lunes, 17 de mayo de 2010
treviño
Rogelio Treviño Montijo, zahorí de premios literarios
Por Jesús Chávez Marín
Un lunes muy temprano me habló Mariscal para citarme a una junta para ese mismo día, a las ocho de la noche. Conociendo el carácter duro del jefe, me presenté puntual en las oficinas de su editorial, pero lo que vi fue un recado escrito en una de las ventanas panorámicas del edificio: Chávez, mejor vente al Degá, acá te espero con un café de olla y unos frijoles refritos estilo francés, que tanto te gustan.
Como el Degá queda allí cerca, caminé sin titubear hasta la mesa que le tienen apartada al señor; allí despacha la mitad de sus asuntos de relaciones públicas y con eso evita que se amontonen en su edifico un montón de políticos que van a consultarle oráculos; modelos de noventa sesenta noventa que llegan hasta su escritorio para sugerirle que las saque retratadas en las páginas de Exprés; novelistas que le ofrecen kilos de originales mecanográficos para que los publique en su imprenta; en fin, la barandilla cotidiana de un editor exitoso como el de nosotros.
Cuando llegué a la junta, saludé muy propio a los demás colaboradores, a cuatro fotógrafos y a cinco de las asistentes del señor. En cuanto me vio llegar, me preguntó a boca de jarro: ¿Cuál es el tema de tu crónica para el siguiente número? Cuando se lo dije, explicó delante de todos lo cual me dio algo de vergüenza propia y ajena: no, Chávez, los fraudes corrientes de la burocracia cultural no le importan a nadie. Ubícate. Necesitamos que escribas algo con garra periodística, que interese a lectores modernos y progresistas. No sé; la nota donde aparecen fotos panorámicas de algún arzobispo en su toma del poder político y eclesiástico; algún hijo de Borruel cerrando un antro a punta de cuartazos; algún hijo no autorizado de Madero, qué sé yo.
Al escucharlo, allí mismo comprendí que tenía razón: en esta ciudad aparecen fotos en el periódico con niños en su carro asesinados a balazos; carteles de quinientas firmas de prestigio en apoyo al candidato; la figura resplandeciente de Shakira a todo color; entrevistas con Rubén Aguilar quince minutos antes de ser nombrado sucesor de sí mismo; en fin, a quién podrían importarle los enredos de unos cuantos escritores de la ciudad, a quienes la mayoría de los lectores ni en el mundo los hace.
Fue entonces cuando se me ocurrió contarles a ustedes esta historia de ficción, procurando que los nombres de mis personajes tan verdaderos no fueran a confundirse con los de la vida real, todos ellos modelos de la virtud y del arte.
Allá por los años setenta había un velador cuyos ilustres antepasados fueron piratas itálico portugueses, llamado Rogelio Montijo. Como pertenecía al grupo de teatro Agua viva, era de lo más bohemio que ustedes puedan imaginarse, y entonces escribió un montón de poemas y los puso en un libro al que sin el menor reparo de parafrasear un título semejante de Octavio paz, le llamó Lámpara de la piedra.
En le cuanto llegó al punto final del último haikú de a dos pesos, le llevó el libro a Rubén Mejía para que se lo sacara en ediciones del Azar con un tiraje de diez mil ejemplares. Párele, Rogelio, le dijo Mejía, cómo que diez mil. Lo más que te voy a sacar son doscientos volúmenes y además tienes qué cambiarle el título, porque Octavio Paz ya escribió Piedra de sol y se parece peligrosamente a tu lámpara de la piedra, ten cuidado.
Pero el tal Rogelio no entendía razones andando en la borrachera y se puso de lo más necio. Mejía para quitárselo de encima le prometió publicar tal cual su mamotreto. Un año más tarde las editoriales Azar y la Plancha convocaron todos los parroquianos del vino de honor de la ciudad para que asistieran a la presentación del libro Lámpara de la piedra, de Rogelio Montijo, en el museo de las artesanías, que en ese tiempo ere regenteado por la bella antropóloga Ana Belinda Ames Russek.
Luego de la euforia por la fiesta de presentación, Montijo pensó que la ciudad le quedaba muy chiquita y orejona, pues se consideraba a sí mismo un gran poeta, demasiado hermético, perito en los signos del zodiaco y vislumbrante de mayoría de los arcanos conocidos. Por eso muy joven abandonó la escuela primaria para abrevar en las fuentes originales: el Ulises de Joyce, El mar y yo, de José María Lugo, El sol que estás mirando, de Jesús Gardea y El profeta, de Gibrán Jalil Gibran.
Entonces se acordó que en la ciudad de México trabajaba como editor de la Universidad autónoma del estado de México un lejano conocido suyo, José Vicente Anaya, y para allá se fue.
¿Para qué quieres volver a publicar esto, si todavía no se vende la edición que te hicieron en Chihuahua, Montijo? Aunque la pregunta parecía razonable, no pudo contradecir los argumentos de aquel autor desesperado: no, maestro, la vida no es para principiantes; soy discípulo de Joyce y de Chema Lugo; necesito publicar en la ciudad de los palacios para trascender tal y como yo me lo merezco.
Al año siguiente salieron de imprenta quinientos ejemplares de una edición reluciente en la editorial de la uaem, gracias a la generosidad del editor Anaya, quien por cierto nació aquí por el rumbo de Villa Coronado.
Pero el tiempo pasó y el destino borró su terrible nostalgia; llegó el año 1983 del siglo pasado y el gobernador Ornelas fundó el premio Chihuahua de literatura: mediante concurso se habría de premiar cada año a los escritores más aventajados. El primero que metió sus obras al concurso fue Montijo y cada año puntualmente llevaba su montón de hojas escritas a máquina con las respectivas copias muy cumplidito, según lo dictaba el reglamento.
El que persevera alcanza, unos años después Montijo ganó ese premio con Septentrión las cuatro osas de la vía láctea, una recitación trepadona y hasta cantada a la que el autor llamaba poema épico sin tener la más remota idea de lo que es la épica.
No contento con ello, volvía a concursar cada año hasta que en 1995 otra vez volvió a ganar en el género de cuento con una novela que se llama La mujer que alguna vez fui. Algunos se enojaron porque ganó con un género distinto, pero a Montijo le valió: muy orondo caminó hasta el estrado a recibir su premio, porque además tenía saturadas las tarjetas y debía una corta feria.
La razón de esas deudas era la decisión definitiva que Montijo tomó desde la primera vez que ganó un premio literario: renunció a su empleo de velador en la secundaria federal número uno, y decidió dedicarse de tiempo completo a la literatura. Los 30 años que lleva desempleado algunos lo consideran un acto heroico y ejemplar; pero ese cartujo de la poesía hermética no tuvo misericordia con los seres queridos a quienes les faltó un respaldo económico responsable. Pero eso es vida privada y de eso casi no hablamos.
Como ya había ganado dos veces, los organizadores del premio Chihuahua le pusieron un candado a la ley para prohibir que antiguos ganadores volvieran a concursar. Pero no contaban con los poderes de un iniciado y hombre despierto como lo era Montijo.
Uno de sus amigos, desempleado también, que se llama Gregorio Sauza, le prestó su nombre para meter a concurso su más reciente y sincero libro de poemas. Este año volvió a ganar. Y de pilón su sobrina Renee Ana Cuesta, coordinadora de literatura del Instituto Chihuahuense de la Cultura, y el antropólogo Carrera el mismísimo director, le consiguieron la beca Siqueiros de maestro emérito. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Febrero 2010.
sábado, 15 de mayo de 2010
cronistas de chihuahua
Cronistas de la ciudad
Por Jesús Chávez Marín
Una de las novelas más divertidas que se han escrito en español es La tía Julia y el escribidor (1977), de Mario Vargas Llosa, ese gran maestro peruano y universal. Los lectores ideales para ese libro escrito con alegría y cuidadosa estructura son jóvenes de 15 a 25 años, porque el tema central es un love story y el contexto es el futuro, la utopía primaveral de cuando los ideales están en el cuerpo que alcanza plenitud.
En ese tiempo, el alma que sueña con los años que vendrán y serán mejores, esa etapa en la que la gente estudia, quienes tienen el privilegio de asistir a la escuela y tuvieron la suerte de algún respaldo económico para que los cuadernos y el uso de una computadora sean su ocupación principal, la mayoría con modestia y algunos con opulencia según les haya tocado boleto en la lotería universal del destino.
Pero no solo ellos, los estudiantes. También quienes no consiguen manera de ir al colegio de bachilleres, a la preparatoria, a la universidad ni al tecnológico que su vocación indicaba, de cualquier manera viven con plenitud esos años de su formación en el trabajo o en la calle, en la experiencia vital de su fortuna: la juventud divino tesoro.
Una de las mayores ironías de esa novela de juventud que Vargas Llosa escribió a los 40 años cuando era ya famoso y también el gran escritor que ha sido siempre, es que uno de sus personajes, Pedro Camacho, escritor de radionovelas, actor y director de sus propios relatos ante el micrófono, repite en cada una de las delirantes historias esta frase: aquel señor (o aquella señora según la escena que corresponda) andaba en la flor de la edad: la cincuentena.
Al leer esa frase, que como un coro griego se repite a lo largo de la novela, el lector se ríe de buena gana al imaginar la vida precaria y decadente con la que la imagen mental de los jóvenes veinteañeros concibe a los cincuentones y a las cincuentonas de este mundo.
El contraste verbal de los dos conceptos de esta paradoja imposible: flor de la edad + cincuentena produce la chispa de la risa de la que habla el filósofo francés Henri Bergson en un ensayo memorable.
Porque la verdad es que cuando alguien ya está viejón, como uno no tenga la más remota idea, en lo que menos piensa es en flores de durazno aunque tanto las admire en el rostro lozano de algunas jóvenes mujeres; y la flor de la edad ya nos hace recordar, aunque todavía con alegre nostalgia, la estrofa completa de Rubén Darío: juventud divino tesoro ya te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer.
Pero como la vida es el tiempo, y el tiempo todo lo equilibra y le procura su armonía natural, quienes cumplimos ese medio siglo de navegar en el mundo tenemos el libro espléndido que solo se consigue empeñando una vida entera: el gran libro de la memoria personal y pública de nuestra existencia.
En ese ambiente quise al iniciar el año que comienza, platicarles por escrito a las maravillosas lectoras de Auraed, y también, ¿por qué no?, a uno que otro pelado que le echa una mirada a estos cariñosos renglones impresos, de los escritores de la ciudad de Chihuahua que cultivan en su trabajo literario el arte vivo de la crónica.
Empiezo con el que considero uno de los cinco grandes maestros que me ha regalado mi azarosa existencia: Zacarías Márquez Terrazas, quien además de ser uno de los mejores conversadores que he conocido, hasta fue cronista oficial del municipio durante los años ochentas en las administraciones de Luis Álvarez y Mario de la Torre.
Aunque en sus conferencias y en su charla de café suele ser más ingenioso y alegre, en cualquiera de los 20 libros de historia que ha publicado a lo largo de 40 años su relato tiene siempre su atractivo de un bello arte narrativo, con el lujo plus de ciertos hilos poéticos que son propios de su estilo clásico y elegante.
Otro gran señor que con pluma o computadora cultiva la crónica con grandeza es Alejandro Carrejo Candia, quien publicó una bella novela de testimonio llamada Explosión y cada mes escribe completa su revista Crónicas de Huejuquilla, un boletín histórico que muy frecuente citan en ciudades para nosotros tan exóticas como Francia, Buenos Aires, Londres y Berlín.
Para seguir en la tónica de las vacas sagradas, hay que nombrar a Jesús Vargas, quien además de sus libros escribe completa en El Heraldo de Chihuahua una página llamada ni más ni menos La fragua de los tiempos.
Otro que también escribe páginas completas en ese mismo diario es Óscar Viramontes con ese tono de barriada y nostalgia cariñosa de su gran personalidad.
En ese mismo periódico aparece una escritora joven y sexy que se llama Laura Müller. Su columna se llama Ruleta urbana y está compuesta con deliciosas crónicas que son una delicia de feminidad y frescura escritas con la fuerte personalidad de mujer siglo XXI, ángulo de su gracioso y fino estilo escritural.
Entre las mujeres cronistas también está Flor María Vargas con su crónica semanal llamada La rueda de Perq. Y Dolores Gómez Antillón, quien escribió una historia del hospital central y una biografía de su jefe Pedro Gómez Ornelas, poeta del siglo pasado.
También la bella poeta Xóchitl Gabriela Borunda escribió crónicas graciosas y muy bien pensadas a fines de los años noventas del siglo pasado, pero hasta hoy no ha seguido ese tipo de texto que inició esos años con el gran talento que la caracteriza.
A principios de este siglo apareció un magnífico libro de crónicas de lectura llamado Pasión literaria de Martha Estela Torres Torres, novelista y poeta que para regalo de los mortales además de su bella presencia dejó registradas sus experiencias de lectora; ojalá siga escribiendo este tipo de relatos.
Otras cronistas muy disfrutables lo son Alma Montemayor en sus libros históricos de teatros, edificios, cantinas, y circos de toda especie. O la hermosa Micaela Solís quien cuando fue editora de su revista Cuadernos del norte escribió relatos de maquiladoras y años después un libro desgarrador de poemas cuyo tema son algunas mujeres de Juárez: una crónica poética que es también un altísimo grito de dolor.
Otras jóvenes cronistas que han aparecido en diversos medios son Marcela Bermeo Olvera, Cristal Armendáriz, Rocío Martínez, Dora Villalobos y Olga Aragón.
También están los grandes cronistas de los días cotidianos cuyo oficio principal es el periodismo y también escriben con gran talento narrativo: José Luis García, Jaime Mariscal Talamantes, David García Monroy, Jesús López, Óscar Enrique Ornelas, Zuriel Ólmos, Armando López Castillo, Raúl Gómez Franco, Enrique Perea Quintanilla, Juan Manuel Andazola, Fernando Ledezma y Elko Vázquez.
En el siguiente grupo están los poetas y novelistas que además escriben excelentes crónicas: el gran escritor Alfredo Espinosa, Ernesto Visconti Elizalde, Manuel López Chácon, Alfredo Jacob, Sergio Durán, Raúl Sánchez Trillo, José Pedro Gaytán, Raúl Manriquez, José Luis Domínguez, Dizán Vázquez Loya (autor de una maravillosa biografía titulada Don Adalberto) y Willivaldo Delgadillo.
Ya para cerrar este recuento con broche de oro, pongamos a nuestros excelentes cronistas de rock: Jorge Villalobos autor del libro Esqueletos en el clóset; Mario Rascón que escribió el buen libro Fantasmas de rock y otro más o menos que se titula Canción de rock; el ágil cronista y reportero Eduardo Arredondo y Víctor Hernández El Cachano que en un tiempo fue casi biógrafo de cabecera del grupo Eskirla y del virtuoso poeta Rodolfo Borja, también guitarrista y músico.
Por supuesto que no se me olvidaron los excelentes biógrafos y cronistas de teatro de la ciudad de Chihuahua: Óscar Erives, Jesús Ramírez, Luis David Hernández y Jesús Monrreal.
Estos son los cronistas de la ciudad al inicio de la segunda década del siglo, el 2010 en que mis más encarecidos deseos es que la pasen de lo más divertido, productivo y feliz todas ustedes, mis bien amadas lectoras al estilo Mápula. Hasta luego, preciosas.
Enero 2010.
viernes, 14 de mayo de 2010
heriberto
Heriberto, el mejor para Filosofía y Letras
Por Jesús Chávez Marín
Abril 2010
Dr. Javier Horacio Contreras Orozco
director de El Heraldo de Chihuahua
Señor director: Desde hace ya muchos años ha sido usted uno de los más distinguidos profesores de la Facultad de Filosofía y Letras; como parte de esa comunidad, lo más seguro es que tendrá ya su candidato preferido para la dirección de esa escuela, una de las más productivas instituciones culturales del país.
De todas formas me animé a escribirle, pensando que a lo mejor coincidimos en algunas de estas opiniones. Y en cualquier caso, confiando en la libertad de expresión que se estila en este ágora, esta plaza pública, que es la sección de cartas de su periódico.
Por muchas razones estoy convencido que el mejor candidato, entre que se registraron para la dirección de Filosofía y Letras, es el licenciado Heriberto Ramírez Luján, destacado profesor, editor brillante, y eficiente administrador.
A Heriberto lo conocí en 1978, cuando él recién había salido de la escuela preparatoria y se inscribió en la carrera de filosofía. Era un joven de 18 años que desde entonces demostró con creces su ya legendaria capacidad de trabajo: se inscribió en el paquete completo de las materias de primer año; asistía con una puntualidad casi proverbial a la totalidad de las clases con la tarea en la mano; escribía artículos para revistas estudiantiles de aquí y de Ojinaga, su tierra; participaba en todas las asambleas de alumnos y en pocos años ya hasta las dirigía; se dio tiempo para conocer en persona a todos los compañeros y a los profesores y con todos cultivaba una respetuosa comunicación; defendía sus puntos de vista y era conciliador y respetuoso con quienes abrigaban opiniones contrarias.
Dos años antes de terminar su carrera, Ramírez Luján ya daba clases en varias escuelas: la prepa 4, el colegio La Salle y, recién egresado, el Tec de Monterrey. Pero también trabajaba en otros proyectos de animación cultural y seguía escribiendo y publicando ensayos de filosofía, crónicas de rock y relatos en cuanta revista y suplemento apareciera en la ciudad.
Su primer trabajo institucional fue en el Departamento Editorial de la Universidad Autónoma de Chihuahua, primera etapa, del que algunos años después sería el productivo editor que es actualmente. En aquellos años le tocó participar en el inicio de varios programas de publicaciones y de la revista Synthesis.
Al inicio de los años noventas trabajó como coordinador de proyectos del Instituto Chihuahuense de la Cultura, donde se convirtió en el gerente operativo de todo el instituto: fundó talleres literarios, de pintura y de danza en varias ciudades, inició las ferias del libro, coordinó el premio Chihuahua y el premio Testimonio. También inició el programa de publicaciones, con la primera convocatoria, que fue dictaminada por destacados escritores como Jesús Gardea y Rubén Mejía Valdés.
A pesar de sus múltiples ocupaciones, nunca dejó de dar clases. Actualmente es uno de los profesores más dedicados y originales de filosofía, y sus alumnos lo quieren mucho, pues está siempre dispuesto al diálogo, en el aula y también en su muy escaso tiempo libre. Lo más conocido de esta historia ejemplar, es la magnífica tarea que desde 1998 ha venido realizando como editor de la Universidad.
Heriberto Ramírez Luján es el editor que toda universidad quisiera tener: por la calidad y el cuidado de los libros que produce; por la disciplina y puntualidad del periódico mensual de la UACh; por el prestigio nacional de la revista Syhthesis, ahora en su segunda etapa; por la atención personalizada y profesional que brinda a cada uno de los autores, que en su mayoría son maestros de la institución. Y sobre todo por la profunda vocación de educador que es la divisa existencial de este señor que, por esas y por muchas otras razones, sería el mejor director que la Facultad de Filosofía podría tener en los tiempos que corren.
Agradezco a usted su atención.
Publicado en El Heraldo, abril 2010.
Andrés Espinosa
El miércoles de la próxima semana iniciará en ciudad Cuauhtémoc el Encuentro estatal de escritores de ensayo y crítica literaria, que organizan Raúl Manríquez, Andrés Espinosa y José Luis Domínguez, en el marco del Festival de las tres culturas; el encuentro será del 19 al 21 de mayo. Los temas centrales serán la historia de la literatura chihuahuense y la crítica de libros y autores de Chihuahua. Ya andaba haciendo falta quién iniciara este tipo de análisis, para ir estableciendo criterios de calidad para futuras publicaciones literarias, y una revisión de lo que se ha hecho hasta hoy. Participarán 20 autores del estado, 5 del municipio anfitrión, y el señor Ignacio Trejo Fuentes, de la ciudad de México. El anterior encuentro en Cuauhtémoc fue de narrativa, con el mismo sistema. Luego pondré aquí la lista de participantes y el programa competo.
Ya está por salir el libro número 77 de la colección Flor de arena de la Universidad Autónoma de Chihuahua: la novela El elixir, escrita por la doctora en ciencias químicas Blanca Sánchez Ramírez. Será una sorpresa esta historia de suspenso y de acción escrita por una científica.
(JChM, mayo 2010)
jueves, 13 de mayo de 2010
jaime garcía chávez
Capital filosófico
por Jesús Chávez Marín
Pequeños imitadores del antiguo editor José Stalin, avecindados en la ciudad de Chihuahua, gastan discursos a diestra y siniestra contra Estados Unidos, pero copian uno que otro de sus sistemas de negocios. Por cierto: con escaso talento.
En el otro lado funcionan como estructuras de la sociedad civil, organizaciones no lucrativas. Un ejemplo: la ONL (digamos) del líder campesino César Chávez y sus herederos, llamada hermandad mexicana, cuya sede está en Los Ángeles.
A los estalinistas de Chihuahua les fluye lenta la información, pero en cuanto se dieron cuenta de ese tipo de cooperativas, se soltaron abriendo aquí un montón de organizaciones no gubernamentales. Las ONG. A varios no les ha ido nada mal. Le dieron uso a la frase que aprendieron de López Portillo: empléate a ti mismo.
Una de esas empresas, de capa altruista por encimita, ha producido una buena cantidad de euros en subsidios mexicanos y extranjeros. Se llama Grupo 8 de marzo. Fue fundada por una señora muy amable llamada Irma Campos, y otra muy iracunda que se llamaba María Elena Vargas.
Para agregar algunos datos respecto a cierto drama costumbrista, he de contar que lunes 8 de marzo, día internacional de la mujer y también cumpleaños de la susodicha corporación que no será gubernamental pero sí lucrativa, los dueños presentarán un libro que escribieron y fotografiaron.
La obra tiene un título que quiso parecer trágico y resultó patético: la cruz de clavos. Hágame favor. Se refiere a un adefesio construido en la plaza Hidalgo con durmientes de ferrocarril y clavos de acero formato mega. Lo más sorprendente es que ellos a ese atentado visual lo consideran obra de arte; incluso tiene firma de autor: el “artista plástico” y exdiputado local Jaime García Chávez.
Como 2010 es año político en esta ciudad, vencieron su habitual cicatería y echaron la casa por la ventana. Contrataron como presentadores al escultor Sebastián, la hermosa Patricia Mercado y el articulista Miguel Ángel Granados Chapa. Sebastián y Granados escurrieron el bulto y no vinieron a Chihuahua, fueron sustituidos por bateadores emergentes y de entusiasmo obligado.
Lo que sí resulta trágico es que el tema de la mentada cruz de clavos son las mujeres asesinadas en Juárez. Capital político, migajas del capital de a de veras, y ahora, además, capital filosófico. Negocio redondo.
[Publicado en El Heraldo] abril 2010.
por Jesús Chávez Marín
Pequeños imitadores del antiguo editor José Stalin, avecindados en la ciudad de Chihuahua, gastan discursos a diestra y siniestra contra Estados Unidos, pero copian uno que otro de sus sistemas de negocios. Por cierto: con escaso talento.
En el otro lado funcionan como estructuras de la sociedad civil, organizaciones no lucrativas. Un ejemplo: la ONL (digamos) del líder campesino César Chávez y sus herederos, llamada hermandad mexicana, cuya sede está en Los Ángeles.
A los estalinistas de Chihuahua les fluye lenta la información, pero en cuanto se dieron cuenta de ese tipo de cooperativas, se soltaron abriendo aquí un montón de organizaciones no gubernamentales. Las ONG. A varios no les ha ido nada mal. Le dieron uso a la frase que aprendieron de López Portillo: empléate a ti mismo.
Una de esas empresas, de capa altruista por encimita, ha producido una buena cantidad de euros en subsidios mexicanos y extranjeros. Se llama Grupo 8 de marzo. Fue fundada por una señora muy amable llamada Irma Campos, y otra muy iracunda que se llamaba María Elena Vargas.
Para agregar algunos datos respecto a cierto drama costumbrista, he de contar que lunes 8 de marzo, día internacional de la mujer y también cumpleaños de la susodicha corporación que no será gubernamental pero sí lucrativa, los dueños presentarán un libro que escribieron y fotografiaron.
La obra tiene un título que quiso parecer trágico y resultó patético: la cruz de clavos. Hágame favor. Se refiere a un adefesio construido en la plaza Hidalgo con durmientes de ferrocarril y clavos de acero formato mega. Lo más sorprendente es que ellos a ese atentado visual lo consideran obra de arte; incluso tiene firma de autor: el “artista plástico” y exdiputado local Jaime García Chávez.
Como 2010 es año político en esta ciudad, vencieron su habitual cicatería y echaron la casa por la ventana. Contrataron como presentadores al escultor Sebastián, la hermosa Patricia Mercado y el articulista Miguel Ángel Granados Chapa. Sebastián y Granados escurrieron el bulto y no vinieron a Chihuahua, fueron sustituidos por bateadores emergentes y de entusiasmo obligado.
Lo que sí resulta trágico es que el tema de la mentada cruz de clavos son las mujeres asesinadas en Juárez. Capital político, migajas del capital de a de veras, y ahora, además, capital filosófico. Negocio redondo.
[Publicado en El Heraldo] abril 2010.
noticias, jueves 13 mayo 2010.
Hoy un trío y un cantante de boleros dará placer con su arte musical a todas las mamacitas de chihuahua, en el contexto del benemérito 10 de mayo, en Casa Chihuahua, antiguo palacio federal. La función es gratuita, a las 8 de la noche. Allá las vemos.
El tema del día es la suceción en la Universidad Autónoma de Chihuahua de rector y de los directores de las 15 facultades. Dos amigos míos son candidatos y están en las ternas de su escuela: mi compadre Raúl Sánchez Trillo, insigne maestro de artes visuales, para el Instituto de Bellas Artes, y el filósofo de la ciencia y del rock Heriberto Ramírez Luján, para la Facultad de Filosofía y Letras. Ojalá y ganen; sería magnífico para la Universidad, pues los dos son hombres sabios y generosos.
(JChM)
miércoles, 12 de mayo de 2010
con la película 2012
El mundo se acaba cuando se acaba, no antes
Por Jesús Chávez Marín
No cabe duda de que los mejores comerciantes de la historia son los norteamericanos, capaces de vender tiempo aire, agua en botellas de plástico, lumbre en 53 presentaciones y diseños de armas de fuego, y tierra en sacos de cemento, cerámica y bienes raíces: los cuatro elementos en toda la escala de los precios y para todos los bolsillos: depende del sapo es la pedrada.
Para vender en taquilla una de sus más recientes producciones cinematográficas, titulada 2012, Columbia Pictures, una de las macroempresas de la gran industria de sueños llamada Hollywood anuncia ni más ni menos el fin del mundo, remozando una antigua profecía de los mayas, que en el lenguaje cifrado del simbolismo mezclado con ciencia incipiente e iluminación religiosa lanza gritos de alarma y condena sobre el mito de la maldad universal que clama al cielo diluvios, fuego, terremotos y aire ponzoñoso.
La película está padre y la verdad es que los productores consiguieron su propósito de reunir multitudes ante las taquillas de medio mundo en todos los idiomas. Se trata del típico desastre terminal y también el previsible drama del héroe amargado que sigue amando en secreto a la mujer que lo mandó al demonio por borrachín o por su adolescencia tardía. En este caso se trata de Jackson Curtis, quien durante toda la película suspira y se arrastra por Kate, su vieja, y por sus dos hijitos del divorcio Noah y Lilly. En esas anda, cuando de repente un montón de fanáticos se suicidan en masa ante la angustia de las profecías mayas del fin del mundo en 2012. Unas grietas de formato mega se abren en las calles de ciudades súper pobladas y los rascacielos se desploman como si no hubiera mañana. Y no lo había. Al final termina rescatando a su rorra y a los vástagos en heroicas acciones por cielo, mar y tierra, consigue abordar con ellos en uno de los exclusivos barcos de Noé que se habían construido en secreto para salvar a una parte de la humanidad, aquella pudiera pagar el boleto del pasaje a precio de millones de dólares y oro.
Para no hacerles más el cuento largo, sobrevive al desastre mundial un buen cacho del continente africano, donde la humanidad habrá de recetearse de nuevo.
El cine es hoy la expresión de la pesadilla recurrente del fin del mundo. Antes lo fueron libros sagrados, como la Biblia, donde se cuenta la historia del diluvio universal y también hay una bonita familia disfuncional, la de Noé. Y la del fuego del cielo sobre Sodoma y Gomorra, donde aparecen ángeles bien galanes, una vieja muy arisca, esposa de Lot, que termina convertida en estatua de sal, y unas señoritas bien intensas que se dedican al acto de tener familia, como se decía antes, para que la humanidad siga perpetuándose y alcance algún siglo de estos su redención, aquella que imaginaron antiguos patriarcas que nos dieron patria.
Otra bonita historia de esas es la diosa Kali, que se aventó una lucha a sangre y fuego contra gigantes de sombras e ignorancia, y luego de una batalla intensa a cuatro brazos partidos logra vencerlos con el fuego brillante de la verdad. Al final se pone tan contenta que canta y danza como loca, tan alegre y tan furiosamente que la tierra tiembla y destruye un montón de poblados y montañas. Si no es porque su esposo la detiene tendiéndose bajo sus pies, la humanidad se hubiera acabado de nuevo.
El mismo Platón no se quiso quedar atrás y en dos de sus famosos Diálogos, el Timeo y el Critias, se inventó la historia de la Atlántida, aquella isla que se hunde en el mar como castigo de Zeus ante la soberbia de los atlantes que ya se sentían muy fregoncitos con su ciencia y su tecnología, y habían iniciado la conquista del mundo.
La única verdad cierta es que el mundo se va acabando para cada uno de nosotros con la muerte, que hasta hoy sigue siendo una aventura individual de iluminación y sombra. Y aún antes de morir nos tocan otras muertes: cuando perdemos a un amor, o cuando muere un ser querido. Yo recuerdo con dolor perenne la muerte de mi madre, Carmen Marín, hace ya casi diez años. El día de su muerte, una mancha típica de vejez apareció en mi mano izquierda, como marca de esa muerte mía, nítidamente física y para siempre, de una parte de mi alma.
En la memoria de todos nosotros se refugia la muerte como un destino ineludible y también como una de nuestras maestras universales.
Abril 2010
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