miércoles, 3 de agosto de 2011
enrique alfonso reyes siáñez
Una extraña atmósfera de sensaciones. Presentación del libro Rocío de sentimiento, de Enrique Alfonso Reyes Siáñez
Por Jesús Chávez Marín
De todos los textos que un autor puede escribir, el más riesgoso es el poético. Las zonas de la intimidad, la claridad intensa de los pensamientos, la visión personal, las palabras cercanas al cuerpo son los materiales del poema. Pero no basta con ese fulgor de la propia vida para construirlo. Hace falta armonizarlo con ideas colectivas, con voces múltiples de la expresión universal de la tradición.
Enrique Alfonso Reyes Siáñez construye en este, su segundo libro de poesía, una atmósfera plena de sensaciones sonoras, olfativas, visuales donde sus versos líricos iluminan historias de diversos momentos de su infancia, la escuela, los amores, y además nos conecta con imágenes reconocibles por quienes nos miramos en el espejo de esta escritura forjada con nostalgia, ternura, dolor, y la fuerza que da la meditación constante, el ejercicio de pensar.
En el primer texto, titulado “El valor de vivir”, el autor habla de los contrastes físicos y espirituales con los que batallamos todos los días, presencia en medio del mundo, entre semejantes, y en las claves que el poeta va iluminando con su búsqueda espiritual, tal como dice en uno de sus versos:
Alba de esperanzas
que voy abriendo en la misteriosa selva del destino.
La estructura de este libro tiene una secuencia existencial que se va rebelando en el orden en que vienen los poemas. La historia inicia en la primera infancia, donde las palabras son objetos tangibles, importantes para forjar una identidad que se conecta al presente de la escritura y al presente de cada lector. Así vemos que el poeta evoca la voz del padre en el momento mágico del ensueño. Así lo expresan estos dos versos:
El cuento que mi padre me relataba,
antes de cerrar los ojos
En ese mismo texto se habla de las “canciones de infancia, que aún viven”. De una manera muy atinada juega con esos jirones de sueño que se proyectan para siempre en la vida, esos sonidos y palabras luminosas que son para todos el sustento de la propia identidad.
Con gran intuición, Reyes Siáñez forja en sus textos esas imágenes del pasado que surgen con la reflexión de un presente cristalizado en cierto momento de la propia existencia. Les voy a leer dos versos de un mismo texto donde se forja esa piedra de toque. Primero, habla de la “nostalgia de mis juegos que volaron” y, dos estrofas después, aparece esta otra metáfora: “La misteriosa huella del amor”. Las dos vías de la sensibilidad, el recuerdo y la experiencia del presente, se armonizan en el texto para construir un lenguaje de gran expresividad.
En otro poema hallamos un retrato de lo que, para el autor, es la amistad: El fulgor de un arco iris que a veces, por descuido, guardamos en los bolsillos rotos de los sueños.
Los poetas, tan pensadores, son personas de sensibilidad muy viva. Su vida espiritual es dinámica y muchas veces navegan, como lo indica uno de los versos de este libro, en “la misteriosa soledad”. A pesar de eso, los poemas de Enrique Alfonso Reyes Siáñez suelen tener una sencillez y una ternura de profunda humanidad. Como cuando se refiere a su madre y le canta a su “amor sin condición”, al “consuelo oportuno”, al “arrullo que solía oír” aún antes de nacer. De esa mujer que se entrega entera y no espera otra recompensa que ver alegre a su hijo.
En el paisaje de este libro, escrito con la reflexión y la sensualidad del presente en contrapunto con los colores de los recuerdos, se habla de la escuela de niños. Uno de los textos se refiere, según las palabras de uno de sus versos, de “la cotidiana tarea de aprender la lección”. Quienes son o han sido maestros hallarán en este poema un homenaje de gran cortesía y cariño.
El autor hace también una sutil reflexión de su propio oficio de escritor, y se refiere en otro texto a
La facultad de expresarme que la vida me otorga
facultad que es ejercicio constante desde la infancia del poeta, según lo indican estos dos versos, donde habla de su actividad de pensar e imaginar que parecían tan naturales, desde el refugio del amor:
la ternura de mi madre, cuando me miraba,
con mis ojos cerrados y mi mente volando.
Me parece muy hábil la escritura de Reyes Siáñez en el trazo de gran precisión con que suele describir figuras y personas en unos cuantos versos. Como es el caso de este bello retrato de una joven mujer:
muchacha, que detrás del maquillaje
cubre sus sentimientos,
que son el tesoro de su intimidad
Hay también en este libro, como una trama de hilos, un afán constante de seducción: al lector, a la amada, a la musa. Incluso se atreve a revelar sus intenciones en palabras explícitas, según lo indica este verso:
tal vez estas palabras humedezcan tu corazón
Quizá el tono más constante sea la ternura, sentimiento tan difícil de expresar. Vivimos tiempos ásperos, fríos, violentos: las lecciones de amor que también hay en esta escritura sin duda serán un poco de agua fresca. Así se expresa en esta parte del libro, donde se habla de
Este amor, inmensa ternura solitaria
en lo profundo de la noche
Algunas de las palabras con las que están forjados estos poemas, “se refugian en tu piel de mujer”, así se lo expresa a una mujer a quien también le dice esto:
se desvaneció mi pudor frente a tus ojos
El riesgo de la propia intimidad esa uno de los componentes más difíciles pare el poeta. En la apuesta va todo: el cuerpo, los pensamientos secretos, la crueldad, el sufrimiento, la alegría, la fe. Para tener a la amada, la voz del poema habla de:
la ansiedad de robarme tu sombra,
que es el consuelo de mi desvelada vida
Y en otro poema expresa el triunfo de esta aventura poética:
Saber que te llevo tatuada
Leer este nuevo libro de Enrique Alfonso Reyes Siáñez es una experiencia estimulante. Los colores de infancia iluminan zonas oscuras de nuestro presente. La temblorosa inseguridad ante la primera experiencia amorosa, cuando somos protagonistas de la intensidad amorosa y la repentina conciencia del propio cuerpo, se queda grabada en la identidad, la conciencia, con una mezcla confusa de placer y temor, ilusión y dolor. Son en la memoria sensaciones tan plenas de la propia vida que las guardamos como un tesoros. De todo esto habla este libro: habla de nosotros, de los juegos, de las canciones, de los amores, de la propia respiración.
Reyes Siáñez, Enrique Alfonso: Rocío de sentimiento. Editorial Ari, México, 1999.
Junio 1999
martes, 2 de agosto de 2011
alejandro carrejo candia
La lumbre y el estallido. Presentación del libro Explosión, de Alejandro Carrejo Candia
Por Jesús Chávez Marín
El primero de julio de 1972, en la estación del ferrocarril de ciudad Jiménez, una máquina chocó contra varios carros tanque repletos de gas que estaban estacionados a un lado de la línea principal de la vía. El choque provocó dos explosiones que causaron una gran tragedia para la población.
A muchos nos tocó leer en los periódicos de aquel tiempo las noticias que relataron aquellos hechos. Alejandro Carrejo Candia escribe ahora un libro, Explosión, donde cuenta y registra de manera magistral las historias de aquella catástrofe.
La estructura de esta obra está compuesta por 27 capítulos, un epílogo y un poema de tono épico de Javier Martínez Caballero, Mere, que concluyen y cierran cada una de las dos partes en que se divide el texto.
Cada capítulo contiene un relato, o varios relatos entrelazados, contados por personajes distintos, hombres y mujeres que fueron protagonistas de aquella tragedia. Otros capítulos reproducen notas y versiones periodísticas de la época, expuestas con todas las inexactitudes que en su tiempo produjeron la prisa, la improvisación y el descuido de corresponsales y reporteros de varios periódicos mexicanos.
En otros episodios del libro se transcriben textos históricos y crónicas antiguas que dan un contexto a los hechos narrados, o describen escenarios y estados anímicos que dan ambientación temporal para ubicar esta historia de hechos reales. Este material es recreado con el cuidado y profesionalismo de historiador que caracteriza a Alejandro Carrejo Candia en todos sus trabajos de escritura pública.
El narrador del libro, o sea la voz que conduce la fabulación, desaparece casi por completo, a pesar de ser un narrador protagonista y testigo cercano de los hechos. En alguna escena lo vemos apenas, como de lejos en una toma cinematográfica, apurado en los trabajos de urgencia del hospital regional, o recolectando víveres y medicinas junto con un amigo suyo, conocido comerciante de Jiménez.
El narrador se concreta a escuchar, junto a los lectores, el discurso de los personajes, recreado en la escritura con una fidelidad de gran verosimilitud. El discurso es el habla de personajes que 25 años después recuerdan aquella catástrofe, una de las más grandes que han sucedido en la historia de la extensa región norte del país.
La escritura de este libro es sobria y el tono es estoico. No se desborda en el melodrama, lo cual hubiera sido fácil para cualquier redactor, ni tampoco se concreta a presentar en frío la información, como si el dolor de su pueblo no lo hubiera tocado.
Al reproducir las voces y los giros del habla, hace sonar en su prosa palabras bellas, hoy casi en desuso, con las que se expresaron en nuestras ciudades del norte antes de que la aplanadora de las maquiladoras y de los anuncios comerciales nos metieran a todos en este supermercado que ahora gobierna.
El amor por la tierra, la nostalgia de un tiempo de ritmo más pausado y humanista matiza el lenguaje de este bello libro escrito con el respaldo de las formas clásicas de la buena literatura y con ágil modernidad, que son los dos componentes del estilo de este excelente escritor.
A pesar de narrar hechos espantosos de un incendio gigantesco, este libro produce las sensaciones de un mundo amable y generoso, un ambiente de serenidad y belleza y la elegancia de ese toque aristocrático y noble que caracteriza a los jimenenses.
En sus páginas hallamos una voz narrativa de gran originalidad, frases muy breves y bien medidas donde late una expresividad intensa y sugerente, plena de evocaciones. Alejandro Carrejo Candia es un narrador de enorme talento natural, educado en las lecturas de los clásicos latinos y españoles que le han forjado una fortaleza de pensamiento y de recursos de lenguaje que lo hacen ser un escritor de gran poderío verbal y de profundo registro.
Para terminar, hace falta decir que uno de los muchos valores de esta obra es que al contar los hechos verídicos de una catástrofe regional, Carrejo encontró la fórmula exacta para darle a su historia un alto simbolismo para pensar en la muerte, el dolor, el destino y la solidaridad de los pueblos, la lumbre como metáfora del mítico fuego de nuestros miedos más antiguos y ancestrales.
Saludo con todo el respeto y el cariño a este hombre cuya amistad y palabras han enriquecido mi vida, este escritor llamado Alejandro.
Candia, Alejandro: Explosión. Editorial Universidad Autónoma de Chihuahua, México, 2000.
21 de octubre de 2000
lunes, 1 de agosto de 2011
alfonso chávez salcido
Vamos a dar un paseo entre la resolana y la sombrita. Presentación del libro Retratos cotidianos, de Alfonso Chávez Salcido
Por Jesús Chávez Marín
Cuando niños la ciudad era un lugar fantástico, espacio abierto, inmenso, habitado por personas extraordinarias que a veces nos miraban pero que casi siempre pasaban indiferentes, ocupados en sus asuntos con rostros duros, concentrados, la mayoría de las veces de gesto agrio, como enojados. Algunas veces íbamos al centro de la ciudad y sentíamos llegar a un lugar distinto cada vez, a la vuelta de la esquina pasábamos por primera vez frente a una tienda donde la abundancia de frutas, juguetes, olores y sonidos era asombrosa, por allí caminaban enanos y señores elegantes, ancianos de ciento veinte años de edad y señoritas con vestidos preciosos y perfumado aroma cuya presencia era un regalo para los que pasaban a su lado.
¿En qué momento perdimos esa mirada? ¿En cual año de nuestra vida la indiferencia nos perdió y nos encontramos de prisa caminando con gesto de fastidio por una ciudad, la misma, que ya no nos importaba, donde ya éramos solo gente que va sin fijarse en nada y llega al banco a cobrar un cheque o entra a una oficina oscura y helada, llena de ruido sin armonía ni sentimientos. Para algunos de los niños que ahora nos miran atentos somos unos blandos monstruos del mal humor de los muchos que se aglutinan en las ciudades.
Pero para esos males existe el remedio. Son libros como este de Retratos cotidianos, escritores como Alfonso Chávez Salcido que nos corrigen la mirada, nos devuelven el asombro y los colores de las cosas, afinan nuestros cinco sentidos, nos llevan de nuevo a pasear por las calles y a escuchar las voces que habíamos perdido por andar aturdidos en las cuentas, las parrandas, las compraventas.
Lo primero que cautiva de este libro es hallarnos a la vuelta de cada página con personas y objetos reconocibles, que en la escritura son nuevos para nuestros ojos, para la imaginación. El tono del narrador nos incluye de alguna manera, somos los lectores quienes hacemos este viaje interior y nuestros los van naciendo en cada relato.
El narrador se presenta a sí mismo desde el inicio del texto:
Aquí estoy
rodeado de entes
tan móvil como el viento
viajero urbano
que relata el vacío
ámbito de todos
los que verán
con mis ojos
en estas letras
El tono de la prosa será complejo: no solo construye con gran habilidad espacios narrativos con descripciones ágiles, sino además da voz a los personajes recreando un lenguaje que suena auténtico en cada uno de ellos, registrado con oído fino y escrito con gran belleza. Las voces populares se armonizan en el discurso formando una prosa que tiene una cadencia poética. Quizá lo más original de este libro sea ese tono de contar historias donde las ideas surgen con naturalidad, las imágenes logran una expresividad enérgica y clara.
El panorama presentado en estos relatos está nutrido por una conciencia histórica sólida y una reflexión visión compleja de los usos y costumbres de la sociedad moderna. Y aunque los modelos reales de muchos de los personajes de estas historias son personas concretas, con nombres propios y vida verdadera, la anécdota que les da vida literaria está forjada con un punto de vista que los proyecta desde un ángulo con alto grado de significación.
No se trata solamente de contar una historia entretenida. El narrador busca trastocar el lenguaje para hallar la profunda humanidad del personaje, de la situación dramática y de los mismos lectores, involucrados en el juego literario, los mil ángulos y filos de un destino colectivo.
La modernidad del género relato ha abierto este tipo de textos hacia muchas posibilidades. El retrato literario, la viñeta, la prosa poética, el aforismo, la flecha rauda de algún dato histórico significativo, la secuencia del guión cinematográfico, la entrevista, la grabación de un monólogo, el ritmo pausado de un ritual, a todo acude el autor para establecer y sostener este pacto de comunicación entre su narrador y sus lectores.
La mezcla de sensaciones es otro de los recursos efectivos de este libro. El barroquismo de las descripciones, la estridencia de los ruidos que abunda en todas las ciudades, encuentran equilibrio en una prosa de gran sobriedad y de amplio registro. Escuchemos, como ejemplo, este fragmento:
A la ciudad la tocamos no solo con las extremidades, sino con la vista, el oído y el olfato. Calculamos la distancia entre nosotros y el auto que nos embiste, el oído reacciona ante el chirriar de llantas y los músculos de las piernas se tensan, espueleados por la adrenalina; el control físico para evitar el choque entre cuerpos en las avenidas enmarañadas de obstáculos.
Indígenas, niños de la calle, prostitutas, vendedores ambulantes, músicos, son aquí personajes entrañables. Otros relatos del libro tienen distintos personajes, el espacio literario de su fábula está habitado por golondrinas, palomas y otros seres que comparten el entorno vital y son parte de un destino común. Así en un pasaje el autor narra esto:
Allí mismo, al amanecer, el ruido de miles de alas estremece al parque, se forman remolinos oscuros que inician el día en busca del grano, fruto o insecto para llenar sus insaciables mollejas. Y en la esquina trafica aburrimiento el caballo del hombre que acarrea tierra de hoja para los jardines, o fruta y verduras. El equino saluda con mirada triste a los perros que ladran a sus retumbantes cascos, acostumbrados al pavimento. En los barrios suburbanos y residenciales, al anochecer, se escucha el maullido de los gatos, con ojos fieros y brillantes que llaman a sus evasivas consortes ocasionales, para perpetuar la especie, y con agilidad trepan árboles y bardas en búsqueda constante, acabando a su paso con alimañas y ratones descuidados.
En otra parte también las estatuas y los monumentos son personajes singulares, desde muros nobles o cuerpos de bronce de 60-90-60 nos acompañan y nos hacen sentir la pertenencia a un espacio y a un tiempo determinados, nos dan la seguridad de arraigarnos en un paisaje que nos da sustento.
Este libro es un bello retrato de la ciudad de Chihuahua. En su simbolismo nos sentimos aludidos y nos comunica su escritura un matiz de amabilidad y esperanza. No es un libro amargo, aunque relate de pronto tantas miserias cotidianas. Es un texto pensado con buen humor, con afecto por los seres humanos y confianza en la trascendencia de nuestro destino.
Chávez Salcido, Alfonso: Retratos cotidianos. Editorial Universidad Autónoma de Chihuahua, México, 2000.
Agosto de 2000.
Por Jesús Chávez Marín
Cuando niños la ciudad era un lugar fantástico, espacio abierto, inmenso, habitado por personas extraordinarias que a veces nos miraban pero que casi siempre pasaban indiferentes, ocupados en sus asuntos con rostros duros, concentrados, la mayoría de las veces de gesto agrio, como enojados. Algunas veces íbamos al centro de la ciudad y sentíamos llegar a un lugar distinto cada vez, a la vuelta de la esquina pasábamos por primera vez frente a una tienda donde la abundancia de frutas, juguetes, olores y sonidos era asombrosa, por allí caminaban enanos y señores elegantes, ancianos de ciento veinte años de edad y señoritas con vestidos preciosos y perfumado aroma cuya presencia era un regalo para los que pasaban a su lado.
¿En qué momento perdimos esa mirada? ¿En cual año de nuestra vida la indiferencia nos perdió y nos encontramos de prisa caminando con gesto de fastidio por una ciudad, la misma, que ya no nos importaba, donde ya éramos solo gente que va sin fijarse en nada y llega al banco a cobrar un cheque o entra a una oficina oscura y helada, llena de ruido sin armonía ni sentimientos. Para algunos de los niños que ahora nos miran atentos somos unos blandos monstruos del mal humor de los muchos que se aglutinan en las ciudades.
Pero para esos males existe el remedio. Son libros como este de Retratos cotidianos, escritores como Alfonso Chávez Salcido que nos corrigen la mirada, nos devuelven el asombro y los colores de las cosas, afinan nuestros cinco sentidos, nos llevan de nuevo a pasear por las calles y a escuchar las voces que habíamos perdido por andar aturdidos en las cuentas, las parrandas, las compraventas.
Lo primero que cautiva de este libro es hallarnos a la vuelta de cada página con personas y objetos reconocibles, que en la escritura son nuevos para nuestros ojos, para la imaginación. El tono del narrador nos incluye de alguna manera, somos los lectores quienes hacemos este viaje interior y nuestros los van naciendo en cada relato.
El narrador se presenta a sí mismo desde el inicio del texto:
Aquí estoy
rodeado de entes
tan móvil como el viento
viajero urbano
que relata el vacío
ámbito de todos
los que verán
con mis ojos
en estas letras
El tono de la prosa será complejo: no solo construye con gran habilidad espacios narrativos con descripciones ágiles, sino además da voz a los personajes recreando un lenguaje que suena auténtico en cada uno de ellos, registrado con oído fino y escrito con gran belleza. Las voces populares se armonizan en el discurso formando una prosa que tiene una cadencia poética. Quizá lo más original de este libro sea ese tono de contar historias donde las ideas surgen con naturalidad, las imágenes logran una expresividad enérgica y clara.
El panorama presentado en estos relatos está nutrido por una conciencia histórica sólida y una reflexión visión compleja de los usos y costumbres de la sociedad moderna. Y aunque los modelos reales de muchos de los personajes de estas historias son personas concretas, con nombres propios y vida verdadera, la anécdota que les da vida literaria está forjada con un punto de vista que los proyecta desde un ángulo con alto grado de significación.
No se trata solamente de contar una historia entretenida. El narrador busca trastocar el lenguaje para hallar la profunda humanidad del personaje, de la situación dramática y de los mismos lectores, involucrados en el juego literario, los mil ángulos y filos de un destino colectivo.
La modernidad del género relato ha abierto este tipo de textos hacia muchas posibilidades. El retrato literario, la viñeta, la prosa poética, el aforismo, la flecha rauda de algún dato histórico significativo, la secuencia del guión cinematográfico, la entrevista, la grabación de un monólogo, el ritmo pausado de un ritual, a todo acude el autor para establecer y sostener este pacto de comunicación entre su narrador y sus lectores.
La mezcla de sensaciones es otro de los recursos efectivos de este libro. El barroquismo de las descripciones, la estridencia de los ruidos que abunda en todas las ciudades, encuentran equilibrio en una prosa de gran sobriedad y de amplio registro. Escuchemos, como ejemplo, este fragmento:
A la ciudad la tocamos no solo con las extremidades, sino con la vista, el oído y el olfato. Calculamos la distancia entre nosotros y el auto que nos embiste, el oído reacciona ante el chirriar de llantas y los músculos de las piernas se tensan, espueleados por la adrenalina; el control físico para evitar el choque entre cuerpos en las avenidas enmarañadas de obstáculos.
Indígenas, niños de la calle, prostitutas, vendedores ambulantes, músicos, son aquí personajes entrañables. Otros relatos del libro tienen distintos personajes, el espacio literario de su fábula está habitado por golondrinas, palomas y otros seres que comparten el entorno vital y son parte de un destino común. Así en un pasaje el autor narra esto:
Allí mismo, al amanecer, el ruido de miles de alas estremece al parque, se forman remolinos oscuros que inician el día en busca del grano, fruto o insecto para llenar sus insaciables mollejas. Y en la esquina trafica aburrimiento el caballo del hombre que acarrea tierra de hoja para los jardines, o fruta y verduras. El equino saluda con mirada triste a los perros que ladran a sus retumbantes cascos, acostumbrados al pavimento. En los barrios suburbanos y residenciales, al anochecer, se escucha el maullido de los gatos, con ojos fieros y brillantes que llaman a sus evasivas consortes ocasionales, para perpetuar la especie, y con agilidad trepan árboles y bardas en búsqueda constante, acabando a su paso con alimañas y ratones descuidados.
En otra parte también las estatuas y los monumentos son personajes singulares, desde muros nobles o cuerpos de bronce de 60-90-60 nos acompañan y nos hacen sentir la pertenencia a un espacio y a un tiempo determinados, nos dan la seguridad de arraigarnos en un paisaje que nos da sustento.
Este libro es un bello retrato de la ciudad de Chihuahua. En su simbolismo nos sentimos aludidos y nos comunica su escritura un matiz de amabilidad y esperanza. No es un libro amargo, aunque relate de pronto tantas miserias cotidianas. Es un texto pensado con buen humor, con afecto por los seres humanos y confianza en la trascendencia de nuestro destino.
Chávez Salcido, Alfonso: Retratos cotidianos. Editorial Universidad Autónoma de Chihuahua, México, 2000.
Agosto de 2000.
viernes, 29 de julio de 2011
arturo limón
Un libro para la acción
Por Jesús Chávez Marín
El nombre de Arturo Limón es muy conocido en Chihuahua. Desde diversas tribunas que van de las plazas a los barrios, páginas de los periódicos a congresos internacionales, desde sus tres libros publicados a la cátedra en aulas de distintas escuelas y universidades, entre ellas la UNAM, la UACH y la Universidad Pedagógica Nacional, las palabras, ideas y la praxis de este hombre han expresado para la comunidad extensas lecciones, indispensables para nuestra salud colectiva.
Licenciado en sicología egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, maestro en educación por la Universidad de Brigham Young, maestro en sicología educativa y doctor en sicología social por la misma UNAM, el doctor Arturo Limón pudo haberse concretado a su ejercicio académico. Pero eligió además la acción social como una de las líneas de su destino.
En la práctica activa de sus ideas, este escritor va al camino difícil de la defensa de la ecología, que es también defensa de la especie humana, tantas veces víctima de sí misma en la concepción consumista y comercial con la que se manejan los asuntos del mundo. La cultura de la basura es resultado de esta ansiedad causada por la venta y el consumo, la quebradura de los asideros espirituales que el hombre había elaborado con cuidado de siglos.
Podrían escribirse muchas páginas de las múltiples actividades que Arturo Limón ha emprendido organizando acciones en defensa del medio ambiente. Lo mismo como ecologista independiente que cuando ha sido invitado a colaborar por oficinas de gobierno; campañas de limpieza pública que ha impulsado con eficiencia y sencillez, involucrándose con las personas, señoras, niños, jóvenes para resolver algún asunto urgente en la colonia, el barrio. O comentar su actividad periodística en la que sostiene y genera ideas de las cuales ha venido a ser el único escritor, casi una voz en el desierto, una voz muy escuchada, fecunda. En 1982 inició en Chihuahua una temática, un estilo, una red de lecciones de cultura ecológica que no existía y por eso era referencia obligada en este nuevo interés social que, para nuestro bien, despierta en los ciudadanos más jóvenes que han venido dándose cuenta de las proporciones del deterioro ambiental. Voces que empiezan a expresarse por diversos medios.
En este ambiente resulta casi indispensable un libro como este, que rápidamente alcanzó su segunda edición: Hacia una cultura ecológica en Chihuahua.
Este libro hacía falta en nuestro medio intelectual, donde sus temas son escasamente tratados y se presentan con lenguajes científicos o técnicos tan cifrados que solo pueden ser leídos por especialistas en informes escuetos e indiferentes. Pero un maestro de escuela, por ejemplo, que quiera informarse o informar a sus alumnos de los asuntos de la ecología no hallaba en Chihuahua ningún libro que sistematice este tipo de conceptos.
Con paciencia de buen maestro y con la amenidad de hábil escritor, Arturo Limón desglosa un extenso corpus temático que inicia desde el origen del universo y llega hasta los problemas concretos de las ciudades y las regiones de Chihuahua. Para lograrlo presenta una buena cantidad de tipos distintos de textos, géneros de escritura que van de lo narrativo a lo lírico, desde el lenguaje científico traído con claridad al alcance de cualquier lector medio, hasta poemas de autores clásicos. También hay fragmentos ágiles de prosa didáctica, bien organizada y sistematizada. El libro no se queda en el planteamiento del problema sino que además propone soluciones concretas, directas, y relata en diversas crónicas las acciones que se han desarrollado, aquí y en otras partes del mundo, para solucionar problemas que enfrentamos en nuestras casas, en las ciudades.
Hay partes de la lectura que provocan sensaciones físicas. La efectividad de su expresión no solo informa con claridad sino además logra conmover como solo puede hacerlo la buena escritura artística, que es sugerente y efectiva. Por ejemplo hay pasajes donde, al estar leyéndolos, se me despertaba una sed intensa y tenía que levantarme a tomar un vaso de agua. Otros que me causaron una tristeza muy grande por las especies de animales y aves que han desaparecido. Como aquella noble bestia cuyo último alimento fue un pedazo de plástico desechado por un hospital millonario que clandestinamente dejaba su basura infectada a cielo abierto.
Sin embargo, el tono de la obra es equilibrado. Yo no sé cómo le hizo el autor para no desbordarse en lamentos finiseculares tratando temas como estos. Al contrario. El temple de su lenguaje es sobrio, estoico, tranquilo. No usa los recursos del efectismo, habiendo tantas historias negras qué contar con esta información que podría ser tan dramática. Aún así, no escatima ningún asunto. Su panorama es amplio y se nota que el texto sistematiza varios campos de investigación.
Es difícil agradar al lector con una lectura ligera, amena, cuando se tratan temas que tienen tanto que ver con la sociología y con la tecnología. Pero Arturo Limón lo consigue con este libro. Habla de Chihuahua y también del universo y de las ciudades famosas del mundo donde hombres y mujeres casi fueron sepultados entre toneladas de plástico desechable, donde los ríos murieron y luego volvieron a nacer con la ayuda de seres humanos más concientes y activos que lograron el milagro de que centenares de peces regresaran a iluminar con su vida aquel torrente nuevo. Cuenta este libro relatos antiguos y afanes del hombre contemporáneo que en la confusión de sus vidas en medio de la multitud sobrepoblada procura encontrar otra vez los hilos del futuro. Transmite la nostalgia por los seres que desaparecieron para siempre, alcanzados por balas de cazadores y por la mancha inmensa del aceite sucio derramado entre las aguas donde habían vivido durante siglos como especie animada o vegetal. Pero enseguida presenta el autor una solución, una esperanza implícita en la acción que allí mismo propone. Nos salva del desaliento. De esta manera, el lector recorre con placer este libro compuesto con variedad sabrosa, estructurado con claridad, con pocas palabras, con prosa que logra páginas deleitosas.
Este libro es también muy inquietante. Es imposible quedar indiferente ante lo que aquí se cuenta, lo que aquí queda escrito. Si una de las características de todo buen libro es que su lector después de leerlo ya no seguirá siendo el mismo, que su vida habrá de cambiar a partir de las ideas que expresa, de las sensaciones que transmite, sin duda Hacia una cultura ecológica en Chihuahua es de esa índole de libros.
Prólogo del libro Hacia una cultura ecológica en Chihuahua, de Arturo Limón, México, 1997.
Octubre 1997
Por Jesús Chávez Marín
El nombre de Arturo Limón es muy conocido en Chihuahua. Desde diversas tribunas que van de las plazas a los barrios, páginas de los periódicos a congresos internacionales, desde sus tres libros publicados a la cátedra en aulas de distintas escuelas y universidades, entre ellas la UNAM, la UACH y la Universidad Pedagógica Nacional, las palabras, ideas y la praxis de este hombre han expresado para la comunidad extensas lecciones, indispensables para nuestra salud colectiva.
Licenciado en sicología egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, maestro en educación por la Universidad de Brigham Young, maestro en sicología educativa y doctor en sicología social por la misma UNAM, el doctor Arturo Limón pudo haberse concretado a su ejercicio académico. Pero eligió además la acción social como una de las líneas de su destino.
En la práctica activa de sus ideas, este escritor va al camino difícil de la defensa de la ecología, que es también defensa de la especie humana, tantas veces víctima de sí misma en la concepción consumista y comercial con la que se manejan los asuntos del mundo. La cultura de la basura es resultado de esta ansiedad causada por la venta y el consumo, la quebradura de los asideros espirituales que el hombre había elaborado con cuidado de siglos.
Podrían escribirse muchas páginas de las múltiples actividades que Arturo Limón ha emprendido organizando acciones en defensa del medio ambiente. Lo mismo como ecologista independiente que cuando ha sido invitado a colaborar por oficinas de gobierno; campañas de limpieza pública que ha impulsado con eficiencia y sencillez, involucrándose con las personas, señoras, niños, jóvenes para resolver algún asunto urgente en la colonia, el barrio. O comentar su actividad periodística en la que sostiene y genera ideas de las cuales ha venido a ser el único escritor, casi una voz en el desierto, una voz muy escuchada, fecunda. En 1982 inició en Chihuahua una temática, un estilo, una red de lecciones de cultura ecológica que no existía y por eso era referencia obligada en este nuevo interés social que, para nuestro bien, despierta en los ciudadanos más jóvenes que han venido dándose cuenta de las proporciones del deterioro ambiental. Voces que empiezan a expresarse por diversos medios.
En este ambiente resulta casi indispensable un libro como este, que rápidamente alcanzó su segunda edición: Hacia una cultura ecológica en Chihuahua.
Este libro hacía falta en nuestro medio intelectual, donde sus temas son escasamente tratados y se presentan con lenguajes científicos o técnicos tan cifrados que solo pueden ser leídos por especialistas en informes escuetos e indiferentes. Pero un maestro de escuela, por ejemplo, que quiera informarse o informar a sus alumnos de los asuntos de la ecología no hallaba en Chihuahua ningún libro que sistematice este tipo de conceptos.
Con paciencia de buen maestro y con la amenidad de hábil escritor, Arturo Limón desglosa un extenso corpus temático que inicia desde el origen del universo y llega hasta los problemas concretos de las ciudades y las regiones de Chihuahua. Para lograrlo presenta una buena cantidad de tipos distintos de textos, géneros de escritura que van de lo narrativo a lo lírico, desde el lenguaje científico traído con claridad al alcance de cualquier lector medio, hasta poemas de autores clásicos. También hay fragmentos ágiles de prosa didáctica, bien organizada y sistematizada. El libro no se queda en el planteamiento del problema sino que además propone soluciones concretas, directas, y relata en diversas crónicas las acciones que se han desarrollado, aquí y en otras partes del mundo, para solucionar problemas que enfrentamos en nuestras casas, en las ciudades.
Hay partes de la lectura que provocan sensaciones físicas. La efectividad de su expresión no solo informa con claridad sino además logra conmover como solo puede hacerlo la buena escritura artística, que es sugerente y efectiva. Por ejemplo hay pasajes donde, al estar leyéndolos, se me despertaba una sed intensa y tenía que levantarme a tomar un vaso de agua. Otros que me causaron una tristeza muy grande por las especies de animales y aves que han desaparecido. Como aquella noble bestia cuyo último alimento fue un pedazo de plástico desechado por un hospital millonario que clandestinamente dejaba su basura infectada a cielo abierto.
Sin embargo, el tono de la obra es equilibrado. Yo no sé cómo le hizo el autor para no desbordarse en lamentos finiseculares tratando temas como estos. Al contrario. El temple de su lenguaje es sobrio, estoico, tranquilo. No usa los recursos del efectismo, habiendo tantas historias negras qué contar con esta información que podría ser tan dramática. Aún así, no escatima ningún asunto. Su panorama es amplio y se nota que el texto sistematiza varios campos de investigación.
Es difícil agradar al lector con una lectura ligera, amena, cuando se tratan temas que tienen tanto que ver con la sociología y con la tecnología. Pero Arturo Limón lo consigue con este libro. Habla de Chihuahua y también del universo y de las ciudades famosas del mundo donde hombres y mujeres casi fueron sepultados entre toneladas de plástico desechable, donde los ríos murieron y luego volvieron a nacer con la ayuda de seres humanos más concientes y activos que lograron el milagro de que centenares de peces regresaran a iluminar con su vida aquel torrente nuevo. Cuenta este libro relatos antiguos y afanes del hombre contemporáneo que en la confusión de sus vidas en medio de la multitud sobrepoblada procura encontrar otra vez los hilos del futuro. Transmite la nostalgia por los seres que desaparecieron para siempre, alcanzados por balas de cazadores y por la mancha inmensa del aceite sucio derramado entre las aguas donde habían vivido durante siglos como especie animada o vegetal. Pero enseguida presenta el autor una solución, una esperanza implícita en la acción que allí mismo propone. Nos salva del desaliento. De esta manera, el lector recorre con placer este libro compuesto con variedad sabrosa, estructurado con claridad, con pocas palabras, con prosa que logra páginas deleitosas.
Este libro es también muy inquietante. Es imposible quedar indiferente ante lo que aquí se cuenta, lo que aquí queda escrito. Si una de las características de todo buen libro es que su lector después de leerlo ya no seguirá siendo el mismo, que su vida habrá de cambiar a partir de las ideas que expresa, de las sensaciones que transmite, sin duda Hacia una cultura ecológica en Chihuahua es de esa índole de libros.
Prólogo del libro Hacia una cultura ecológica en Chihuahua, de Arturo Limón, México, 1997.
Octubre 1997
jueves, 28 de julio de 2011
para tocar
El masaje de Acuario
Por Jesús Chávez Marín
Según los astrólogos vivimos en la Era de Acuario: una zona espacio/temporal cuyo regente es el planeta Urano y cuya energía es la luz. En la Era de Acuario suceden cambios repentinos en la armonía de los seres, existen conductas místicas en los hombres y las mujeres, aunque mezcladas con lucidez y claridad amorosa.
En este tiempo y espacio abundan recursos para extender la percepción. Toda la tecnología asombrosa con la que en 1992 se comunican los seres humanos, podría ser útil cuando existe voluntad para profundizar y expandir pensamientos y fantasías.
Uno de los recursos que habrán de desarrollarse en los años que vienen será el masaje. Como sistema de conocimiento, cultura física, recurso para la meditación, medicina elemental: el masaje habrá de ser un servicio cotidiano en la sociedad moderna.
Ken Eyerman, bailarín de danza moderna en el London Contemporany Dance Theatre y experto masajista afirma esto: “el masaje es una forma de redescubrir el cuerpo mediante el tacto. Este contacto físico es importante para aprender y para cambiar. Muchas veces se necesita la energía y el contacto de otra persona para sacar los problemas a la superficie. El primer paso para liberar la tensión emocional y muscular es tomar conciencia de que esa tensión existe”
Eyerman hace una síntesis ecléctica de dos técnicas de masaje, una oriental y la otra occidental, y propone su propio método.
En Chihuahua algunas personas han empezado a estudiar y practicar en forma privada y semi/privada técnicas de masaje como métodos de filosofía, terapia y ciencia biológica.
Han empezado a practicarse disciplinas de masaje, tanto de las culturas orientales como de las occidentales. Son estas:
El neuro/muscular, mezcla de diversos métodos que se usa sobre todo como terapia; el linfofluidico, muy suavecito y oriental, aunque muy poco desarrollado hasta hoy en Chihuahua; el sueco, eminentemente occidental, relajante, ligero; el masaje shiat-tsu, japonés, mezcla de neuromuscular con zueco; y el tantra-yoga, yoga sexual como forma de conocimiento y desarrollo mental.
Los hombres y las mujeres siguen haciendo su trabajo de generar conocimientos. No solo en la cibernética y las computadoras, sino además en las formas profundas de conocimiento del cuerpo y del amor de las criaturas humanas, armonía con los territorios de su universo, tanto el universo de su mente como en el infinito mar de todos los seres.
Junio 1992.
miércoles, 27 de julio de 2011
amor gran laberinto
Autor de la foto Arturo Rodríguez Torija
Manual de seducción
Por Jesús Chávez Marín
En breves palabras Jesús de Nazareth dio esta lección inolvidable: ámense los unos a las otras, dijo, las unas a los otros, amen al prójimo como se aman a sí mismos.
Veinte siglos después contemplamos los valles, montañas, ríos de nuestra tierra, donde habitan hombres, mujeres y animales y el espectáculo a veces parece terrible: humo, basura, guerras, un fabuloso charco de oro estancado en propiedad absoluta de unos cuantos locos imprudentes y mucha gente muriendo de hambre en la periferia de las ciudades. Este colosal desamparo no fue generado por el amor, por supuesto, sino por la desdicha.
Para nuestra fortuna, existe también el otro hemisferio del destino: a nuestro lado viven también los artistas que empeñan pasión y existencia en crearnos lugares hermosos para vivir, palabras nuevas donde hallaremos formas de expresión para el amor y para la buena suerte; médicos cuya ciencia salva la vida y sana a los hijos; maestras que presentan todos los días en la escuela cifras y palabras nuevas.
Hay una cantidad casi infinita de criaturas, edificios y máquinas, fulgor del mundo. Fueron creadas por gente laboriosa y así seguimos construyendo todos los días con la paciencia de nuestro trabajo los objetos y las ciudades donde habrán de vivir los seres humanos. Son los frutos del alto amor que nos enseñaron los mayores con su talento y nobleza.
Y es que el amor requiere talento. Hay que aprenderlo. Hay que educarnos para amar. No es tan natural como pudiera parecer, requiere artificio, técnica, arte con el que fueron forjados las pirámides mayores, los templos, los monumentos, las computadoras de la vigésima generación.
No se vale improvisar. El amor hemos de cultivarlo como a un campo venturoso, con disciplina y pasión. No se trata de esperar y que algún día nos llegue como encantamiento.
No creo en los amores platónicos, los que nos hacen sufrir en carne viva la ausencia de la persona a quien amamos en secreto, en silencio, sin palabras, sin hacer nadita de nada por alcanzarlo: así amamos de lejos a nadie y nos creamos una mentira a quien le ponemos rostro y medidas 90-60-90 de la mujer a la que no alcanzaremos por ineficientes, por cobardes y por nuestra pereza mental que no se decide a usar la imaginación.
Quienes se han esforzado por aprender el delicado mecanismo de la seducción leyeron una tonelada de libros, para empezar. Respiraron con buen ritmo, meditaron, pensaron. El arte de la seducción es un mar de imágenes, nadie puede saberlo todo. Pero los tercos tuvieron siempre viva la curiosidad y la capacidad para inventar formas, veredas y planes que conducían a la presencia de su amor.
En libros he leído que los más efectivos objetos de seducción son los más sencillos, los clásicos: las flores, el vino, aceite de olivo para ungir los pies cansados de quien se ama; la ternura serena en la que el ser humano reposa; la lealtad firme que no asfixia la libertad propia ni la de la pareja; el respeto cotidiano por la vida, la profesión, los pensamientos, las ideas y las costumbres del otro o de la otra; el contacto y el gozo de la naturaleza, los árboles, los atardeceres, el perfume de las flores y de los cuerpos y, sobre todo, la libertad compartida y personal de dos que aman.
En las obras famosas de la literatura pareciera que los protagonistas más notables son los amores fracasados. Y leemos historias cargadas de ansiedad y de tragedia: Calisto y Melibea murieron; también Romeo y Julieta; en La insoportable levedad del ser, los celos pudrieron de rencor los corazones; en El amor en los tiempos del cólera el amor se cumplió ochenta años después de un barco cuya bandera era una señal de muerte. Los artistas hicieron estética la derrota del amor.
Pero yo sé que en la vida real nosotros somos protagonistas en un infinito mar de amores esplendorosos que jamás se conocieron en público. Y que por eso el mundo no se nos ha marchitado en las manos a pesar de todo.
Abril de 1994
lunes, 25 de julio de 2011
halloween
En la foto con Víctor Urenda, Fernando Reza y Manuel Mendoza
Nota roja
Por Jesús Chávez Marín
Con ironía relató José Fuentes Mares, en una conferencia, las angustias de algunos chihuahuenses cuando no podían conseguir dólares en ningún lado: "se les ve desesperados deambulando como almas en pena por la calle Libertad, maldiciendo su suerte por no poder ya ir a El Paso, ni comprar ropa americana ni aparatos japoneses, no hacer el acostumbrado viaje de fin de semana con puente integrado cada vez que se les antojara".(1)
Este relato es indicador de hasta qué punto somos dependientes del país vecino y no solo en la infraestructura económica y tecnológica como lo evidenció tan claramente nuestro desastre financiero ante la moneda americana, las devaluaciones intermitentes, deslices del débil peso, dictaduras del Fondo Monetario Internacional, o como quiera usted llamarle a todo este desconcierto. No solo, pues, en lo económico, sino como consecuencia en lo cultural. El relato de Fuentes Mares no se refiere a gente angustiada ante una situación de carencias materiales sino de personas que habían tenido que romper una costumbre individual, familiar: el viaje, las compras, el sueño de pertenecer a esa cultura donde “todo está bien hecho”.
En estos días vivimos una muestra de esa dependencia espiritual a la que nos sometemos alegremente: las fiestas de halloween.
Los niños se disfrazan de brujitos graciosos y salen a tocar la puerta de los amables vecinos quienes ya saben que la regla es recibirlos con dulces y frutas: La noche de Halloween hay jóvenes que se visten de chicucos y vampiros para ir a bailar a los discoteques música popular norteamericana. Cumplimos puntualmente con esa tradición ajena. Las escuelas y jardines de niños someten a los pequeños alumnos al juego extraño.
Teniendo una cultura de gran riqueza estética y espiritual que nos hace pertenecer a otra colectividad cultural nos empeñamos en imitar acríticamente las costumbres del vecino poderoso. Y decadente: para ellos la fiesta de halloween se les convirtió en tragedia, en pánico, en nota roja. El año pasado los niños de un barrio de clase media que salieron a recolectar dulces y frutas recibieron la agresión de venenos y sustancias tóxicas en las golosinas, navajas y alfileres entre las manzanas y las naranjas.
Meses antes se habían distribuido tres series de medicamentos envenenados con cianuro, gotas para los ojos mezcladas con ácido clorhídrico. Hubo víctimas, sobre todo en Chicago. Especialistas en sicología trataron de armar el cuadro de conducta de maniático tal, capaz de cometer esa agresión ciega y despiadada. Detectives y reporteros de policiacas anduvieron activos. Un extorsionador quiso hacer el negocio de su vida exigiendo un millón de dólares a la firma Johnson y Johnson, fabricante de los medicamentos envenenados, amenazando con nuevos ataques. Pero no era un maniático ni dos quienes regalaron a los niños con dulces envenenados y frutas con alfileres: fue un número importante de gente en varios estados de la Unión Americana.
La nota roja gringa circuló a nivel mundial causando el terror de los norteamericanos, quienes prohibieron a sus hijos el juego de halloween para siempre. Nota roja trasnacional es lo que nos llueve en los periódicos ahora que el ejército norteamericano ha invadido una pequeña isla del Caribe, que en el Medio Oriente dos terroristas suicidas, sonriendo, destruyeron las embajadas de Francia y Estados Unidos; nota roja trasnacional es el clamor de invasión sobre Nicaragua, el sostenimiento desde el exterior de un ejercito salvadoreño agresor de su propio pueblo.
Nota.
1.- José Fuentes Mares en una conferencia sobre periodismo ante la comunidad de la Escuela de Filosofía y Letras, en el Centro de Información del Estado de Chihuahua.
Junio 1983
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