viernes, 31 de julio de 2026

Peso muerto

 

Peso muerto

Por JChM

 

Adela es abogada, le va bien y además es bonita. Nadie se explica cómo le había aguantado tanto al marido, que también es abogado, aunque trabaja de burócrata y gana poco; él es feo, pero se siente un Adonis y la hizo ver su suerte.

Después de otras varias, esa vez traía una amante joven y andaba voladísimo. Logró colarse en un curso que daban con gastos pagados en Mazatlán y consiguió que la muchacha también fuera invitada. Adela se quedó con los dos hijos las vacaciones de verano, aguantando el calorón y el aburrimiento, sacrificándose para que aquel se capacitara en el mar. En las noches le hablaba él desde Mazatlán para saludarla muy cariñoso y ver cómo andaba todo.

Pero como ella ganaba buen dinero, cambió los planes. Decidió ir a Mazatlán a reunirse con él, y así andar todos juntos en la playa en las horas libres del curso. Llamó a la oficina, el personal de guardia le dio los datos del hotel y del colegio. Pero le dijo que la convención no era en Mazatlán, sino en la ciudad de México.

Como ya había comprado para ella y para sus dos hijos el paquete de viaje a Mazatlán, para allá se fue. No sabía si enojada o triste, pero sí con la certeza de que estaba por quitarse un peso de encima.

miércoles, 29 de julio de 2026

El hogar

 

El hogar

Por JChM

 

Ya no sé si contar estas cosas porque mis camaradas de antes dicen que son viles chismes de la decadencia de la clase media, pero ahi va.

Luego de que su mujer se fue a Estados Unidos con todo y sus cuatro hijos, y le dejó una demanda de divorcio invencible, Edgar luchó cuatro años para recuperarlos, por las buenas y por las malas; llegó al extremo de secuestrar a dos de los niños y tenerlos encerrados en la casa familiar, ya tenebrosa y vacía. Por supuesto que la señora lo metió al bote varios meses; allí tras las rejas tuvo que poner en la sentencia de divorcio la firma que tozudamente se había negado a obsequiar.

Durante esos años y otros más, Edgar tuvo tres novias, una de ellas hasta vivió en su casa. Pero luego de meses tronaba. Decía que no le llenaban el ojo, el alma, no sé. Y menos él a ellas, porque seguía siendo necio e impositivo, el truene conyugal no le enseñó nada.

Para remediar su indigencia amorosa, acudió al Internet, se inscribió en varios servicios buscadores de parejas y conoció a una multitud de mujeres cuyas fotos eran espectaculares y estaban más que dispuestas a casarse con él ipso facto. Y así se la ha pasado los años recientes, chateando con las mujeres de su vida virtual.

Algunas tardes le sucede que una tristeza tenue y muy terca le irrita los ojos.

martes, 28 de julio de 2026

Los actos de una madre enemiga

 

Los actos de una madre enemiga

 

Por Araceli Loya y JChM

 

Claudeth mira en la televisión a su madre en el canal 44; anoche fue detenida por secuestro y hoy es presentada por el ministerio público ante los medios; sale vestida de hombre y trata de ocultar el rostro con una cachucha beisbolera que le cubre la melena. Es la madre y también la enemiga desde siempre, desde el más antiguo recuerdo.

Cuando Claudeth tenía 10 años, fue violada por el esposo de su madre; en vez de protegerla y denunciar al padrastro perverso, la mujer la regañó mucho, la llevó con un brujo para que la curara del susto y luego la mandó a ciudad Juárez, para poner distancia. La dejó encargada con un tío y su esposa, donde la niña empezó a vivir un poco mejor que en Roswell, pues su tía le fue tomando cariño y la cuidaba. Pero un año después regresó por ella, para llevársela de nuevo, no sin advertirle que no se le volviera a insinuar a su esposo, como si la inocente criatura hubiera sido la provocadora de aquel ataque brutal.

La niña vivía angustiada, y aunque era buena estudiante, su conducta era muy tensa y tuvo dificultades en el trato con los compañeros; la psicóloga de la escuela le hizo entrevistas, el trauma de la violación salió a flote. La madre fue citada por las autoridades escolares; hizo mil promesas de enmienda, pero no aceptó la sugerencia de denunciar la violación. Al contrario, enfurecida se llevó de nuevo a Claudeth a ciudad Juárez, pero esta vez no la encargó con el hermano, sino que la encerró en una casa vieja que tenía en la colonia La Chaveña, ahora sí de plano abandonada a su suerte.

A los pocos días, Claudeth logró escapar y anduvo por las calles buscando comida y tratando de ganarse la vida como Dios le dio a entender. En las tardes regresaba al barrio y entraba de nuevo a la casa por donde se había escapado, la ventana del baño. Una de esas tardes una vecina suya la miró llorando sentada en la banqueta y se acercó. Casandra era muy hermosa, y solo dos años mayor; con el permiso de su madre la llevó a vivir a su casa y se hicieron amigas.

Casandra frecuentaba todas las noches el Giberts, un bar muy animado donde pasaba de todo. Al poco tiempo empezó a invitar a su nueva amiga, quien a pesar de sus pocos años resultó espectacular; el dueño del bar se encaprichó con Claudeth y ya no le permitió ganar su dinerito, la quería en exclusiva. Era un norteamericano que prácticamente la tuvo secuestrada varios años hasta que el bar quebró y pudo escapar de nuevo. En su libertad conoció a un hombre bueno, quedó embarazada y tuvieron una hija. Vivían felices hasta que a la madre de ella se le ocurrió la idea de exigir en el DIF la custodia de la niña, alegando la vida desordenada de la pareja, nada más para perjudicarla.

Claudeth vivió un nuevo calvario para recuperar a su niña, quien ahora vivía en Roswell con su abuela desalmada; pasaron años para recuperarla y devolverla a ciudad Juárez con ella, pues luego del juicio civil le otorgaron la custodia plena. Pero la madre era aferrada. Aprovechó un viaje de la hija a Mazatlán y secuestró a la nieta, sin avisarle a nadie.

En toda Ciudad Juárez circularon volantes y carteles de la niña perdida, a Claudeth la entrevistaban en los periódicos y en programas de televisión y radio, hasta que la policía ubicó a la hija en Estados Unidos, donde la tenía escondida la malvada señora. La misma que ahora su hija mira en la televisión con lágrimas en los ojos. Apenas puede creer que esa mujer tan retorcida sea su madre, quien la trajo al mundo y le ha hecho más perjuicios que esta ciudad, a veces tan tenebrosa y violenta donde ahora vive.

lunes, 27 de julio de 2026

La noche en blanco

 

La noche en blanco

 

Por JChM

 

Esteban despertó a las dos de la mañana, el foco de 5000 wats del insomnio iluminó el aire antes de que prendiera la luz del cuarto.

No sabía si levantarse o quedarse tirado en la cama como un bulto en llamas.

Prefirió levantarse. Del archivero de su estudio sacó una carpeta que decía “varios”. Allí aparecieron las tres novelas que no había escrito, vida en jirones, relatos inconclusos como tantas cosas de su inútil vida. También la redacción cuidadosa de varios proyectos con los que había concursado y perdido y guardado por si más adelante.

Nunca se decidía a tirar nada a la basura y se llenaba de papeles almacenados mientras su propia vida era la que se iba a la basura, a la vejez, hacia el absurdo.

Todo resplandecía cuando llegaba la euforia de la manía, pero para estas alturas ya sabe que eso no era el placer sencillo de la vida feliz, sino el quebradizo filo del infierno.

Por suerte ya no le hacía daño, por lo menos en forma cercana, a nadie más que a sí mismo.

Y a pesar de todo, la vida que este día inicia antes de la tormentosa madrugada estaría muy bien, si no tuviera a las nueve de la mañana que iniciar la labor cotidiana del trabajo en la oficina, todo para seguir subsistiendo y pagando la modesta vida de su soledad.

domingo, 26 de julio de 2026

El yonke


 

El yonke

 

Por JChM

 

Había juntado cuarenta mil pesos y un amigo que es filósofo, de los que para todo dan consejos, me sugirió que los diera de enganche para un Honda nuevo, que salen muy económicos de gasolina.

Yo le había echado el ojo a este Volkswagen, que lo tenían abandonado en un patio, lleno de óxido y casi hecho garras, a ver si me lo vendían para repararlo poco a poco y dejarlo bien bonito, como lo ves.

Y sí me lo vendieron, pero se despacharon con el cucharón del pozole, me lo dieron bien caro, pero ni modo.

Yo tenía ganas de tener este tipo de automóvil y ahi la llevo; una amiga que tiene un yonke en la colonia Rosario me consigue las piezas, porque le faltaban hasta las manijas de las dos puertas y un fénder delantero.

Me encanta mi carro, todo mundo me lo chulea; aunque a veces falla y me deja tirado a mitad de la calle, y entonces luego luego le llamo a mi amiga que si tiene equis refacciones o me las pudiera conseguir.

Ya hasta nos hicimos medio novios, hemos ido al cine dos o tres veces y un domingo salimos de paseo fuera de la ciudad; allí sí me sentía muy seguro en carretera porque ella lo sabe todo de mecánica, llevó su caja de herramientas que la trae súper equipada: pinzas, desarmadores de todos, taladro, cables, una batería nueva, frascos de aceite, líquido de frenos, bandas y cuanta madre.

Ando muy a gusto con esta mujer, pienso comprarle un anillo carísimo para ver si me da el sí.

martes, 21 de julio de 2026

La jardinera

 

La jardinera

 

Por JChM

 

Este arbusto ocre fue lo último que dejó mi tía Oralia antes de irse; los pocos meses que vivió en nuestra casa también sembró en el patio de atrás un árbol de manzanas, un rosal de flores blancas, una granada y una planta de sábila muy vigorosa, como ella.

Ejercitaba una energía increíble, a pesar de que ya tenía 63 años cuando enviudó. Su hermana, mi madre, la invitó a vivir con ella mientras pasaba el duelo y se arreglaban los asuntos de la herencia, porque mi tío Dimas la dejó literalmente en la calle, con una pensioncita del seguro social y la modesta casa donde vivieron los 41 años juntos y solos, pues no tuvieron hijos.

Él era buena gente, pero la celaba mucho, siempre estaba molestándola con historias que se inventaba de miradas, sonrisas, albur de amor de pasado y futuro; la obligaba a vestirse casi de monja, la separó de sus amigas, de la familia, la quería tener encerrada, nunca la llevó de viaje ni le compró un automóvil, ni joyas ni perfumes, era un miserable.

Y por supuesto que jamás la dejó trabajar.

Nadie se explica cómo un señor que era tan poquito y necio consiguió doblegar a una mujer tan esplendorosa como mi tía, que además era muy guapa, eso se ve en las fotos de la familia y en lo que platican de ella.

Pues a ver cómo le va ahora que se fue a vivir a Denver. Vendió su casa, mi primo Jacinto le enseño a usar la computadora y a navegar en Internet, tramitó su visa, se contactó con mi prima Iris, que vive allá, consiguió un empleo muy bueno en una empresa de jardinería del marido de Iris, y hasta rentó desde aquí un departamento en el centro.

A principios de año se fue, ojalá le vaya bien.

sábado, 18 de julio de 2026

Un éxito de librería


 

Un éxito de librería

 

Por JChM

 

Andaba feliz el escritor Beto porque el viernes siguiente se presentaría un libro suyo; la invitación ya estaba en todas las casas del pueblo. En una de ellas, Porfirio miraba con rencor el mamotreto de 700 páginas; allí se narraba el idilio de Iris con Calixto, quien supo salvarla del agiotista que tenía agarrado de los estos a su padre y estaba a punto de arrojarlo al abismo financiero, pero en eso llegó Calixto como si fuera El Llanero Solitario y arregló la bronca con su destreza de abogado fiscal.

También se casó con la muchacha, se ganó a puños la simpatía de todo el pueblo, etcétera, todo eso contado con lujo de detalles, historias de alcoba de La Pareja del Año francamente en los linderos de la pornografía, me van a perdonar, pero estos escritores con tal de vender libros son capaces de, estee, ya me salí del tema.

El caso es que Porfirio miraba enojadísimo la novela; la leyó de un tirón, porque desde la primera página se dio cuenta de que la bella Iris no era otra que Tencha, la esposa del autor, y exnovia secreta suya; de esas novias secretas que todo mundo sabe. Así que en cuanto terminó de leer urdió un plan terrible: vendería unas vacas para comprar en la noche de la presentación todos los libros que sacaran a la venta, para al día siguiente destruirlos.

Vacas tenía muchas, así que le valía madre, siguió comprando todo en cuanto llegaba a la librería.

Fue el libro más vendido del año, pero Beto no pudo darse el gusto de firmar ni medio autógrafo. No le hace, decía muerto de risa en los cenáculos literarios donde tomaba café los jueves; gracias al comprador compulsivo pude poner al día las tarjetas y me fui de vacaciones a la Riviera Maya con Tencha y los niños.

No estaba muy seguro de que esto hubiera sido precisamente un éxito literario, pero la verdad es que nunca había tenido un fan tan entusiasta.