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lunes, 25 de enero de 2016

Pero de todos modos qué linda Corín Tellado

Abuelita, el distinguido chihuahuense y Corín


Por Jesús Chávez Marín


Dónde está la literatura. Cuál es la diferencia entre cualquier novela de Corín Tellado y alguna de Carlos Fuentes. Entre una bonita poesía que escribe, y a veces publica en algún diario local, aquella abuela ociosa y arrebatada de emoción ante su nieto recién nacido y un poema de José Emilio Pacheco. Qué distingue a un cuento hipócrita donde se idealice torpemente el carácter tarahumara y se titule por ejemplo Tras el monte y la cascada, de una pieza teatral de Manuel Talavera Trejo.

Quizá la diferencia más notable está en los objetivos que llevan al acto de escritura de esos textos.

La novelita de Corín repite la misma estructura de todas las de su abultada producción, como receta; maneja las variantes de una misma historia donde la linda jovencita termina atapando al príncipe que soñaba: azul, joven, guapo y rico. Las intenciones de escritura son lograr ventas de libros y para ello se dirige sin recato a la clientela cautiva de las lecturas fáciles, alienantes y light.

El texto cortado en líneas breves, que la abuela llama poesía, se propone dar rienda suelta a la brusca emotividad y a la compulsiva tendencia común de algunas personas de ofrecer consejos a diestra y siniestra: “que tu vida sea recta como el recto candor de los ángeles; tu alma, perfecta”.

El objetivo del cuento de tarahumares es precisamente escribir sobre ellos, explotar el tema dizque folklórico poético, resaltar el valor de una cultura a la que hemos sofocado. Ofrece un mensaje pleno de humanismo y enseña qué buenos y estéticos son los rarámuris, cuán noble y generoso es el autor al ocuparse de ellos.

Los objetivos de un texto que sí sea literario están dentro del mismo acto de la escritura. No hay recetas. Los problemas técnicos, estructurales y léxicos habrán de resolverse en función al texto mismo, no a situaciones ajenas, referenciales, sentimentales, filosóficas.

El texto literario no es una cañería para vaciar sentimientos palpitantes. Busca crear un efecto único, distinto, conectarse a pulsiones lúcidas y míticas del hecho humano.

La literatura no quiere aleccionar ni dar mensajes, convencer ni informar. Encuentra las mecánicas más plenas del pensamiento, lo lúdico, sensible y libre de nuevos modos de elaboración de conceptos a los que no sean ajenos al juego, la alegría, la emoción, la libertad. Es una forma de conocimiento más profunda y extensa.

Ni a la escritura ni a la lectura de un texto literario pueden imponerse esquemas o doctrinas. El ejercicio de la literatura, que se realiza en los actos de escribir y de leer, quiere ser la búsqueda de regiones nuevas, de otras relaciones de la realidad donde no solo se incluya la materialidad del mundo, sino además la imaginación, los sueños, la fantasía.

Y claro que el ejercicio de la literatura no niega ni invalida la dignidad de otras actividades, la militancia política, la filosofía, la experimentación científica, el periodismo. Pero estos son otros ejercicios que no deben imponerse ni confundirse a la literatura.

El texto literario pretende ser un objeto único, valioso por sí mismo; signo autónomo entre la masa de los signos del lenguaje, del idioma. Un cuento, un poema, una novela no valen por la información que contienen ni por las ideas que elaboran o por su atinada moral.

Roman Jackobson fatiga profesores que repiten aquel esquema suyo de las seis funciones del lenguaje, entre ellas la función poética: la que se da en el texto hacia sí mismo, que se elabora como a una escultura, que se ordena con la armonía con que un danzante podría hacer que su cuerpo flotara en una danza sutil, irrepetible.

Por eso el texto literario no exige a su lector ninguna ideología, moral ni religión; ni siquiera le obliga a leer el libro completo si al lector no le gusta o no puede gustarle. El acto de leer es la libertad misma.

El lector cumple su natural vocación de libertad en el acto estético de leer un poema. También en el acto de tirar el libro a un lado, si le da la gana. Es cosa suya decidir si entabla o no con el texto el compromiso de la comunicación, la respuesta de recrear a la literatura.

Leer es una actividad intensa y dinámica, que exige irremisiblemente la transformación del mundo. Un libro, cuando no cambia en algún modo la vida del lector, no ha sido aún leído del todo.


Septiembre 1984.

lunes, 4 de agosto de 2014

JChM. Defeños deciden aquí la calidad literaria. Mario Saavedra piensa que ellos son los únicos jueces válidos


Defeños deciden aquí la calidad literaria. Saavedra piensa que ellos son los únicos jueces válidos 

Por Jesús Chávez Marín 

Un curioso caso de centralismo trasnochado, en una región cuyo gobernador ha ganado prestigio de rebelde y crítico frente al aparato federal, sucede en la coordinación de las becas Siqueiros que otorga el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes: son exclusivamente defeños los jueces de ese concurso anual.

Y no solo las becas: también el Premio Chihuahua y el Premio Testimonio, que el Gobierno del Estado otorga cada año a los más distinguidos artistas mediante concurso, tienen como jueces a señores y señoras que moran y trabajan en el Distrito Federal.

El coordinador de los tres certámenes es Mario Saavedra, jefe de áreas del Instituto Chihuahuense de la Cultura. Cuando le preguntan sobre ese asunto, responde: “es para garantizar la objetividad y la justicia de los premios y estímulos, con jurados que no sean de aquí, para que no sepan la identidad de los concursantes”.

Sin embargo, pareciera que no hay literatos en Durango, por ejemplo, en Monterrey o Sinaloa, que pudieran ser tan capaces como los capitalinos para juzgar la calidad literaria de los chihuahuenses.

Y es que a Saavedra le gusta ir al Distrito Federal, con sus efectivos viáticos de gobierno, para que sean los de allá quienes decidan a quiénes, entre los que en esta tierra escriben, habrán de otorgarles ellos una beca, un premio.

A este señor no se le ocurre pensar que a lo mejor los intelectuales del Distrito Federal no comprenden del todo el lenguaje, el habla y las reflexiones de nosotros, fronterizos habitantes de la sierra y el desierto de Chihuahua.

Otra situación grave es que cuando Saavedra anuncia a los ganadores de cada año. Tiene por costumbre mantener en secreto los nombres de quienes integraron el jurado de cada concurso, cuando dar esa información es compromiso establecido en la convocatoria y en la Ley del Premio Chihuahua. Todo esto debería preocuparnos un tanto, cuanto, ¿no creen ustedes? 

Enero 2003

lunes, 28 de julio de 2014

Ichicult 2003


Informe de actividades: no hay presupuesto, la única respuesta del sofista Rico Bovio. 

Por Jesús Chávez Marín 

El reporte anual de la acción del doctor Arturo Rico Bovio como director del Instituto Chihuahuense de la Cultura podría comprimirse en esta frase: “es cierto que hicimos muy poquitas cosas, pero es que casi no nos dan presupuesto”.

El acertijo que no se ha resuelto es saber entonces cómo, sin presupuesto, se paga el salario de tan distinguido señor.

Rico Bovio considera que su única obligación es echar discursos almibarados en ceremonias oficiales: se le olvida que un funcionario moderno gestiona sus recursos en lugar de tanta lamentación por partidas escasas.

Mientras tanto, la gente sigue esperando que Ignacio Medrano, jefe de la oficina de teatro, aparezca en escena luego de 4 años de regentear una ciudad sin funciones ni espectáculos. Que la señorita Josefina Sandoval deje de improvisar kermesses del libro en lugar de ofrecer algún servicio a los escritores de la ciudad y del estado ya que para eso, se supone, es ella jefa de la oficina de literatura. La lista podrá seguir, pero por ahora la dejamos en esos dos casos ejemplares.

Para no pecar de injustos hay que señalar lo que sí funciona en ese Instituto: la Casa Redonda, dirigida con admirable disciplina por José Pedro Gaytán; el programa de publicaciones, con la puntual coordinación del editor Ramón Antonio Armendáriz; las exposiciones en el vestíbulo del Teatro de los Héroes con la amable atención del artista José Arreguín y la oficina de culturas étnicas del poeta Enrique Servín, quien además sacó este año su libro Hablemos tarahumar, valioso documento literario y lingüístico.

Pero todos los demás, luego de 4 años, deberían ya de ponerle al trabajo en lugar de seguirle diciendo a todo mundo que el gasto no alcanza ni para el agua del café. 

Enero de 2003

lunes, 21 de julio de 2014

jorge carrera robles



Los caminos de la vida cultural

Por Jesús Chávez Marín

La administración del Instituto Chihuahuense de la Cultura que está por concluir se caracterizó por dos líneas de acción: dilapidar casi la totalidad de su presupuesto en el festival “internacional” Chihuahua, FICh, y tratar miserablemente a los artistas del estado. Esa fue la política constante del director Jorge Carrera Robles durante 6 años.

A pesar de eso, no hay grandes diferencias con las administraciones anteriores de ese instituto, inaugurado el 19 de marzo de 1992. Todas se han caracterizado por su mezquindad o por el escaso presupuesto que le asigna el gobierno de Chihuahua a los asuntos del pensamiento y el arte.

Por ejemplo, el director anterior, Arturo Rico Bovio, se la pasó diciéndole a todo mundo que casi no se podía hacer nada porque no había recursos económicos y el gobernador en turno ni siquiera lo recibía en audiencia. Y el de más antes, Leonel Durán, gastó los años haciendo diagnósticos y planes que jamás se cumplieron. Esto ha sido casi una situación de daño total.

El nuevo gobierno tendrá la tarea de empezar casi desde cero, con acciones radicales: cancelar el FICh, que solo ha servido para rendirle culto a la personalidad del gobernador: ni logró ser internacional, ni fuente de promoción turística, ni se posicionó como tema favorable frente al desprestigio que en los medios mundiales causaban las noticias las mujeres asesinadas en Juárez y, años después, de los balazos y los ejecutados en las ciudades y en la sierra de Chihuahua. Algunos parroquianos de los ambientes culturales cuentan, en cambio, múltiples leyendas de corrupción en las contrataciones de los artistas que presentaba el festival, y otras estafas parecidas. Pero a las pruebas no se remiten, porque son de difícil acceso.

Otra acción radical tendría que ser, de plano, cancelar también el instituto de cultura y empezar desde cero con otro proyecto, uno eficiente, más abierto hacia los trabajadores del arte y el pensamiento, y con presupuesto suficiente para iniciar ahora sí el desarrollo cultural de Chihuahua.

Para los asuntos de la cultura, los gobernadores anteriores y los directores del Instituto de Cultura se concretaban a consultar, nomás para aparentar que consultaban y tomaban en serio ese proyecto, a los “chihuahuenses distinguidos” que viven en la ciudad de México, los que tienen fama de cultos y cuya función ha sido solamente venir a recibir premios y homenajes de parte de su terruño de nacimiento e infancia. A los escritores, pintores, actores, músicos de las ciudades de Chihuahua jamás les tomaron parecer, ni por no dejar.

En este artículo voy a imaginar que algún señor de los que están a punto de asumir los cargos del poder público, se toma la molestia de tomar el parecer de algunos de quienes aquí trabajamos en la producción cultural de Chihuahua, proponiendo 10 líneas de acción.

1. No desaparecer, ni reasignar en otros programas, los presupuestos del Festival Internacional Chihuahua y el del Instituto Chihuahuense de la Cultura, sino conservar la misma cantidad para cubrir el costo de las nuevas acciones.

2. Fundar una oficina de administración de esos recursos, con poco personal, pero muy eficiente y honesto, que tendrá tareas de financiamiento y distribución de recursos.

3. Fundar otra oficina, independiente de la anterior, de las mismas características de efectividad y honradez, para que coordine las partidas presupuestarias del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, como las becas, culturas populares, pacmyc y otras. También para que gestiones otro tipo de recursos federales, internacionales y de la iniciativa privada mexicana, que suelen asignarse a la promoción cultural y artística.

4. Invitar a los artistas, filósofos, científicos, periodistas, escritores, músicos, actores, danzantes, a que presenten proyectos, propuestas y presupuestos, no a concurso sino a dictámenes técnicos, a fin de obtener recursos y recibir supervisón, contratos y financiamiento.

5. Fundar un colegio que coordine cursos prácticos de escritura literaria, de lectura, pintura, danza, teatro, filosofía, etcétera, en todos los municipios de Chihuahua, de acuerdo a la población y a los intereses de cada comunidad.

6. Iniciar otra coordinación para que administre los programas que, a pesar de la torpeza y el egoísmo casi autista de los directores anteriormente nombrados, sí han funcionado más o menos: la casa redonda, la orquesta, de momento no recuerdo algún otro.

7. Cancelar de un plumazo el afán aparatoso e inútil de seguir homenajeando a los escritores y artistas de medio pelo que viven y trabajan en la ciudad de México, nomás porque nacieron en Chihuahua. Puede ser que su trabajo artístico haya dado algún renombre a su tierra natal, pero su vanidad y su oropel solo han servido para lustre de políticos en el candelero.

8. Que los escasos y nuevos funcionarios de las oficinas antes propuestas estén bien conscientes de que su tarea está al servicios de los que producen objetos culturales, no para alimentar su ego ni para cultivar la envidia tan enferma que la mayoría de los actuales funcionarios de la cultura le tienen a los que debieran ser sus clientes.

9. Que las acciones culturales se atiendan en las ciudades y regiones donde se generan, y donde viven los artistas y los trabajadores intelectuales, que no se concentre en las ciudades de Chihuahua y Juárez.

10. Que se revise cada semestre el trabajo de museos, casas de cultura, coordinaciones administrativas, para evitar la simulación, las acciones falsas de promoción artística y los consabidos fraudes de facturación y nepotismo.

Otros señores y señoras tendrán seguramente sugerencias tan prácticas y sencillas como estas. Háganlas públicas. Entre todos iniciemos un nuevo destino para el arte y el pensamiento de los chihuahuenses.

Mayo 2010

lunes, 26 de mayo de 2014

antonio flores schroeder

(Foto Mila Chávez Marín)

Antonio Flores Schroeder entrevista a JChM

Estoy haciendo un reportaje para Norte que saldrá en varias partes más o menos en diez días. Estamos entrevistando a escritores de todo el país sobre su percepción del sistema cultural mexicano, me gustaría que me contestaras algunas preguntas con calma:

1. ¿Cuáles son sus deficiencias?

Los viajes de lujo que a Europa realizan los altos burócratas culturales, con comitiva y cuantiosos recursos que se desperdician, indicio de una corrupción ya muy acostumbrada.

2. ¿Qué es lo que está bien o mal?

Bien: las becas a los jóvenes artistas en proceso de formación.

Mal: que la edad límite sea la de 35 años. Debería ser 30. Y darles un seguimiento de evaluación a los productos del trabajo para el cual les fue pagada la beca. Suspenderla en caso de que no haya buenos resultados.

3. ¿Hacia dónde debe ir?

Hacia una gestión más eficiente y muy bien auditada, para que los recursos económicos alcancen mejores productos de arte colectivo e individual.

4. ¿Cómo te sientes como autor respecto a la política pública cultural en México?

Bien. Hay facilidad para publicar libros y uno que otro viaje muy útil para la buena relación entre colegas. Deberían, eso sí, buscarse una distribución de los libros que uno produce, pues no existe ninguna más allá que guardar tirajes completos en bodegas de gobierno.

[Respuestas de Jesús Chávez Marín]

Diciembre 2012