lunes, 29 de agosto de 2011
alberto valenzuela rodarte
¿Quiere ser escritor?
Por Jesús Chávez Marín.
En 1982, cuando la corresponsalía chihuahuense del Seminario de Cultura Mexicana organizó la primera Asamblea de Escritores, cursaba yo el último año en la Escuela de Filosofía y Letras.
También en aquellos tiempos quería yo ser escritor. Quería serlo desde que estaba en la secundaria en el Instituto Regional, donde un maestro jesuita llamado José J. Treviño Botti nos leyó en voz alta durante todos los viernes, en la clase de español, la novela El viejo y el mar.
Yo escribía un diario todos los días y tenía el vicio por la letra impresa. Pasaba muchas noches leyendo biografías de santos y de papas, la extensa novela Los mártires, de Chateubriand, libros de Juan T. González, “el amigo del obrero” que mi papá me recomendaba con entusiasmo y novelas del sacerdote español José Luis Martín Vigil.
El texto que usó aquel profesor de literatura para impartirnos su clase tenía un título de forma interrogativa:¿Quiere ser escritor?, publicado en editorial Jus en 1963, cuyo autor es otro jesuita mexicano, Alberto Valenzuela Rodarte, compuesto con una copiosa reunión de estrategias de redacción.
Estábamos en tercero de secundaria, nuestro profesor logró contagiarnos su entusiasmo por la literatura, todo el grupo nos soltamos escribiendo y fundamos una revista escolar bien diseñada.
Una vez escribí una página, se la entregué al profesor para ver si la publicaba: apareció en la página 8 del número 2.
Lo que siguió después será la historia común, angustiosa y previsible (e irrelevante para casi toda la gente de estos terrenos donde impera la vaquería) de casi todos los escritores que han vivido en Chihuahua. Otra revista en el bachillerato, varias en la escuela universitaria, colaboraciones gratis en la mezquina prensa industrial y en más de quince revistas locales de todo tipo: desde la lujosa Azar, revista de literatura hasta la tricolor Scorpio de Florencio Aceves.
Y ahora, cuando tantos sueños personales y colectivos se acabaron para siempre, tendría yo (como muchos otros) que hacerme varias preguntas que francamente me hacen quedar en ridículo:
1. ¿Quiero (todavía) ser escritor?
2. ¿Logré ser escritor?
3. Ser escritor en Chihuahua, ¿es causa de prestigio o de desprestigio?
4. ¿Le sirven de algo los escritores a Chihuahua?
5. Si nadie necesita historias nuevas para llevarlas a la pantalla; si no hay aquí canales de televisión que requieran guiones; si el radio no necesita buenos textos para transmitir sino pura música chatarra que le vende Televisa y unos cuantos poemas que ya están escritos en El declamador sin maestro; si los periódicos de la ciudad ya cerraron los mínimos espacios donde alguna vez se asomaron los asuntos de la literatura y para llenar las pocas planas que no lograron vender de publicidad meten refritos de La jornada, Proceso y de otros periódicos del Distrito Federal donde es evidente que escriben mucho mejor que la mayoría de nosotros los autores de Chihuahua; si nuestras revistas nadie las compra y en cambio se venden un montón de Teleguía, Eres, Vanidades, Tv y novelas; si la sociedad chihuahuense se la pasa muy a gusto sin nuestros poemas, nuestros relatos y es poco probable que lea algún día nuestros libros; si las muy escasas obras de teatro que aquí se ponen en escena ya las escribieron Los Maestros (y varios no tan maestros) de otras naciones, los extranjeros famosos y solo excepcionalmente algunos dramaturgos mexicanos que viven o murieron en la ciudad de México; si no existe la menor demanda de textos míos por parte de la sociedad chihuahuense; ¿tiene algún sentido (aunque sea en la zona más abstracta de las ilusiones) seguir siendo escritor, o seguir intentando ser escritor?
La única respuesta lógica (y automática) para todas estas preguntas es: no.
Para documentar mi pesimismo, voy a poner enseguida una estrofa de Gabriel Zaid:
¿Para qué va un poeta a decirle sus versos
a una ciudad que no le paga por serlo
y que lo ningunea precisamente como tal?
Cuando fui joven tenía cierta seguridad muy íntima de que todos mis sueños se cumplirían. Y todos mis sueños tenían algo que ver con libros. Con leer libros. En un lugar secreto de mi corazón también estaba seguro que escribiría páginas maravillosas.
Y aunque suene así de ingenuo, todavía la estricta verdad de mi vida sigue siendo la misma: la pasión por leer, el impulso de escribir. Todos mis actos giran en torno a los libros, la escritura.
En aquella primera asamblea conocí a casi todos los escritores chihuahuenses. Ya conocía a unos pocos, pero la verdad me sorprendió que hubiera tantos y de tan variadas fortunas. Desde bohemios que arrastraban a su vida en las cantinas, en las calles y en las misérrimas oficinas donde trabajaban y donde les componían versos a las señoritas que de ellos tanto se burlaron y los miraron con lástima y cierta repulsión por su traje gastado, su pelo lustroso; hasta brutísimos académicos, dramaturgos exitosos en la escena nacional y novelistas de lo más aburridos pero que ya habían ganado el premio Villaurrutia que el gobierno otorga y a quienes la crítica reseñera bautizaba con la obviedad que la caracteriza, como a Rulfos del desierto y poetas de una sola cuerda. A la casa que fueres haz lo que vieres.
Me sentí impresionado con aquella extraña y variopinta reunión de literatos. No a todos les tenía respeto. Con la insolencia propia de los hombres inmaduros, despreciaba a varios de ellos. Algunos de sus discursos eran joyas del humorismo involuntario: necios, vehementes y engolados.
Recuerdo por ejemplo discusiones absurdas acerca del paisaje, la montaña, el desierto, tontería y media. Un poeta bien pintoresco leyó a gritos unas rimas donde su padre era un roble fálico, elefante blanco, monumento al autoritarismo doméstico, infestado de conejos y golpes de pecho.
Otro escritor desglosó una sarta de episodios y enseñó una peligrosa confusión de identidades suyas durante veinte largos minutos; cuando creíamos que ya había terminado, le aplaudimos por cortesía. Esperó él con parsimonia a que el aplauso terminara y luego dijo:
–Ha hablado el escritor. Ahora hablará el hombre.
Y a continuación se aventó otros veinte minutos de muy incoherentes y mal narradas anécdotas “de la vida real.”
Junto a aquellos dinosaurios de las letras chihuahuenses también conocí algunos escritores. Hasta entonces no sabía que existieran profesionales: es decir, que fueran autores de libros bien hechos, que cobraran por escribir, que publicaran en la llamada prensa nacional, o sea, la prensa del Distrito Federal.
Los escritores de mi generación tenían ideas claras respecto a la literatura. Habían participado en revistas y publicaciones que asumían en serio el oficio literario. Eran rigurosos con los textos, estudiaban gramática, lingüística y teoría literaria. Aunque viviéramos aquí, andábamos al día en literatura latinoamericana, la cual en los años setentas había tenido un impulso fabulosos en el mercado mundial de libros y editoriales. Leíamos a García Márquez, Octavio Paz, Vargas Llosa, Rulfo, Lezama Lima, revistas literarias; le entramos a la moda del estructuralismo, al realismo mágico, a la experimentación formal como lectores y como redactores. Las tres asambleas de escritores chihuahuenses que el Seminario de Cultura realizó en 1982, en 1984 y en 1987, junto con otros hechos, aumentaron el interés por la literatura, plantaron un contexto para existir como escritores. Llegó a creare cierta energía colectiva, la cual llegó a expresarse en otros ámbitos de la sociedad chihuahuense.
Hoy es notorio que aquel impulso se acabó. ¿Por qué? Hay muchas causas. En la cuarta asamblea se examinaron algunas de ellas.
De toda aquella agitación que empezó hace veinte años ha quedado el trabajo importante de algunos autores que, siguiendo su impulso individual, casi sin estímulos ambientales ni sociales, han venido escribiendo su propia obra literaria. Diré solo unos pocos nombres (como muestra basta un botón de girasoles). Entre otros autores serios y profesionales están: Alfredo Espinosa, Alfredo Jacob, Rubén Mejía, Zacarías Márquez Terrazas, Enrique Servín, Mario Lugo y Mario Arras. Ellos viven aquí en nuestras ciudades, tan dañadas por el desastre económico y por la depredación ecológica que le han causado los grandes capitales locales, la industria, el comercio y la política autoritaria, que son aquí tan perniciosos como en cualquier lugar del mundo.
Junio 1996
lunes, 22 de agosto de 2011
lilly blake
Historias de sabiduría femenina: presentación de Microuniversos, de Lilly Blake.
Por Jesús Chávez Marín
Para conocer los secretos de la tierra, hay que conocer el corazón de las mujeres. Es como entrar a una biblioteca donde hay zonas de silencio; jardines exuberantes, densos bosques; polvo de siglos donde se acumula la muerte; fábulas de sabiduría llenas de risa y secretos; cocinas bañadas de luz y frescura donde se mezcla divinamente con el aroma del arroz, el cilantro, la panadería y el perfume en el cuello de una exquisita cocinera.
Las mujeres fueron invitadas por Dios para que juntas, ellas y Dios, realizaran las tareas de la creación. Durante el primer día juntaron muy contentas los ingredientes: el aire, los sueños, la tierra, los metales, el fuego, el amor, el agua, el incienso.
En la segunda jornada fueron separando y mezclando. Al tercer día quedaron todas, ellas y Dios, embarazadas de puro gusto y empezaron a poblar los espacios con las criaturas de su imaginación.
En este libro de Lilly Blake, Microuniversos, hay testimonios de aquellos tiempos eternos. La creación sigue, las mujeres siguen siendo las señoras y el espíritu fecundo de ríos y mares. Escuchen como ejemplo este relato:
Vives en el ritmo de mi respiración
El soplo azul del viento
Aire
Existo en ti
Y afuera
En ti
Y afuera
La visión se produce desde la individualidad de un sujeto lírico, claramente femenino en la perfecta conciencia de quien se sabe generadora de seres, “vives en el ritmo de mi respiración”, y la identidad se desdobla con oscura sabiduría literaria hacia sus criaturas: “existo en ti y afuera”. Lilly Blake es redactora hábil, su poema se prende aquí y refleja algunos paisajes de ese territorio intuido al que llamamos poesía.
Vean este otro:
Del agua tomas la vida pez
Seres alados llenan el aire
Fauna de colores pisa la tierra
En el fuego
viven seres de rostros desconocidos
Cada vez que nos asomamos
quema.
Con elegante discreción, la poeta nos asoma a un abismo. Los seres que crepitan en la energía de la lumbre, las sombras que se abren para que pase el aire y avive las llamas, la lumbre de los tiempos ardiendo en las pasiones, los orígenes y el alarido de la propia muerte, “cada vez que nos asomamos quema”, imagen asociada con lucidez artística con la creación, con el agua de todo principio, “del agua tomas la vida”.
Lo asombroso en los textos de Lilly Blake en este libro es la economía casi monástica del lenguaje. Mujer de pocas palabras, la escritora se pasa la vida entera pensando y luego nos ofrece estos relámpagos de poesía, donde la energía de la luz hace tierra.
Existen frases que nada más las mujeres pueden decir. Lean por ejemplo esta:
Rueda la sangre
Rueda
Dentro de mí.
La poeta se deja invadir por ciertas imágenes. Pero ella permanece despierta, su inteligencia incluye con toda naturalidad a la fantasía, la sensibilidad, la intuición. Pero esta mujer es una pensadora de tiempo completo, solo a una persona torpe podría ocurrírsele repetir la pequeña tontería de que a las mujeres nadie les entiende. Ellas entienden, ellas saben, con una lógica más profunda y más alta, las pequeñas conexiones del ser humano con la naturaleza viva y con la naturaleza muerta.
Lilly Blake escribe también esto:
Dentro del tiempo
Detecto un reloj
Tic
Déjame pensar
Detente tiempo
Tac
Detente.
A Lilly Blake la conocimos hace poco tiempo en el ambiente literario de la ciudad. Ella nació en Delicias, estudió en el extranjero y luego anduvo un rato en el taller de Mario Arras. Sus poemas aparecieron en ese compact book titulado A medias tintas, la rigurosa y divertida antología de trece poetas que compiló, introdujo, anotó, vendió, y agotó la edición completa el escritor Rafael Avila, libro publicado en Ediciones del Azar.
La generación de escritores a la que pertenece Lilly Blake tiene dos condiciones muy prometedoras: ellos son jóvenes y muy profesionales. Es muy posible que este grupos de artistas rompa todas las fronteras, las limitaciones que hasta hoy ha padecido el oficio de la escritura: la escasez de publicaciones, el centralismo envidioso, la improvisación rimada, la poca dignidad laboral que nos obliga a escribir gratis (hoy en día, a un escritor sin recibos de honorarios nadie los respeta) y el resentimiento social de los poetas acomplejados que creen que todo mundo los ataca por ser jóvenes, por ser viejos, por ser pobres o por ser burgueses. Yo calculo que con esta vigorosa camada de escritores y de escritoras todo aquello pasará a formar parte de los recuerdos pintorescos.
Me encanta, por eso, participar en esta fiesta de la literatura: la presentación del número 10 de esta colección de libros universitarios, Flor de arena:
Microuniversos, de la señora Lilly Blake.
Blake, Lilly: Microuniversos. Editorial Universidad Autónoma de Chihuahua, México, 1997.
Junio 1997
viernes, 19 de agosto de 2011
bertha lucía cano medina
Columna: Escritores de la ciudad
Bertha Lucía Cano Medina
Por Jesús Chávez Marín
Bertha Lucía Cano Medina es maestra en la Universidad Pedagógica Nacional, ha publicado dos libros de poemas: Raíz de flor de campo y Virgen andariega, y un libro de filosofía titulado Mujer que rompe la norma. Recientemente acaba de publicar su cuento “La hacedora de nubes” que está incluido en el libro Círculo de narrativa 2, en Uruguay. Textos suyos aparecen en las antologías Como ángeles en llamas, de la casa del poeta peruano; Campos ignotos y otros libros colectivos.
—Lucía, ¿cuándo publicaste tu primer libro, Raíz de flor de campo?
—En 1998, en los talleres gráficos de Gobierno del Estado.
—¿Cuál fue tu experiencia con esa primera publicación?
—Fue hermoso porque pude dar a la luz textos que tenía guardados desde que empecé a escribir cuando era niña; porque disfruté una fiesta en cada presentación, en todas las ciudades del estado de Chihuahua; satisfactorio además, llegó a mucha gente, lo vi en las vitrinas de las librerías. Desfruté esa fe inmaculada de la primera publicación, cuando no está una contaminada por el golpeteo, las pequeñas traiciones de los diferentes grupos literarios y los cotos de poder.
—Tu segundo libro fue un ensayo extenso sobre filosofía de género, ¿cómo lo recibieron los lectores, sobre todo las lectoras?
—Fue un libro que tuvo una acogida excelente. De él se derivaron un diplomado que lanzó el Gobierno del Estado dirigido a educadoras de nivel preescolar y fue una influencia grande para el diseño de la nueva currícula de la Normal del Estado en la que desde entonces contemplan el enfoque de género en los programas de formación. Por otro lado, mi libro fue tan exitoso que lo frenaron, ya no lo pude volver a presentar en ningún lado, hasta este año, en febrero, cuando me invitaron de la Normal del Estado Luis Urías Belderrain a participar con mi libro en los festejos de aniversario.
—En tu tercer libro, Virgen andariega, regresas al género de poesía, sin embargo es muy diferente al primero: en su temática, en su estructura formal, incluso en el lenguaje. Esto se expresa desde el mismo nombre del libro: de flor de campo a virgen andariega, ¿cuáles fueron los factores formales y personales en ese cambio tan aparentemente radical?
—Primero que nada quiero aclarar que el género de la poesía nunca lo he dejado, seguí escribiendo y publicando, prueba de ello mis apariciones en revistas literarias, antologías y otras publicaciones, y no solo aquí sino además en Cuba, Uruguay, Perú, Brasil y España. Segundo: los instrumentos técnicos que me hicieron madurar en la forma poética fue la asistencia a talleres literarios y la convivencia con otros escritores. En cuanto a la temática, quise hacer un canto que fuera similar al Cantar de los cantares, donde pudiera expresar abundantemente el amor verdadero. Este libro es un solo poema dividido por los títulos, que vienen a ser nombres de capítulos o salmos.
—En la práctica literaria se sabe que el artista asume un riesgo, sin el cual no podría cristalizar un producto estético. ¿Cuáles son los riesgos que enfrentaste para escribir cada uno de tus tres libros?
—El primer riesgo fue que tuve que buscar la originalidad, ese fue muy difícil, porque de esta manera el libro lo vi desde esta perspectiva como a una persona que tenía que cuidar su identidad. Para realizar mi libro sobre la mujer tuve que hacer una investigación desde la realidad, enfocando y dando claridad a todos los ámbitos de la mujer en su entorno. Mis poemas también están enraizados en la realidad. Y además soy profundamente mística y busco todo el tiempo señales que me indican como hallar la verdad más profunda y nítida. Otro riesgo es el compromiso con la publicación, sabiendo que los lectores darán por cierto lo escrito, busco no contaminar sus espíritus sino aportar valores de fe, de amor y de paz.
—Como maestra y como artista, ¿qué consejo darías a los jóvenes quieren ser escritores?
Primero: que no dejen jamás de observar su entorno, la realidad, las necesidades sociales, el medio ambiente y las personas. Que sean profundamente observadores y respetuosos de la creación y de la vida. Que sean visionarios, que vayan más allá, que no tengan miedo, que propongan y defiendan lo que ellos consideren válido.
—¿Cuáles son tus libros futuros?
Tengo en puerta una edición en coautoría con una poeta cubana y un escritor mexicano, es un libro de poemas que se llama Luna de hiel envuelta para tres. Estoy terminando otro poemario titulado Mudar la piel, un cuaderno de cuentos y una novela.
—Gracias, maestra, por esta entrevista.
Octubre de 2005
jueves, 18 de agosto de 2011
mario arras
Columna: Escritores de la ciudad
Mario Arras
Por Jesús Chávez Marín
Arras no necesita presentación, desde hace años es una de las leyendas urbanas más consistentes de Chihuahua: autor de 8 libros de poemas, una novela: Señal de Caín, un libro de cuentos: Olimpia, siete libros de arquitectura de Montrerrey, fundador del Centro de Arte Contemporáneo, hoy Museo Casa Redonda, profesor de su taller literario y del Instituto de Arquitectura y Diseño qué más puedo decirles. Mejor preguntémosle ya:
—Mario, tengo entendido que la Universidad Autónoma de Chihuahua está produciendo actualmente tu libro de cuentos Olimpia, ¿qué número le toca en la lista de tus libros literarios publicados?
—Este es el número 14.
—De tus tres oficios: el de escritor, el de arquitecto y el de promotor cultural ¿cuál te parece más importante?
—Los tres oficios tienen igual importancia: el de arquitecto por mi vocación, que es a lo que me dediqué desde un principio. La difusión cultural porque sentí la obligación de que Chihuahua quedara a los niveles culturales de estados como Nuevo León, Jalisco, Guanajuato. El oficio de escribir porque desde que tenía diez años leía y escribía cuentos y poemas.
—¿En cuantos días o meses o años escribiste tu libro de cuentos?
—Se llevó varios años porque no llevaban el propósito de hacerlo sino que según las circunstancias surgió el interés por escribir cada uno de los relatos.
—La Universidad Autónoma de Chihuahua ha sido una de tus tu casas editoriales, publicó tus libros Décimas y sonetos y Asido al tiempo en la Colección Flor de Arena. Como autor, ¿qué opinión tienes del trabajo editorial de la Universidad?
—Me parece una labor extremadamente valiosa porque está dando a conocer y a difundir los valores literarios chihuahuenses.
—Tú que conoces el medio, ¿podrías decirnos qué otras editoriales existen en esta ciudad?
—Está Azar que publicó mi novela Señal de Caín; Solar que en sus revistas me ha publicado algunos artículos y de la cual soy parte de su consejo editorial; Doble Hélice de Martín Reyes y la tuya, Auraed, que publicó el libro Rocío de historias, con cuentistas de la FFyL.
—Cual consejo darías a los escritores jóvenes?
—Quien quiera ser escritor, antes que nada tiene que ser lector.
Gracias, Mario.
Septiembre de 2005
miércoles, 17 de agosto de 2011
alfredo espinosa
Columna Escritores de la ciudad: Alfredo Espinosa
Por Jesús Chávez Marín
Ha publicado 14 libros, entre ellos Infierno grande y Obra negra que son novelas; Desfiladero, Tatuar el humo, Desvelos y Ramo de tigres que son de poesía; Pachucos y cholos y Amor apache, de ensayos, y Reveses, de filosofía.
Nació en Delicias en 1954. Es médico egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Realizó la especialidad de psiquiatría en la Ciudad de México, en el Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE y en el Fray Bernardino Álvarez. Ganó el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde, el Premio Chihuahua y el Premio Nacional Gilberto Owen. Por la intensidad de su obra, por su actitud rebelde y crítica, por la cantidad y el valor artístico de sus libros publicados, por la novedad de su pensamiento, Espinosa es, sin lugar a dudas, el escritor chihuahuense de más alto rango en estos años.
En noviembre fue presentado en el Centro Cultural Universitario Quinta Gameros Ramo de tigres, con la participación de los escritores Enrique Servín, Flor María Vargas y Ramón Gerónimo Olvera Neder. Al acto asistió una multitud que abarrotó el vestíbulo del más bello recinto cultural de la ciudad.
—Espinosa, ¿cómo le ha ido a tu nuevo libro?
—Ramo de tigres ha tenido buena aceptación por parte de los lectores.
—¿Que tipo de lectores existen en esta ciudad?
—Chihuahua tiene muy pocos lectores, no es una actividad que se aliente en los programas educativos. Los lectores de poesía se reducen todavía más. Sin embargo, los pocos que existen poseen una sensibilidad suficiente para salvarnos de la barbarie predominante.
—Salvar ¿a quiénes?
—Salvarnos a todos aquellos que percibimos una espiritualidad.
—¿De qué tienes más lectores: de tus novelas o de tus libros de poesía?
—No lo sé. Pero recibo más comentarios de mis novelas que de mis poemas.
—Te iniciaste como escritor en el Distrito Federal publicando en La Jornada y en el Unomásuno. Todo mundo sabe que a un escritor y a cualquier artista mexicano le va mejor allá. ¿Por qué regresaste a Chihuahua?
—Seguramente me hubiera ido mejor en el D. F., pero el temblor de 1985 me convenció de buscar tierras más firmes.
—Son pocos los escritores profesionales que se quedan a vivir en Chihuahua. Como ya se murió Fuentes Mares y el año pasado también Jesús Gardea, ahora tu eres una figura parecida a ellos. Fuentes Mares declaraba estar solo y efectivamente lo estaba. Gardea decía también estar solo en el desierto y despreciaba la actividad literaria local. ¿Te tú sientes solo como escritor, viviendo en Chihuahua?
—Sí. En ese sentido estoy solo. Me hubiera gustado que mis amigos Servín, Mario Lugo y tú hubieran incursionado con iguales ímpetus en este largo y tortuoso camino.
—¿Has recibido algún tipo de apoyo, respaldo, ayuda, por parte de instituciones o de personas de la sociedad chihuahuense?
—No. Todo se hace a puro pulmón. A lo mejor soy un poco injusto con el Instituto Chihuahuense de la Cultura que en dos ocasiones me ha otorgado becas anuales “para creador”. Pero en general Chihuahua carece de una estructura que facilite el trabajo de sus artistas.
—¿Podrías decirme de pronto, y sin pensarlo mucho, el concepto de poesía?
Poesía: La percepción de un instante privilegiado, que puede estar escondido tras los actos cotidianos, o en las profundidades del alma individual. Para sacarlo a flote, es necesario poseer las herramientas del lenguaje suficientes para captar ese momento.
—¿Y novela?
—Novela: El ejercicio lingüístico para crear un mundo lo más completo posible.
—Pues muchas gracias, Espinosa, por tu visita a esta mesa de redacción de Auraed.
Enero de 2001
martes, 16 de agosto de 2011
reyna armendáriz
Columna Escritores de la ciudad: Reyna Armendáriz González
Por Jesús Chávez Marín
Reyna Armendáriz González es licenciada en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde también tiene una maestría en educación superior. Ha publicado en suplementos y revistas culturales. Poemas suyos aparecen en las antologías Evas de un paraíso reencontrado, Químicamente puras y Voces de viajeros. Actualmente es maestra de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Acaba de salir su libro de poemas Estuario.
—Reyna, ¿cómo te sientes al inicio de este otoño de 2005?, ¿estás lista para comenzar los trabajos de promoción de tu libro que acaba de salir publicado en esta editorial universitaria?
—Sí, me siento muy bien, encantada de la vida. Lo primero, sí me da un poco de incertidumbre, porque de hecho conozco poca gente, no tengo muchos amigos en el medio. Sin embargo me agrada sobremanera la idea de que empiecen a conocer lo que he escrito, y me siento dispuesta a promocionar el libro.
—La solapa de tu libro dice que tienes dos actividades: eres profesora e incluso tienes una maestría en educación superior; has dado clases en el Colegio de Bachilleres, en la Escuela Normal Superior, en el Seminario Conciliar de Chihuahua, en la Escograf, y actualmente eres maestra de literatura en la Universidad Autónoma de Chihuahua. La segunda actividad, o quizás la primera, es la de escritora: desde muy jovencita has venido publicando en cuanta revista y antología haya salido por estos rumbos. ¿Recuerdas el año en que apareció tu primer texto publicado?
—No recuerdo el año, recuerdo más bien mi edad. Aquí en Chihuahua tenía yo 17 años cuando mis primeros poemas salieron en una sección dominical llamada Cosecha, de la Facultad de Filosofía y Letras. En cuanto a mis dos actividades, soy maestra para vivir y escribo para vivir mejor, es la verdad de las cosas.
—¿En cuantos días o meses o años escribiste Estuario? ¿Cómo fue el proceso creativo de este libro, desde el origen de tu proyecto poético hasta la publicación de los 1000 ejemplares que acaba de producir la Universidad Autónoma de Chihuahua?
—Estuario es un libro que tiene cinco años escrito, o sea: terminado. Estuvo dos años por allí en un cajón de mi casa como una serie de poemas que surgieron aislados, más que como un proyecto claro. Y como se dice en la contraportada, se pasean por momentos creativos distintos. Es un libro que comencé a escribir cuando tenía 24 años de edad, aproximadamente. Más o menos cerca de los 26 años, quedó concluido.
—La Universidad Autónoma de Chihuahua ha sido tu casa editorial, publicó textos tuyos en Metamorfosis y en las antologías Evas de un paraíso reencontrado y Voces de viajeros. Ahora sacas Estuario, el número 49 de la Colección Flor de Arena. Como autora, ¿qué opinión tienes del trabajo editorial de la Universidad?
—Excelente, es mi madre editorial. Me parece un trabajo magnífico que debe ser apoyado todavía con mayor compromiso por parte de nuestras autoridades universitarias, especialmente en el campo de la literatura. Por lo mismo, a ellos y a los editores agradezco profundamente la oportunidad de publicar.
—Tú que conoces el medio, ¿podrías decirnos qué otras editoriales existen en esta ciudad?
—Conozco textos de Aster Ediciones, Doble Hélice, Onomatopeya Producchons de su ahijado Ávila y de Cárdenas entre otras. Solar, por supuesto.
—Muchas gracias tu visita, maestra. Te agradecemos esta entrevista digitalizada con Auraed.
Agosto de 2005
lunes, 15 de agosto de 2011
armando gutiérrez mares
Columna: Escritores de la ciudad. Armando Gutiérrez Mares
Por Jesús Chávez Marín
Ha publicado dos libros: Nueve leyendas de Chihuahua (colectivo) y No era el mar (número 35 de la colección literaria Flor de Arena), un volumen de cuentos donde los misterios oscuros y refulgentes de la vida aparecen como luceros en la existencia cotidiana de los personajes en la voz educada y amorosa de un profundo humanista. Ha cultivado desde hace cincuenta años varios sistemas de pensamiento: la ciencia química, el psicoanálisis y la meditación trascendental. Él es maestro de Yoga, ingeniero industrial, productor de radio y consultor de negocios.
—Armando, ¿cómo te sientes al inicio de esta primavera 2001, luego de la intensa jornada de trabajo que realizaste las últimas dos semanas en las que te has dedicado a promover la presentación de No era el mar que acaba de salir en la Editorial de la Universidad Autónoma de Chihuahua?
—Ha sido una experiencia nueva por la dimensión del trabajo y lo que significa para mi como escritor.
—En la presentación se dijo que los cuentos de tu libro son del género de la narrativa de ambiente realista. Sin embargo tu formación intelectual tiene grandes zonas de filosofía oriental y hermética. ¿Cómo se conciliaron en tu libro esas dos vertientes de pensamiento, el realista y el esotérico?
—En nuestra cultura lo usual es ajustarse a una realidad tangible, solo los artistas son capaces de ir mas allá, estar en las tradiciones de oriente es una experiencia multidimensional, porque además del cuerpo físico, contamos con diez más que incluyen el cuerpo mental, el astral, el energético, el emocional y tres espirituales, por citar los más importantes. En consecuencia para oriente las experiencias, cuando hay conciencia de ellos son por naturaleza multidimensionales.
—En tu discurso del viernes, en la presentación de tu libro, dijiste que esta obra te costó diez años de trabajo. ¿Como fue el proceso creativo de esos textos, desde el origen de tu proyecto narrativo hasta la publicación de los mil ejemplares del libro?
—Toda experiencia humana es parte de una camino entre el nacimiento y la muerte, en consecuencia el proceso literario es algo que evoluciona conforme maduramos, integramos lo vivido como un todo, y solo entonces somos capaces de comunicarlo en una forma coherente en un texto.
—Tú ya habías publicado en el número 25 de la colección literaria Flor de Arena de la Universidad. Eres uno de los autores de Nueve leyendas de Chihuahua. Parece que la Universidad Autónoma de Chihuahua es una de tus casas editoriales favoritas. Tú como escritor ¿qué opinión tienes del trabajo editorial de la Universidad?
—Por segunda vez he logrado confirmar la calidad editorial de la Universidad como autor. Como lector, cada mes leo con gran placer el periódico El Universitario y cada cambio de estación disfruto de Synthesis, donde leo textos de poesía y narrativa de mis coterráneos, además de los ensayos científicos que por mi formación técnica me resultan de gran interés.
—Tú que conoces el medio ¿podrías decirnos qué otras empresas editoras existen en esta ciudad?
—Es interesante señalar que en esta comunidad operan nueve organizaciones editoriales, todas ellas con una participación activa en la elaboración y venta de una amplia gama de publicaciones: Están la Organización Editorial Mexicana, que publica El Heraldo de Chihuahua; la Editora Paso del Norte, que publica El Diario; Doble Hélice Ediciones, que dirige Martín Reyes; Aura Editorial, cuyo gerente es Jesús Manuel Ortiz; Dintel Editorial, de Xavier Ortiz y David Hernández González; Aster Editores, de Raúl Manríquez, que publica la revista Esdrújula además de libros de poesía y de crónica social; El Instituto Chihuahuense de la Cultura, cuyo editor es Ramón Antonio Armendáriz, que publica los libros de la Colección Solar; Ediciones del Azar, de Rubén Mejía; y el Centro Librero La Prensa, que saca libros de historia regional.
—Muchas gracias tu visita, maestro. Te agradecemos esta interesante entrevista digitalizada con Auraed.
Marzo de 2001
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