lunes, 9 de agosto de 2010

alejandro carrejo candia


La lumbre y el estallido
Presentación del libro Explosión, de Alejandro Carrejo Candia

Por Jesús Chávez Marín

El primero de julio de 1972, en la estación del ferrocarril de ciudad Jiménez, una máquina chocó contra varios carros tanque repletos de gas que estaban estacionados a un lado de la línea principal de la vía. El choque provocó dos explosiones que causaron una gran tragedia para la población.
A muchos nos tocó leer en los periódicos de aquel tiempo las noticias que relataron aquellos hechos. Alejandro Carrejo Candia escribe ahora un libro, Explosión, donde cuenta y registra las historias de aquella catástrofe.

La estructura de esta obra está compuesta por 27 capítulos, un epílogo y un poema de tono épico del escritor Javier Martínez Caballero, Mere, que concluyen y cierran cada una de las dos partes en que se divide el texto.

Cada capítulo contiene un relato, o varios relatos entrelazados, contados por personajes distintos, hombres y mujeres que fueron protagonistas de aquella tragedia. Otros capítulos reproducen notas y versiones periodísticas de la época, expuestas con todas las inexactitudes que en su tiempo produjeron la prisa, la improvisación y el descuido de corresponsales y reporteros de varios periódicos mexicanos.

En otros episodios del libro se transcriben textos históricos y crónicas antiguas que dan un contexto a los hechos narrados, o que describen escenarios y estados anímicos que expresan ambientación temporal para ubicar esta historia de hechos reales. Este material es recreado con el cuidado y profesionalismo de historiador que caracteriza a Alejandro Carrejo Candia en todos sus trabajos de escritura pública.

El narrador del libro, voz que conduce la fabulación, desaparece casi por completo, a pesar de ser un narrador protagonista y testigo cercano de los hechos. En alguna escena lo vemos apenas, como de lejos en una toma cinematográfica, apurado en los trabajos de urgencia del hospital regional, o recolectando víveres y medicinas junto con un amigo suyo, un conocido comerciante de Jiménez.
El narrador se concreta a escuchar, junto con los lectores, el discurso de los personajes, recreado en la escritura con una fidelidad de sólida verosimilitud. El discurso es el habla de personajes que 25 años después recuerdan aquella catástrofe, una de las más grandes que han sucedido en la historia de la extensa región norte del país.

La escritura de este libro es sobria y el tono estoico. No se desborda en el melodrama, lo cual hubiera sido fácil para cualquier redactor, ni tampoco se concreta a presentar en frío la información, como si el dolor de su pueblo no lo hubiera tocado.

Al reproducir las voces y los giros del habla, hace sonar en su prosa palabras bellas, hoy casi en desuso, con las que se expresaron en nuestras ciudades del norte antes de que la aplanadora de las maquiladoras y de los anuncios comerciales nos metieran a todos en este supermercado que ahora nos mal gobierna.

El amor por la tierra, la nostalgia de un tiempo de ritmo pausado y humanista, matiza el lenguaje de este bello libro escrito con el respaldo de las formas clásicas de la buena literatura y con ágil modernidad, que son los dos componentes del estilo de este excelente escritor llamado Carrejo.

A pesar de narrar los hechos espantosos de un incendio gigantesco, este libro nos produce las sensaciones de un mundo amable y generoso, un ambiente de serenidad y belleza; la elegancia de ese toque aristocrático y noble que caracteriza a los jimenenses.

En sus páginas hallamos una voz narrativa de gran originalidad. En frases breves y bien medidas late una expresividad intensa y sugerente, plena de evocaciones. Creo que Alejandro Carrejo Candia es un narrador de enorme talento natural, educado en las lecturas de los clásicos latinos y españoles que le han forjado una fortaleza de pensamiento y de recursos de lenguaje que lo hacen ser un escritor de gran poderío verbal y profundo registro.

Uno de los muchos valores de esta obra es que al contar los hechos verídicos de una catástrofe regional, Carrejo encontró la fórmula exacta para darle a su historia un alto simbolismo para pensar en la muerte, en el dolor, en el destino y en la solidaridad de los pueblos; en la lumbre como metáfora del mítico fuego de nuestros miedos antiguos y ancestrales.

Saludo con todo el respeto y el amor de amigo a este hombre, cuya amistad y cuyas palabras han enriquecido mi vida, este escritor, este hombre público llamado Alejandro.


Octubre 2000

domingo, 8 de agosto de 2010

unam


Opiniones sobre la huelga de la UNAM en 1999

Por Jesús Chávez Marín

Cumplió seis meses la suspensión de labores en la Universidad Nacional Autónoma de México: huelga, según la perspectiva de unos, paro ilegal según otros. La acción por la que se inició el movimiento fue el nuevo régimen de cuotas, que en el proyecto significaban un aumento considerable, o, más bien, el inicio real de un régimen de cuotas, dado el carácter completamente simbólico de las anteriores. Junto a este aumento, también se propusieron, y fueron aprobadas algunas normas de inscripción y de límites de permanencia, condicionadas al rendimiento académico.
Ya en 1987, cuando el rector era Jorge Carpizo, se había presentado este mismo conflicto de las cuotas; también en ese año hubo protestas y paros en algunas facultades. Y también ese año era preelectoral para la presidencia de la república, como lo es 1999.
Aunque las elecciones presidenciales no son, por supuesto, el único factor de un movimiento estudiantil como el presente, no puede ignorarse que es un ambiente propicio de revuelta. Y de que muchas corrientes políticas y sociales seguramente intervienen de alguna manera en el conflicto, buscando favorecer sus intereses de grupo.
En un movimiento social como este, la información que llega a Chihuahua nunca es completa ni transparente. En la televisión puede verse el espectáculo notorio del manejo interesado, fragmentado y digerido de las noticias que son presentadas para crear una opinión adversa al movimiento: los locutores de Televisa y de Tv Azteca insisten en presentar a los estudiantes paristas como verdaderos delincuentes. Y no solo los noticieros y los programas “de opinión”, sino también los cómicos y hasta los actores de telenovelas, cuando llegan a tocar el tema. En los periódicos locales no aparece un interés periodístico serio por informar sobre la UNAM: solo notas fragmentadas y artículos de opinión aislados.
Parece que hay mucha gente interesada en que el conflicto se alargue y se degrade, al no encontrar vías de solución. Es de suponer que muchos jóvenes y padres de familia estén preocupados por el futuro de la formación profesional de los jóvenes.
Los argumentos de los paristas son en el sentido de que en la UNAM se tienda hacia la educación privada, que marginaría para siempre de la educación superior a quienes no tengan recursos económicos altos. Insisten en comparar la situación del Fobaproa, a donde se canalizaron enormes recursos financieros y compromisos futuros con cargo a los impuestos, con los subsidios universitarios que en los años recientes han ido disminuyendo.
Esta tendencia hacia cargar los costos de la educación superior a los estudiantes y a sus familias está inscrita en los fundamentos del libre comercio, del liberalismo total que ha venido desmantelando las formas de financiamiento público al desarrollo social. Por ejemplo, la medicina social ha disminuido drásticamente su calidad, lo mismo la vivienda, el fondo de pensiones, hasta el mismo tránsito por las carreteras públicas.
Algunos líderes de la industria han propuesto, con toda sangre fría, que se desaparezca la UNAM. Este sería el inicio de la desaparición de la universidad pública en todo el país. También han propuesto que se fragmente a la UNAM, que se queden varias escuelas aisladas en su administración y en su proyecto académico.
El gobierno, por su parte, no tiene una postura oficial mas allá del respeto a la autonomía universitaria. Los brotes de violencia han sido tratados con prudencia, quizá gracias a que el gobierno de la gigantesca ciudad está a cargo de funcionarios de un partido distinto al gobierno federal. Seguramente esto produce un equilibrio que ha sido saludable en este asunto tan delicado, a pesar de eso se ha dado el vandalismo y el saqueo que han dañado las instalaciones de las diversas facultades. También resulta grave la interrupción de proyectos científicos que se ha visto seriamante dañados con la suspención de labores. Seguramente esto ha causado enormes daños en el desarrollo del país.
Es difícil opinar en un ambiente tan confuso como el que se ha dado en la UNAM. Los líderes parecen agresivos y poco razonables. Las respuestas oficiales que se han dado, por parte del rector Barnés, de los maestros eméritos, tampoco han sido ni claras ni generosas. Es un conflicto muy enrarecido. Y para la visión de los hechos, pesa demasiado el de que en nuestros años la prensa, y por lo tanto la información, casi en su totalidad es manejada por empresarios que anteponen sus intereses a la sencilla verdad de los hechos. Así que todo lo que hoy podemos conocer es la información ya procesada y administrada por los grandes capitanes de las cadenas periodísticas, las televisoras y las agencias privadas y de gobierno.

Diciembre 1999

sábado, 7 de agosto de 2010

susana y alfonso


Un libro con 21 escritores
Presentación del libro Campos ignotos,
cuyos compiladores son Susana Avitia Ponce de León y Alfonso Chávez Salcido

Por Jesús Chávez Marín

Enmedio de un taller literario nacen y suceden muchas historias. En los hilos con los que se forma un texto están los colores y las mezclas; biografías y vidas reflejadas en versos y canciones; relatos de pueblos fantasmas y la intimidad secreta. Para cualquier profano sería atractivo asistir a escondidas a algunas sesiones, asomarse a lo que allí se escribe, entrar a las casas donde los personajes se desplazan, intuir las sombras del pasado que parecen oscurecer algunas miradas.

Con este libro, Campos ignotos, formado con obra de 21 autores que son o han sido integrantes del Taller Literario Pablo Ochoa, coordinado desde hace 15 años por el escritor Mario Arras, los lectores tenemos la oportunidad de frecuentar esos campos, esas regiones recreadas en el lenguaje. La diferencia es que aquí hallaremos los textos ya terminados, pulidos, terminados. Cuando ya cada autor salió campante de batallas ganadas a las dificultades de escribir, corregir, borrar, cotejar con otros el texto propio.

De esta manera, el libro se ofrece en esta edición como un trabajo profesional. No el producto de un taller literario, sino la compilación de textos que ya tienen su propio vuelo. Una de las sorpresas más gratas es hallar aquí temperamentos artísticos independientes, y no la huella colectiva de la que adolecen algunos talleres, donde todos los integrantes escriben con un mismo estilo.

Para que existan este tipo de libros que incluyen a varios autores, es necesaria la generosidad de algunas personas que tienen interés en la obra de los demás, y no solamente en la suya propia. El hecho de que la doctora Susana Avitia Ponce de León, el licenciado Alfonso Chávez Salcido y el mismo coordinador del Taller, el arquitecto Mario Arras, se propusieran la tarea de compilar los poemas y relatos que forman este libro, es el origen de su actual edición. Con su trabajo, ellos presentan en forma conjunta una muestra de la literatura que su grupo produce.

El libro está organizado en orden alfabético de los nombres de los autores compilados; se divide en dos partes: poesía y narrativa, con 70 páginas cada una.

Luego de una breve presentación, escrita por Mario Arras, la obra se arranca con poemas de Margarita Aguilar. Estos son los dos primeros versos:

Hoy enredo un pesado hilo de noche
en el carrete inmóvil de mi cuerpo.

Como ella se fue a radicar a otra ciudad, hacía años que no se publicaban en Chihuahua textos de esta escritora cuya pulidísima escritura fue muy apreciada a finales de los años ochentas en revistas y suplementos. Ella se formó en el Taller de Mario Arras y Ramón Antonio Armendáriz le publicó en Zacatecas su primer poemario.

El sonido de su poesía parece brotar desde recintos confortables, limpios y de finos aromas, pero el sentido de las palabras evocan cierta nostalgia, un tenue dolor de quien añora una libertad perdida. “Me asomo a la ventana. No te veo”. Por supuesto, me refiero a los poemas incluidos en esta muestra, no a toda la obra de Margarita Aguilar. En otra parte vienen estos dos versos: “Esperarte/ labor de artesanía”. Este tipo de giros donde una zona abstracta del significado se mezcla a una descripción realista se da con mucha naturalidad en la escritura de esta autora, sin que llegue a parecer exagerada ni demasiado intelectual.

El segundo autor es Rafael Ávila. Con su poema llamado "Maquia" hace llover un caudal de sensaciones de muchos tipos, algunas de gran intensidad y otras que son de una vigorosa ternura. Maquia, maquinación de palabras, máquina de sonidos que se armonizan. La musicalidad de este largo poema es una de sus mayores gracias. Por ejemplo, escúchense estos dos versos:

Apenas el silencio toca el nombre de las cosas
la mirada la palabra la penumbra la morada

Por la temática, la estructura del poema y su organización sonora, esta obra es una expresión de las atmósferas en las que nos toca vivir en estos tiempos.

Susana Avitia Ponce de León, en su poema "Retorno" construye una complicada metáfora de la soledad, no solo la de la voz poética que pronuncia el discurso, sino la expansión espacial y temporal de ese destino de solitarios:

algunos rostros se cubrieron con máscaras
otros se desvanecían en las esquinas
los hombres caminaban unidos
para resistir la borrasca

También en sus otros poemas incluidos esta autora maneja una caudal de imágenes logradas a base de una enorme capacidad de verbalización. El abanico temático va desde las sensaciones cercanas y sutiles del cuerpo hacia universos de significación de gran complejidad.

Lilly Blake aparece con tres poemas. Sus breves textos tienen esa marca suya donde un mundo intelectual a veces muy profundo brilla en pocas palabras y en un sonido de fina musicalidad.

Lourdes Camarena maneja con gran habilidad el verso largo. Véase esta sola muestra:

Anochece y la luz se escurre de los objetos, de las paredes.
La somnolencia viaja con el viento e invade los cuerpos.
Cesan los movimientos. Encuentra lugar el silencio.

Bertha Lucía Cano Medina tiene poemas de dos tipos, principalmente los de paisaje, donde su capacidad de observación se une a su expresiva sensibilidad; y los intimistas, de fino registro conceptual mezclado con una sobria emotividad, como en estos versos:

Como ala de gaviota
escribiste en mi piel
con caracolas
dejando entre mis dedos tu calor.

Rafael Cárdenas es un escritor extraño. Desde cada uno de sus poemas puede saltar una criatura fantástica o una caja de caramelos agridulces. También puede volar un pterodáctilo color de rosa mexicano. Voy a escribir aquí los títulos de tres de sus poemas: Lápiz del No. 2, Oraciones en la caja y Bendigo mi cena frente a la tele.

Tere Cuevas tiene aquí un solo poema, "La danza de los sentidos". Entre las imágenes, muy expresivas, que forman el texto, voy a decirles esta: “Soy un nómada en mi propio mundo”.

Alfonso Chávez Salcido escribe en este libro siete poemas de amor, expresado en figuras de gran riqueza, como en estos tres versos:

en la casa de la noche
donde abrí las puertas del amor
para esperarte.

Margarita Etchéchury nos ofrece cuatro piezas de su elegante lírica; pongamos aquí un fragmento de uno de los cuatro poemas:

Ya no son más guirnaldas
sin tu aroma
estas noches tan frías
ya no son más que dunas
desoladas
estas sábanas mías
ya no son nochebuenas
sin tu fuego
estas noches de invierno

Irma Pérez escribe de sentimientos muy reconocibles para los lectores. El dolor expresado en una especie de carta de despedida y el naufragio del amor a la mitad de la calle. La sencillez es la virtud mayor de sus poemas. Con este, terminan mis comentarios para este libro colectivo.

Junio 1999

raúl sánchez trillo


Sánchez Trillo: luz, ideas, imaginación

Por Jesús Chávez Marín

El arte fotográfico de Raúl Sánchez Trillo es la impresión instantánea de muchas historias. Cada una de sus fotos está compuesta con la visión de un narrador que de pronto tuviera una visión suspendida donde sus personajes, el tiempo que fluye y la descripción de los objetos, el espacio, la tierra y sus luces quedaran estampados en un plano.
Por eso cada una de las fotos expresa una energía donde la vida cotidiana se refleja en una idea proyectada por la imaginación.
La formación humanística de Sánchez Trillo viene de cuatro vertientes: la literatura, la filosofía, el cine y el diseño gráfico. Escritor de relatos y magnífico conversador, tiene una capacidad de observación detallada y sutil: su mirada es extensa y certera.
En sus fotos se forma la silueta de una idea universal y trascendente de la figura humana. En los paisajes, por ejemplo, la naturaleza está habitada por objetos producidos en el trabajo. Las piedras labradas, la rústica madera de una cerca, vitrales, torres, muros con pintas de jóvenes habitantes de las ciudades.
El estudio cuidadoso de los rostros, en sus retratos, se armoniza con el espacio de la fotografía. Le gusta captar imágenes íntimas de las casas donde vive la gente, en el momento cotidiano y reposado de los habitantes. Una señora que descansa en una silla de su cocina, en el marco de sus trastes limpios, las cortinas de plástico florecido en el umbral de la puerta, el mantelito de la mesa donde están las tijeras y los lápices con los que un niño, que salió a jugar, hacía la tarea. La pareja de jóvenes enamorados que ilumna el espacio áspero de una calle donde la chatarra de un carro en ruinas, los bloques de cemento y las varillas de acero, mezclados con el árbol al fondo, son el paisaje natural.
Raúl Sánchez Trillo, escritor de fina prosa e ingenio irónico inagotable, se vuelve poeta en sus fotos. Sin duda sus imágenes son espejo fiel de nuestras ciudades, vistas y retratadas en la escritura, la fotografía y el diseño de este artista siempre despierto, pensador y protagonista decidido de nuestro tiempo chihuahuense.


Octubre 1999

miércoles, 4 de agosto de 2010

instrucciones para escribir un haikú


Instrucciones para escribir un haikú

Por Jesús Chávez Marín

En mi curso de taller literario, la joven y talentosa Gabriela Rascón Licano, escritora mexicana, autora de la novela Desierto rojo, preguntó si es posible escribir en español un poema haikú. Le conté de las aproximaciones posibles a ese acto estético, de los buenos textos de José Juan Tablada como “es mar la noche negra, la nube es una concha, la luna es una perla”. O aquel otro suyo de lo más misterioso: “el mono me mira, quiere decirme algo que se le olvida”. También de los poemas haikú de Octavio Paz y sobre todo sus magníficos ensayos sobre el tema. Entonces desempolvé aquel viejo texto mío de los tiempos cuando fui profesor en el Colegio de Bachilleres, que a continuación y de inmediato transcribo.

Instrucciones para escribir un haikú

1. El haikú solo se escribe en el trayecto, en el viaje. La caminata.

2. Este poema contiene entre los elementos de su sonido abstracto la conexión simbólica con alguna de las cuatro estaciones: primavera, verano, otoño, invierno.

3. El haikú es una contemplación de la naturaleza. De sus esencias: árboles, montañas, estrellas, jarillas, arena, perfume.

4. El haikú se imagina en la percepción de los cinco sentidos: vista (trazos, líneas, arco iris); olfato (fragancia, jazmín, Perry Ellies); oído (música, sensualidad de una voz, gritos); tacto (un beso, la caricia, el dolor); gusto (saborear la comida, un beso muy profundo, alimentar a tu hijo).

5. El pensamiento del haikú tiene su disciplina en el arte de la respiración, los sistemas de pensamiento zen, la gimnasia, el ambiente de los samuráis y el universo de las geishas. Estas simbologías podrían hallar similitud en escuelas filosóficas occidentales.

6. La forma de versificación haikú es estricta. A pesar de que el idioma japonés al ser tan sintético es casi natural para la redacción de haikú, quien lo intente en otros idiomas debe redactar en el sentido de su preceptiva.

7. El haikú esta compuesto por tres versos. El primero de cinco sílabas. El segundo de siete. El tercero, que es la conclusión del poema, de cinco sílabas. De tal suerte, el poema completo tiene 17.

8. El haikú no lleva rima ni punto final, aunque sí la puntuación que la gramática marque en el interior de su texto.

8. El poema expresa un pensamiento completo. Autónomo y sin dependencia de ninguna estrofa anterior o posterior a su escritura.

Aquí concluye esa antigua lección.

Noviembre 2009

martes, 3 de agosto de 2010

civilización del espectáculo


Con el circo en las entrañas

Por Jesús Chávez Marín

En meses recientes se soltó en varios sitios de internet una discusión que levantó polvo y polémica: el tema fue un fenómeno de la cultura de nuestro siglo al que se le empieza a conocer como la civilización del espectáculo. Este concepto se inició en febrero 2010 con una crónica extensa que el novelista Mario Vargas Llosa publicó en la revista Letras Libres. Al inicio de su texto, define y nombra de esta manera: “la civilización del espectáculo es un mundo en el que el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento; donde divertirse y escapar del aburrimiento es la pasión universal”.

Puso el dedo en la llaga: la frivolidad con la que ahora manejamos la vida pública está llegando a un nivel que ya debería preocuparnos. Hoy se habla mucho y con descuido de la supuesta pérdida de valores de las sociedades contemporáneas; esto se ha vuelto en algunas instituciones educativas un tema de moda, de tal forma de que ya cualquier profesor se suelta filosofando sin ton ni son, y algunos hasta publican severos libros sobre el tema.

Sin embargo cualquiera sabe que son los usos y costumbres los que marcan la pauta en los conceptos éticos, y no al revés. Un ejemplo lo vemos en las campañas políticas de los recientes años, donde ya parece tener más importancia la presencia de cantantes y bandas musicales que de los propios candidatos que en actos públicos supuestamente salen a desglosar propuestas y programas de gobierno que ofrecen a los votantes. Hasta puede hablarse ahora de un mercado electoral, más que del ejercicio de un ambiente cívico. Ya ni por asomo hay en los discursos ideologías ni doctrinas ni conceptos políticos; solo queda el ruido de los lemas de campaña, que en su concepción parecen iguales a los lemas que anuncian cualquier producto comercial.

De igual manera para el espectador quedan al mismo nivel, por ejemplo, un candidato a la presidencia de la república y el cantante Vicente Fernández, quienes además comparten el mismo escenario en el acto político; de igual forma se iguala y uniformiza al extremo “una ópera de Wagner, la filosofía de Kant, un concierto de los Rolling Stones y una función del Cirque du Solei”.

Todavía hace diez años los organizadores de actos políticos contrataban cómicos y músicos para que, dos horas antes de un acto partidista, fueran calentando el escenario y se juntara gente. A la hora del mitin, los artistas se iban y aparecían los candidatos y los oradores con su propio show: eran buenos para echar discursos, manejaban una que otra idea, citaban a los clásicos de la política y de la moral pública.

Actualmente, mariaches y políticos salen juntos, alternan participaciones, compiten al tú por tú en una especie de hit parade del carisma. Y no compiten con ideales ni con programas de redención social, sino con cirugías plásticas, letreros en las camisetas y sonrisas a como dé lugar.

En estas dos semanas hemos presenciado otro de los ejemplos de este tipo de conductas colectivas: el fanatismo exacerbado en el mundial de fut. Los deportes del siglo dejaron de ser cultivo de una disciplina física, ya no digamos la meditación encausada en el movimiento y la respiración. Ahora son una industria del espectáculo, y en algunos eventos hasta ha causado matanzas y catástrofes.
En el mismo artículo, Vargas Llosa narra lo que sucede en las canchas donde se juega un partido de futbol: “es un espectáculo que desencadena en el individuo instintos y pulsiones irracionales que le permiten renunciar a su condición civilizada y conducirse, a lo largo de un partido, como miembros de la horda primitiva”.

Y así podemos seguirle: en cada uno de los actos públicos se ve reflejada esta tendencia de las sociedades modernas, la de convertir los asuntos de la vida en un mero entretenimiento. Un ejemplo: todavía hace pocos años, cuando una pareja se casaba, lo esencial era la ceremonia civil o religiosa del matrimonio. Los invitados y familiares tenían la mística de asistir a un acto importante en la vida de dos personas; la fiesta que seguía después, era una forma de celebración que se realizaba en homenaje, que subrayaba la alegría y la solemnidad del rito. Ahora, en cambio, las personas que organizan una boda ocupan el 80 por ciento de los recursos económicos, y del tiempo programado, incluso de la intención y propósito central, en la música, las fotos, los vestidos, el video, el banquete; en una palabra: la fiesta es lo importante, y pareciera que la ceremonia nupcial solo fuera un débil pretexto, ya sin importancia alguna, para que se organice el baile y el banquete.

Podríamos enfocar la atención en cada uno de los aspectos cotidianos de la vida actual, para ver cómo el boato y la diversión predominan en el manejo del tiempo, y es costumbre tanto de los jóvenes como de los adultos. Lo mismo sucede en la distribución de los recursos: como lo escribió a principios del siglo pasado el filósofo español Ortega y Gasset: se gasta más en lo superfluo que en lo necesario. No solo el dinero, también el tiempo de la vida.

Como parte de esa misma tendencia, algunos colegios y universidades privadas de esta ciudad dejaron ya de invitar para sus semanas culturales a escritores o científicos; ahora invitan a que den conferencias a personalidades de la televisión. Y no me refiero a periodistas supuestamente serios como podrían serlo Javier Alatorre o Joaquín López Dóriga. Los que ilustran a los jóvenes estudiantes de esas escuelas son ex futbolistas y cómicos, actrices de telenovela y primeros actores del melodrama. Jordi Rosado y Sofía Niño de Rivera, dos ejemplos.

De la misma manera ha sucedido con los programas oficiales de cultura: ya no invitan a Elena Poniatowska ni a Carlos Fuentes, como antes, sino a los tigres del norte, a la banda limón y a los cadetes de linares. Las vacas sagradas ya no serán Juan Rulfo ni Octavio Paz, sino Joan Sebastián el poeta del jaripeo; Vicente Fernández que no deja de cantar hasta que el público cae desmayado por la borrachera y la desvelada; los cumbia kings con sus cursilerías a ritmo de salsa tex mex y, por supuesto, ese milagro de la biología y la cirugía bien alimentada que responde al dulce nombre de Maribel Guardia.

Julio 2010.

lunes, 2 de agosto de 2010

moisés ordaz


Moisés

Por Jesús Chávez Marín

La vida de Moisés Ordaz es múltiple, como la de todos los artistas. Vive en el sonido armonioso de su violín, que en sus manos, sus dedos, su cuerpo, en las cuerdas, la fina madera, los músculos, parecen el artista y el instrumento un solo ser misterioso que expresa bellamente sentimientos, sensaciones, pensamientos que solamente la música puede comunicar con su lenguaje místico.

Quienes escuchamos tocar a Moisés Ordaz vamos sintiendo una purificación extraña, una claridad pacificadora, y nos quedamos pensando que la vida es alegre, la felicidad existe en algún lugar de este mundo y podríamos llegar a esa región si seguimos los caminos luminosos de aquel sonido. Por eso las colectividades humanas sienten un amor instintivo por los artistas. Por eso la fotografía más clásica de Moisés Ordaz es la de un hombre elegantemente vestido, con su violín al hombro, su noble cabeza ligeramente inclinada hacia el instrumento y sus manos hábiles pulsando las cuerdas y el arco.

Otra de las vidas de este artista nuestro es la del maestro, profesor, director, educador. Desde joven inició con su padre estudios musicales y nunca ha dejado de acercarse a los buenos maestros. Ha sido amigo personal de grandes músicos, de los cuales aprendió verdades del arte y ejercicios prácticos del oficio. Ha pulido su profesión artística con paciencia, disciplina y constancia. Y ha sido extraordinariamente generoso con sus conocimientos. Muchos músicos se han formado con el maestro Moisés Ordaz.

En los inicios de la Universidad Autónoma de Chihuahua, su presencia fue siempre distinguida, primero como discípulo y luego como profesor de la Escuela de Música, después como maestro de Bellas Artes y fundador del Cuarteto Clásico de la Universidad de Chihuahua; en 1960 funda la Orquesta Clásica, y pocos años después la actual Orquesta Sinfónica de la Universidad, de la cual es director.

Parte fundamental de la vida cultural de Chihuahua son los conciertos didácticos que ha ofrecido en las ciudades de esta vasta región: en templos, plazas, colonias y aún en pequeños poblados, muchos hombres, mujeres y niños vivieron su primer contacto con el arte de la música gracias a las orquestas y grupos musicales formados y dirigidos por este hombre feliz y visionario.

El testimonio gráfico de esta otra vida de Moisés Ordaz es un dilatado conjunto de papel impreso: desde programas lujosos de gran diseño, realizados en papel muy fino, hasta modestos folletos que anuncian un concierto en el templo de algún pueblo olvidado. El nombre de Moisés Ordaz aparece en los periódicos de Chihuahua desde los años cincuentas. Algunas de esas publicaciones ya desaparecieron, pero su registro queda en la historia. También en revistas mexicanas y extranjeras aparece como personaje este hombre trashumante que ha sido invitado de honor en muchas partes. Una multitud de personas fueron seducidas por el ministerio de su violín y de su oficio.

El escritor Mario Arras me dijo estas palabras: “Moisés Ordaz es uno de los grandes artistas de Chihuahua. Es el digno sucesor de Ernesto Talavera, en el mismo nivel. Y aunque es hoy nuestro mejor violinista, es un hombre afable, sencillo, comunicativo. Y es humilde, en relación a su valor artístico”.

Moisés Ordaz vive muchas otras vidas: en el recuerdo de quienes oyeron su música; en la amistad de sus colegas; en el talento desarrollado de sus discípulos; en la memoria de numerosas salas de concierto, salones de cámara, templos, auditorios; en las noches de gala, de bodas, de homenajes preparados para otras personas, en las que la presencia de este artista sencillo y grandioso ha ofrecido el lujo de su música.

Esta noche asistimos a un espectáculo magnífico: la conjunción artística que Moisés Ordaz y su amigo, el pintor y escultor Luis Aragón, llamaron Opus nigrum. Música y formas visuales. Sonidos y pintura. El lenguaje universal del arte, que tiene tantos cauces, nos comunica en estas horas pensamientos que no se nos habían ocurrido, imágenes que ahora se mezclan con recuerdos y nos revelan secretos que siempre fueron nuestros y que ahora salen a la luz gracias a los prodigios del arte, al oficio de dos artistas prodigiosos: Luis Aragón y Moisés Ordaz.

Junio 2000.