaymas y la de los padres de los niños que murieron un año antes en el incendio de la guardería ABC de aquella ciudad. Entre los escritores del encuentro, a los que más recuerdo son a Cristina Sainz Sotomayor, Lorena Sosa Rodríguez y el grupo de los de Baja California en la mesa que me tocó coordinar, excelentes poetas y músicos, ingeniosos y alegres. Les mando un beso a todos ellos.

Junio 2010

viernes, 11 de junio de 2010

tu respiración


El arte de caminar

Por Jesús Chávez Marín

Uno de los privilegios de andar navegando en este mundo, en este siglo, es el de la amistad. A una de mis amigas más hermosas la conocí en 1998; ella era la joven esposa de un artista que trabajaba conmigo. La figura curvilínea de su cuerpo era un espectáculo, y su rostro de reina santa hacía juego; además de su alma grande y alegre, como la de otras mujeres de talento que cultivan el arte y el amor.
El mejor testimonio es el de su mismísimo marido, quien la llama con toda honradez y cariño: la mujer maravilla.
El otro día la encontré en la cafetería de bellas artes, donde almuerzo todos los días, y me dijo: oye, Chávez, tú que conoces de todo, pásame una receta para adelgazar. Me urge.
Por supuesto que yo no todo lo sé, pero alabanzas de amigas tan bonitas jamás las tomo a la ligera. Así que saqué mi agenda y me puse allí mismo las vestiduras de Kalimán, y como si ella fuera mi pequeño y valiente amigo Solín, le dije: serenidad y paciencia, mi guapa y regordeta amiga. Voy a escribirte 23 lecciones para ti, y también, ¿por qué no decirlo?, para alguna lectora de Omnia que quiera apuntar en su libretita este recetario infalible para recuperar la silueta noventa sesenta noventa que tenían en su fiesta de 15 años.
1. Primero que nada, acepta tu cuerpo tal y como está. Tu cuerpo eres tú. No lo ofendas con reproches, aunque por ahora tengas kilos demás. Pocos o muchos. Si lo haces, es a ti a quien ofendes: autogoles, jamás.
2. Todos los días levántate a las seis y media de la mañana. Ni un minuto después. Todos los días, incluso sábados y domingos. Quien no se levanta con el sol no disfruta del día.
3. Que tu primera actividad, antes o después del baño diario, sea caminar afuera, a la intemperie. Por lo menos media hora. Si es una hora, mejor.
Caminar, no correr. Camina vigorosa, muy derechita, pero no corras.
4. Recuerda tu pasado zoológico: los animales corren solo cuanto huyen, no en su andar cotidiano.
5. Si te gusta correr, hazlo solo a una distancia de cien metros. En un trayecto mayor, lastimas los talones, algunas articulaciones y vas vulnerando órganos mayores.
6. En vez de una taza de café o de chocolate, toma en ayunas una bebida de estafiate, sin azúcar por supuesto. Esa hierba tarahumara la consigues en la tienda del profesor Alfonso Arámbula, en el centro. Es un remedio para la limpieza del estómago. Ese es el inicio y la esencia de la buena salud.
7. A mediodía, en un vaso de agua sin hielo, agrega el jugo de tres limones recién cortados. No agregues azúcar. Disfruta el ácido saludable, que también será para la higiene de tu cuerpo en sus regiones más recónditas.
8. Recupera el ritmo de tu respiración. El que con naturalidad tenías cuando fuiste la niña consentida de tu madre y de todos los que te miraban.
9. No permitas que nadie te apresure. Las acciones que se realizan con prisa, son torpes y quebradizas. Y engordan.
10. Bájate del automóvil. Úsalo nada más para distancias largas. Camina a la tienda de la esquina. Al Oxxo. Al centro. A visitar a tu madre. A recoger a tus hijos en la escuela del barrio. No pares de caminar.
11. Come todo lo que se te antoje, pero afina una conciencia disciplinada. Lo que mata es el exceso y la ansiedad. Estos dos son los que engordan, no el placer de la comida.
12. Come con serenidad.
13. En algún momento del día, quiebra 2 nueces y disfrútalas. Todos los días. Solo 2, y recién partidas.
14. Si no lo tienes, cultiva el gusto por la cebolla. Úsala al cocinar. Saboréala. A veces cómela cruda. Si no lo sabes todavía, poco a poco irás descubriendo el vigor que te da ese maravilloso alimento.
15. Tres veces al día respira de esta manera: estira los brazos a los lados, jala aire con la nariz lo más abundante que resistas, retenlo un momento. Luego suelta el aire por la boca, al bajar los brazos.
16. Cultiva el placer del movimiento. Moverse no es solo para trabajar o para cumplir lo que llamamos nuestras obligaciones. Moverse es la respiración natural del cuerpo.
17. Cultiva y educa el gusto por el sabor de la fruta.
18. Come cada vez solo una especie, de preferencia fruta de temporada. No mezcles papaya con durazno, ni sandía con piña, etcétera. Eso es un ataque en la revoltura de ácidos naturales. También un atentado al sabor.
19. A diario toma una copa de vino tinto, temperatura al tiempo. Jamás helado. Una sola, pero que no falte un solo día ese placentero remedio.
20. Una vez a la semana toma 2 cervezas, y nunca más de 8 por semana. Si por ahora no te gusta su sabor amargo, aprende y educa esa delicia.
21. Acuérdate que el placer y el gusto también son actos que deben cultivarse.
22. Explicación: un poco de alcohol mata bacterias. El exceso, te mata a ti.
23. Duerme 7 horas cada día y noche. Nunca más de 8. Esa pequeña y placentera muerte que es el sueño es saludable; pero otra vez recuerda que todos los excesos hacen daño.
24. Otra vez insisto: no te olvides de respirar. Nuestra máquina de respirar parece automática, pero no lo es del todo. Hay que educarla. Un indicio de lo que te digo es que los enfermos de alzheimer mueren cuando se borra el recuerdo de la respiración.
25. El principio para educar la respiración es la caminata. La travesía.
26. En tus viajes, no te inscribas en itinerarios extenuantes y obligatorios. Si estás de vacaciones, respira otros aires. En cada ciudad que visites, ve a donde te dé la gana. Sin horarios. Con la disciplina del placer.
27. Hazme caso. Recuerda que fuiste tú quien me pidió estos consejos.
28. No trabajes en lo que no te guste. Si tienes que ganar el pan de tus hijos, hazlo en actividades que tu cuerpo sienta. En el trabajo empeñamos la mitad de la vida, y la vida es muy corta. Fugaz y leve. Aunque llegues a tener 80 años.
29. Procura que la flor, la fruta, la selva de tu vida sea un tiempo de buena respiración y de navegar con alegría y vigor.
30. Explicación: recuerda dos poemas clásicos: uno del siglo XI de Omar Khayyam: vive con intensidad el fugaz instante de la vida. Otro del siglo XVI, de Issa: el rocío se va, este mundo es rocío fresco y fugaz.
31. Cultiva en tu cuerpo una dosis de saludable egoísmo. No el despiadado individualismo que la publicidad y la política estos años proclama; sino la conciencia profunda de tu propio cuerpo y del viento que respiras.
32. Ama tu cuerpo, procúrale belleza.
33. Si tienes canas, aplícales con tinta los colores que te gusten.
34. Úntale crema pond´s a tus pies cuando estén fatigados.
35. Báñate con jabón heno de pravia y compra el mejor shampú que puedas pagar.
36. No te dejes abrumar por los apuros del día. Si se te va a vencer el recibo de la luz, ten calma y consigue medios para pagar ese y todos los recibos que de cualquier forma habrás de liquidar. La angustia también engorda.
37. Organiza tu economía personal y familiar. Sean modestos o abundantes tus recursos económicos, recuerda que con el trabajo diario, tuyo y el de otros, Dios proveerá.
38. Ten fe. Si no haz sido bendecida con el regalo de una fe trascendente, empieza por tener fe en ti misma y en las personas que amas.
39. Busca el refugio del amor. Pero no sofoques la vida de nadie ni pretendas que una mujer puede ser dueña de otra persona. Tampoco los señores pueden, por muy autoritarios que sean.
40. Ninguna idea puede ser absoluta, tal como el agua no puede ser fresca ni cristalina en un estanque.
41. Aunque esta crónica ya parece escrita por don Perpetuo Benavides recitando la Desiderata, recuerda que en esta agenda mis consejos son de puro cariño para ti. Soy un hombre que ha leído un montón de libros, casi todos divertidos y bien redactados. Hazme caso.
42. Ya con esta me despido, pero pronto doy la vuelta.

Febrero 2010

jueves, 10 de junio de 2010

2010: todo sigue igual. 2018: lo mismo


Artistas llamados “locales”, una rebelión posible

Por Jesús Chávez Marín

Una crónica de la promoción cultural en Chihuahua tendría que conformarse con la nómina de una multitud de artistas extranjeros y defeños. Si alguien quiere también incluir autores que con gracia y trabajo duro desplegaron su producción en el vasto territorio de Chihuahua, tendrá que investigar en publicaciones marginales o platicar en el café con los memoriosos de siempre, que algunos ya hasta se murieron: Alfredo Jacob, Rafael Ávila Lozoya, José Fuentes Mares, Jesús Gardea, Elías Holguín, Alberto Carlos, Remigio Córdova, Enrique Hernández Soto, Natalia García de Gameros y otros navegantes ilustres de este antiguo mar.

Por ejemplo: lean y miren ustedes, si lo consiguen porque anda escatimado y presumido, el Catálogo de artistas invitados al primer festival internacional Chihuahua, encuentro en la cultura: inicia con un texto escrito en el inconfundible estilo de Enrique Servín, esplendoroso y bien informado, estampado en la página 3, con la firma del gobernador José Reyes Baeza: “Chihuahua es un conjunto de pueblos diferentes, algunos con sus propios idiomas y maneras de ver el mundo. En el reconocimiento de esta diversidad, el gobierno expresa que la apertura, la democracia y la interculturalidad serán los principios orientadores del festival internacional 2005, a fin de que logre convertirse en un generador de procesos educativos y culturales”.

Sin embargo esas palabras hipócritas de Servín/Baeza no alcanzaron este año para incluir en ese catálogo a los moradores de nuestra región que en su ventura eligieron el oficio divertido y laborioso de ser artistas y escritores. El “contacto ¡mágico! con la cultura” que pregona el número 6 del instructivo de uso, que sale en la página 4, también ofrece en vano “una imagen social más amigable y propositiva” siempre y cuando los autores que viven aquí se conformen con salarios exiguos, regateados y con tres meses de retraso, si se comparan a los que vienen cobrando en efectivo, en avión y en hoteles de lujo, el priisita de hueso colorado Víctor Hugo Rascón Banda, el folclórico Ramón Ayala o el showman Alex Lora, tan famoso en la grabadora de su mamá.

En el capítulo “Encuentro en la cultura música” no están el poeta de blues y heavy metal Rodolfo Borja, él sí una leyenda verdadera, sino el senil Tino Contreras, organizador de sus propios homenajes. Tampoco vienen fotos full color ni biografías raudas de jóvenes músicos educados por el profesor Modesto Gaytán, pero sí la Orquesta Juvenil de las Américas, la típica melcocha estadounidense; Celso Piña, vestido de generalito, sí viene; pero no la joven guitarrista y compositora Cecilia Leos, ni la telentosa cantante Magda Chavira, presente en el arte de su voz pero no en el catálogo de lujo.

Para el capítulo referente a la danza, sacan retratados a un grupo típico de danzantes de Singapur, pero a ninguno de los alumnos de Antonio Rubio, ni la foto de actores, coreógrafos y bailarinas egresados cum laude en el Instituto de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

En la sección de teatro no aparecen la hermosa Laura Lee, ni el magistral Mario Humberto Chávez, ni el estudioso Luis David Hernández. Tampoco Óscar Erives, Holda Ramírez, Carmen de la Mora o Jesús Ramírez. En cambio sale muy bien retratada la sonrisa histérica de Ofelia Medina y una colega suya que vendrá de Canadá en la compañía Les Deux Mondes.

No verá usted ni la fotografía de credencial del amable mimo Rames Arizpe, aunque sí la del payasito Patch Adams, médico cirujano y partero, con su pantomima gringa de buena onda profesional. En otro lado, el catálogo anuncia danzas hopis y apaches pepenados por Enrique Servín, pero no aparece alguna mención de Luis Urías, que de apaches y guarojíos lo sabe casi todo. No fue requerido. Sí lo fueron, en cambio, Fernando Vallejo cronista de narcos colombianos, Magaret Randall y Jerome Rothenberg, filósofos de Nueva York.

Encima habrán de organizar un homenaje al portugués Ledo Ivo, lo cual estaría bien si además hicieran honor similar a los chihuahuenses Mario Arras, Rubén Mejía, Mario Humberto Chávez y Mario Lugo, y no solo por su valor artístico, sino además porque durante treinta años han sido promotores del patrimonio cultural de Chihuahua y no gerentes ni patrocinadores de festivales de relumbrón.

Septiembre de 2005

miércoles, 9 de junio de 2010

Nueve leyendas de Chihuahua


Leyendas de Chihuahua

Por Jesús Chávez Marín

Una de las más persistentes formas de la narrativa popular es la leyenda, ese relato de hechos reales mezclados con fantasía cuyos personajes son conocidos por la gente de una región, por sus hechos famosos o por su conducta extrema en situaciones verídicas que impresionaron fuertemente en su tiempo y que viven en la imaginación y en la memoria colectiva.

Aunque el origen del nombre viene del latín medieval legenda y significa “acción de leer, obra que se lee”, su forma más auténtica es el relato oral que se cuenta en voz alta de generación en generación en tertulias, conversaciones familiares, cartas privadas, y cada narrador le quita y le agrega elementos o secuencias completas conforme a su talento y personalidad. Así cada historia se va enriqueciendo o empobreciendo, según el alcance y la intensidad de las acciones que se relatan o del interés y el ambiente colectivo en el que viven como imágenes. De esa forma resulta que de una misma leyenda suele haber múltiples versiones.

Por eso es la escritura la que da un registro de permanencia a una leyenda nacida en el ambiente de la tradición oral. Porque cuando pasan los años, los recuerdos quedan hechos jirones. Desteñida por el tiempo o pintada con la fantasía, la realidad ya no es la misma cuando la recreamos con las palabras de la conversación y le agregamos las cargas conceptuales con las que elaboramos nuestras expresiones cotidianas. De esta manera, la escritura que sale impresa adquiere una importancia insospechada y penetra con muchos cauces el tejido social. Muchas historias, así como muchas ideas, se perderían si no hubiera escritores y redactores que fijan las versiones de cada leyenda y así contribuyen a configurar el espectro completo de la historia narrada colectivamente.

Otra de las acepciones más antiguas que tiene la palabra leyenda en el Diccionario de la Real Academia Española es la de “relación de la vida de los santos”. Uno de los textos más antiguos, que apareció en la Edad Media, es la Leyenda áurea (Legendi di sancti vulgari storiado), escrita por Jacobo de Vorágine. A la iglesia católica le interesaba difundir las vidas ejemplares de sus propios héroes: los misioneros, los mártires, las mujeres virtuosas, todo ello para extender su ideología. En algunas ceremonias se acostumbraba leer en voz alta esas bondades legendarias.

También algunos gobiernos han acostumbrado forjar sus propios personajes, como el Pípila o los famosos Niños Héroes, que fueron protagonistas de hechos que tienen más de maravillosos que de verdaderos y cuya conducta es “políticamente correcta”. Por otro lado existen muchas leyendas que jamás se recuperan y llegan a perderse por falta de un registro cuidadoso, tal es el caso de la tradición de las culturas autóctonas, como la tarahumara.

Las versiones escritas de las nueve leyendas que componen este libro tienen su raíz en la tradición popular chihuahuense. Por su lenguaje, por los tipos humanos, por el paisaje, estas historias conservan su frescura y gracia en la escritura cuidadosa de los autores.

La modernidad de los textos y la buena calidad de su prosa son una muestra del vigor de la tradición literaria de los chihuahuenses. La raíz colectiva de estas historias está bien recreada; en su discurso narrativo se reconocen voces de gente de Parral o de la Sierra; palabras del español que se habló en la ciudad de Chihuahua de los años cincuentas cuando solo había ochenta mil habitantes; entierros y aparecidos que en los ensueños siguen alimentando la esperanza desaforada de hallar un cajón repleto de alazanas; monstruos marinos en pleno desierto y la mujer más hermosa del mundo vestida de novia para siempre en la vitrina de una tienda.

Por supuesto que de cada una de estas nueve leyendas existen otras versiones, escritas por distintos autores, muchas de ellas publicadas en libros, periódicos, revistas. Supongo que todas son válidas y tendrán sus propios lectores afines. Sin embargo, lo que caracteriza las de este libro es su cuidado lenguaje narrativo.

En este pequeño libro de leyendas, los lectores hallarán una ventana de sus propios recuerdos.

Armando Gutiérrez Mares, escritor sorprendente cuya percepción está educada en la meditación trascendental, escribe de aquella señora que cada Viernes Santo, a la media noche, sigue visitando para siempre los siete templos. Muy elegante, ella recorre en un taxi las calles de Chihuahua y paga con una sortija de oro. El taxista ya no es de este mundo.

César Imerio Salazar Holguín, profesor de muchos años, nos mete a la polvareda de la Revolución Mexicana, misma que se levanta en el puro centro de nuestra propia ciudad. El olor de los cirios y el incienso de la Catedral son un consuelo ante el terror de los disparos, un refugio frente a la muerte.
En medio de la batalla brillan las alazanas; en el fulgor del oro, los personajes del relato se conectan con el más allá, donde se escuchan las voces de unos albañiles cuyo regocijo es inaudito.

Zacarías Márquez Terrazas, cronista laborioso y poeta discreto, escribe sobre las correrías del legendario Chato Nevárez cuyo destino de aventurero trae un poco de esperanza en los atribulados días de nuestra crisis económica, que también suele ser mental y hasta metafísica cuando nos enfrentamos a los cobradores, más fieros que el toro que se llevó entre las astas al famoso bandido de Babonoyaba.

Otras leyendas son: El violín de don Anatolio, escrita por Eva Muñoz, quien es maestra de literatura y dio clases toda su vida en muchas escuelas de la Sierra. El ambiente de este relato es de fina evocación poética. Oro y plata, cuyo autor es René Gómez Esparza, una historia donde se oye el lenguaje castizo que todavía se usa en los pueblos mineros; él es profesor en su natal Santa Bárbara y en San Francisco del Oro. La hija de Pascualita, quizá la más famosa de las que se oyen en esta ciudad, y de la cual existen más versiones escritas; aquí se publica la del ingeniero Jorge Luis González Piñón, quien presenta además un caudal de información muy bien organizada respecto a esta vieja historia.

Óscar W. Ching Vega, el famoso periodista, es autor de El hombre que quedó mal con Dios, donde el charro negro de Santa Eulalia vuelve a encontrarse con uno más de sus cronistas, esta vez en la escritura siempre estimulante de este beduino de las noticias. El Rosario y la sotana sin cabeza la escribe Luis Carlos Arriola Chávez, cuya trayectoria de historiador y cronista lo avalan para convertir en fantasma al padre de la patria. Y para cerrar con broche de oro, Humberto Quezada Prado nos pone frente a frente con La sierpe de Nonoava, una animal que parece de este mundo pero que navega en los ríos del delirio y de las tormentas que nos trajo El Niño; se hermana con las culebras que las señoras de antes cortaban con cuchilladas al cielo y con palma bendita y a los terrores que nos causan los ríos desbocados de nuestra bronca región.

Nueve leyendas de chihuahua es un texto que deja un buen sabor de boca, queda en la memoria, estimula el deseo de leer más cuentos de estos autores que, cada uno en su estilo, logran platicar de las cosas más inverosímiles como si fueran lo más natural del mundo.

(Páginas de la 9 a la 14 del libro Nueve leyendas de Chihuahua, editorial UACh, México, 2001, segunda edición, ISBN 968-6331-73-5, compilado por mí. Primera edición: 1997).

martes, 8 de junio de 2010

rogelio treviño montijo


Treviño el emérito

Por Jesús Chávez Marín

Fue una payasada que el instituto chihuahuense de la cultura diera el premio de artista emérito a Rogelio Treviño Montijo, autor de dos libros: Lámpara de la piedra y La mujer que no fui, ambos editados por el mismo instituto; y dos folletos: Viajero inmóvil y Septentrión las cuatro osas de la constelación.
No resultaría del todo necio que se premiara en la persona de Treviño a los escritores de Chihuahua, luego de que la costumbre de la burocracia cultural de esta ciudad se había limitado a rendir homenaje a los artistas del Distrito Federal que nacieron en alguno de los 67 municipios del estado, pero que en este lugar jamás han realizado obra cultural ni educativa. No lo hicieron por contrato laboral, puesto que desde adolescentes ya no vivan aquí, y mucho menos por altruismo, que no es uno de sus escasos talentos. Algunos de sus nombres: Sebastián, Ignacio Solares, Víctor Hugo Rascón Banda, Carlos Montemayor, Benjamín Domínguez.
Pero Treviño Montijo está muy lejos de ser el prototipo de escritor de Chihuahua que nos merecemos. Es injusto que el antropólogo Carrera, gran admirador de Benito Juárez, Pancho Villa y otros héroes y bandidos que nos dieron patria, pero muy escaso lector, le haya otorgado el premio de emérito a este señor antes que muchos otros con obra literaria más valiosa. También aquí van algunos nombres.
1. Alfredo Espinosa, autor de una vasto número de libros narrativos y poéticos; varios conocidos y apreciados a nivel nacional. En la feria internacional del libro que cada noviembre se realiza en Guadalajara, el único autor de Chihuahua por el que preguntan es él. Cuatro de sus libros fueron traducidas al inglés y uno al italiano.
2. Rubén Mejía es autor de cuatro libros de poemas; uno de ellos, Segunda muerte, publicado en la universidad nacional autónoma de México; otro, Espíritu, traducido al portugués. La maestra y crítica literaria Reyna Armendáriz escribió un magnifico ensayo en que demuestra con cuidadoso análisis el valor artístico de este libro.
3. Alfredo Jacob fue durante los años cincuentas y sesentas el único escritor profesional de esta ciudad, además del gran José Fuentes Mares. Los demás de su generación eran solamente aficionados que redactaban en sus ratos libres. Pues bien: a Alfredo el instituto chihuahuense de la cultura jamás le dio ni el premio de emérito ni algún otro. Ni se lo dará, él murió en 2003.
4. Mario Lugo ha publicado cuatro libros; su arte narrativo es el más pulido y cuidados que se ha escrito en Chihuahua; en los años ochentas fue uno de los editores de la excelente revista literaria Finisterre que dirigía el poeta Gaspar Gumaro Orozco; en esas página y en otras, Lugo escribió 175 reseñas de la actualidad literaria del país y en 1995 gano el premio Chihuahua de literatura con su impresionante relato Detén mis trémulas manos.
4. Enrique Macín Rascón escribió cuatro obras de teatro, todas ellas llevadas a la escena, con una técnica vanguardista sorprendente y al día con las tendencias europeas y norteamericanas de la dramaturgia, y una novela en la que se ensayan con destreza muchas técnicas narrativas. Tampoco él mereció el premio de maestro emérito que el instituto chihuahuense de la cultura ya jamás le dará.
5. Raúl Manríquez Moreno ha ganado dos premios nacionales de literatura por su obra, además del premio Chihuahua. Su novela La vida a tientas fue publicada por una editorial internacional que la ha distribuido en todas las ciudades mexicanas y en España. Él no se ocupa nada más de su propia persona y obra. Es líder del grupo literario más vigoroso y productivo en lo que va de este siglo, el de los escritores de ciudad Cuauhtémoc; además ha sido dueño de las revistas Voces de tinta y Esdrújula, donde se iniciaron dos generaciones de artistas.
Estoy seguro que podría agregar otros como estos, que tienen mucho más trabajo realizado que Rogelio Treviño Montijo, pero con estos cinco basta y sobra para ejemplo. El diccionario dice que emérito es que se ha retirado de un empleo y disfruta de un premio por sus buenos servicios. Pero el de este año fue por capricho de funcionarios del instituto chihuahuense de la cultura, quienes leen poco y mal.


Enero 2010.

lunes, 7 de junio de 2010

el texto breve


El regreso de mi antigua columna

Por Jesús Chávez Marín

Como otros coleccionan estampillas, pipas, carros, joyas; desde 1971 colecciono frases: aforismos, calendarios, máximas, poemas de tres versos, cuentitititos. En los años ochentas inicié la publicación de esta columna; las primeras páginas de El texto breve aparecieron en el semanario La calle, luego en El Heraldo de Chihuahua y de allí pasó al semanario Ahora, de ciudad Juárez.
Reaparece hoy en el que será, según mi opinión, su espacio editorial más adecuado: El universitario. En esta primera entrega de su cuarta etapa, presentamos relatos breves de un escritor mexicano: Ezequiel Mar.
1. Marcos Inc.
Los enmascarados en Chiapas llegaron lejos, según ellos. Tal vez sí: en su oficio de tinieblas trajeron guerra a gente que andaba perjudicada; con la guerra dentro. El terror anduvo por ciudades hermosas. De pronto se llenaron de vagabundos, periodistas rijosos ante la sangre que esperan, pólvora que gustan, visión de una guerra virtual que también causa dolor. Ya deja la máscara, Marcos de risa, deja de presumir de poeta: no lo eres. Eres un cobarde disfrazado de idealista. Deja las máscaras, Marcos famoso: da la cara. Que Dios bendiga a los indios (llámalos indígenas, etnias) que sufren. Que castigue a los sepulcros blanqueados que en internet hallaron un panteón de circuitos. A un espacio de trabajo convirtieron en publicidad venenosa. (Monterrey, abril de 1998).
2. Marcándoles el paso
Una mañana de marzo, Esteban Medina escribió una carta para darles unos cuantos consejos a sus dos hijos, Alejandro y Dante. Luego de saludarlos, la carta decía:
Uno. El hombre, la mujer, deben despertar a las seis de la mañana para alcanzar metas y cumplir sueños de fortuna y sabiduría.
Dos. En la exploración, usen condón siempre; al igual que en siglos anteriores, hoy vivimos tiempos de alguna que otra infección perniciosa. Ya después, con su respectiva pareja, ustedes dos tomaran las decisiones que sigan.
Tres. Una vez al año es de ermitaño; una vez al mes, vida no es; una vez a la semana es cosa muy sana; una vez al día te saturas de algarabía.
Cuatro. Acuérdense siempre de aquella frase del Eclesiastés que en traducción ranchera dice: quien no consulta se reboruja.
Cinco. El café se toma según sus cuatro letras: caliente, amargo, fuerte y escaso. Algunos amores, igual.
Seis. Al que se levanta temprano le va bien. Al que no se levanta temprano, a veces le va bien. Pero no siempre.
Siete. Algunos perezosos podrían morir por dolor de riñones.
Ocho. El limón suele curar úlceras internas y exteriores.
Nueve. El ajo cauteriza.
Diez. Una cerveza al atardecer no daña a quien ha trabajado completa la jornada. Pero cuidado: el alcohol es un elíxir traicionero.
Once. Lo mejor para la limpieza del estómago es el estafiate.
Doce. Los artificios de salud, como también los de belleza, son para cuerpos de pensamiento nítido.
Trece. La educación física, hacer ejercicio en la mañana, resulta en ajustes y masajes que el cuerpo se da a sí mismo.
Por último y catorce: sigan leyendo libros. Como ya les he dicho, en esta vida lo único que quita lo pendejo es leer.
Colección
Flores que de pronto vuelan y en su vuelo toda la armonía de los colores flota. Luego alguien las atrapa, las clava una por una con alfileres para coleccionarlas en cajas. Ataúdes abiertos a la luz y a la contemplación de quienes en el museo las miramos muertas, bellísimas: cementerio de flores que antes fueron mariposas.
Corrección de estilo
—No, muchachito, no ponga parral con minúscula. Póngalo con mayúscula: Parral. Si de por sí, este es un pueblo menospreciado y todavía usted, para acabarla de amolar, lo escribe con minúscula. No, señor.
El grado cero del tiempo
Después de la destrucción nuclear, los relojes electrónicos siguieron marcando las horas de un tiempo que ya no existe.

Septiembre 2009