viernes, 16 de noviembre de 2012

ivette royval zapién


Alquimista

Por Ivette Royval Zapién


ya sé,
mi cuerpo es de fístulas y cicatrices
pero diferente,
pero adorable.

Un ciempiés en llamas se paseó por él
dejando huellas indelebles
y bifurcaciones hermosas.

Existe un fuego irracional
sortilegio para fundir:
almas, esencias, bálsamos…

Pero también:
una virgen desdeñada,
la aridez de su vientre.
Y toda la soledad, toda.

lunes, 12 de noviembre de 2012

ramón farías rascón


Concierto para enamorados

Por Jesús Chávez Marín

El año pasado, a partir del 11 de septiembre, los temas de la guerra y el terrorismo se volvieron parte del ambiente cotidiano en conversaciones, noticieros, revistas. La violencia dejó su marca al inicio del siglo como un azote milenario, la señal de un destino trágico de los seres humanos; como si la semilla de la destrucción estuviera en la sangre y en el alma de los hombres. Y a pesar de todo, la vida sigue. Todos los días, la mayoría de nosotros sigue realizando su trabajo con la voluntad y la confianza de que hay otros horizontes cuya esencia son la dignidad, la educación, la justicia y la libertad.
En este 14 de febrero, al que el calendario social ha designado como día del amor y la amistad, conviene pensar un poco acerca de los valores que implican esas dos palabras, que recordemos la alegría sencilla y natural con que se ilumina y se refresca nuestra vida cuando logramos la convivencia sana y la comunicación con nuestros padres, los hermanos, los hijos, los amigos, los compañeros de trabajo y de la escuela.
La amistad genera una energía colectiva con la que nos sentimos seguros y felices; durante las actividades cotidianas pensamos en las palabras que nos dijeron nuestros amigos, las historias que nos platicaron; nos sentimos contentos porque nos preguntaron por nuestros problemas, nos dieron consejos bien pensados, nos refugiaron con su afecto cuando nos vieron afligidos. La amistad es entonces una casa que nos conforta, una calle por donde transitamos con tranquilidad, un parque donde paseamos acompañados de gente que nos mira con buenos ojos.
Quienes hemos vivido el gozo de la amistad jamás podremos creer que la violencia y la guerra sean sustanciales a la carne y al corazón de los seres humanos. Al contrario, tenemos fe en que la humanidad será capaz de desterrarlas para siempre, que llegará el tiempo de la armonía plena, fundada en la magnífica labor colectiva de la educación, la música, la ciencia, las artes y la construcción de grandes obras urbanas y campesinas, que todos hemos de cumplir.
También otro de los grandes ideales de la humanidad es el amor, ese sentimiento que le da sentido de trascendencia a nuestros esfuerzos; en el nombre del amor se han formado los mejores conceptos, se han escrito infinitas páginas y todos hemos conocido lo valioso de nosotros mismos. Por el amor de los hijos estamos dispuestas a todos los esfuerzos y sacrificios; por el amor a nuestros padres le encontramos una razón a cada etapa de nuestro desarrollo; por el amor a nuestra pareja nos afianzamos en la existencia.
Con ese tipo de ideas y de intenciones se ofreció la función del segundo Concierto para enamorados, organizado por el Comité de Damas Voluntarias de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Este año se preparó un programa en el que participa el Coro de este Comité, integrado por talentosas cantantes y tres magníficas solistas, acompañadas por los maestros y maestras que forman la magnífica Orquesta Sinfónica de la Universidad, que dirige el maestro Ramón Farías Rascón. El trabajo artístico de la Orquesta es uno de los lujos de este día, al igual que lo fue el año pasado para esta misma fecha.
La taquilla de este concierto será para beneficio de los niños tarahumaras de la región de Guadalupe y Calvo. Esta es una de las actividades de ayuda social que realiza el Comité de Damas Voluntarias de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Febrero de 2002

viernes, 9 de noviembre de 2012

felipe guerra sousa


Se presentó en la Quinta Gameros el libro Estática. Principios y problemas, de Felipe de Jesús Guerra Sousa

Por Jesús Chávez Marín

El 1 de febrero de 2002 se presentó en la Quinta Gameros el libro Estática. Principios y problemas, del ingeniero Felipe de Jesús Guerra Sousa. A lo largo de tres décadas, él ha sido maestro de varias generaciones en la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde se ha distinguido por una notable disciplina, por la afectuosa y educada cortesía de su trato, y también por la imaginación y la creatividad para formular métodos de trabajo, modelos académicos y sistemas novedosos de enseñanza.
Uno de los problemas del trabajo diario de todos los maestros es el de buscar formas nuevas de comunicación con los alumnos, para que los conocimientos sean transmitidos con claridad, para que los conceptos sean aprendidos en un proceso dinámico donde puedan aplicarse, y que de esa manera se logre la comprensión por medio de la práctica.
En este libro el ingeniero Guerra Sousa escribe con gran efectividad, su prosa clara se armoniza con los números, las fórmulas y las gráficas. En sus páginas pueden leerse en forma ágil y sencilla la descripción y los elementos de esta disciplina científica, con un lenguaje técnico manejado con gran soltura. Además la estructura de la obra contiene propuestas de ejercicios y problemas bien planteados, con los que el lector participa activamente y profundiza, al utilizarlos, conocimientos recién adquiridos.
Muchos años de estudio, de lecturas, de trabajo se necesitaron para escribir un libro como este. También es el uno de los resultados de un oficio noble, el oficio de maestro, que logra una trascendencia en el tiempo y en el espacio al dejar por escrito los conocimientos que se han cultivado durante toda una vida.
El libro será un instrumento valioso para los estudiantes y para los profesionales de la mecánica.

Febrero de 2002

lunes, 5 de noviembre de 2012

paisaje


La última danza

Por Bertha Falomir Ruiz

Aquella tarde algo me retuvo frente a la ventana. No sé si requería un instante de reposo o me cautivó el paisaje. Los últimos rayos del sol se miraban en las hojas doradas mientras un vientecillo las mecía en compases graciosos. Por el pretil caminaba lenta una paloma.

Observé cómo las hojas amarillas se iban acumulando sobre el césped todavía verdoso. Nunca he entendido el afán de barrerlas y perseguirlas hasta el último rincón para luego prensarlas en bolsas negras y contenedores. Con ello nos privan del placer táctil y auditivo de sentirlas crujir cuando acaso emiten un suave adiós.

En ese momento me vino la imagen de un pintura renacentista flamenca que muestra enlazadas a tres mujeres y a una bebé en el suelo, todas de diferentes edades. Recuerdo que la anciana, con un reloj de arena en la mano, jala suavemente a la mujer madura hacia donde ella se encamina, pero esta parece más interesada en la joven a quien abraza cariñosa. La bebé está del todo ajena al ciclo de la escena.

Abstraída en mi recuerdo sentí el viento que suele desatarse al caer el sol y vi cómo arrebataba al sicomoro algunas de sus hojas; pero no caían del todo sino que se mecían frente a mi ventana en piruetas caprichosas, curiosamente enlazadas de manera similar a las tres mujeres del cuadro; las curvas y aristas de sus contornos se acomodaban perfectamente unas a otras a manera de Las tres gracias y aunque su destino era ineludible, parecían gozar de esta última danza en ofrenda sagrada ante la luz, un destino compartido, una comunión a fines del otoño. Nacer, morir. Asirse, desasirse. Todo está impreso pero nos negamos a leerlo.

Decidí seguir aquella danza que era un desafío a la gravedad, a lo inevitable. No sé cuánto tiempo duró aquel rito con la complicidad del viento para prolongar la vida unos instantes. Me pregunté: ¿habrán muerto ya y la danza que estoy viendo es el espectro en su iniciación hacia el cielo de las hojas muertas? Las tonalidades de las tres variaban desde el amarillo hasta el ocre profundo. La piel de las mujeres del cuadro también se marchitaba conforme el tiempo hacía desaparecer toda lozanía y humedad.

Me estremeció presenciar la agonía sublime de las hojas. Su danza hacia el infinito, su abandono al vacío, su decoro y gracia en el morir.

jueves, 1 de noviembre de 2012

psicología


En la foto Maya Bejarano
Iluminación de secretos

Por Jesús Chávez Marín

En la vida moderna los estudios de la psicología cada vez son más necesarios para el desarrollo social y también como un magnífico respaldo para que los individuos encuentren en sí mismos y en el estudio de la conducta humana las respuestas para alcanzar plenitud, armonía en las relaciones con sus semejantes y equilibrio de las ideas, el cuerpo y las actividades. Esta ciencia ha ido hallando diversos cauces de investigación y de práctica, de tal manera que en casi todas las plantas productivas y equipos de trabajo bien instalados se incluyen profesionales de la psicología.

Sabiduría y sensibilidad se requieren para ser psicólogos, porque su campo de trabajo es material de sueños, el dolor y las ilusiones individuales y colectivas; el pasado de la sociedad y la vida privada de las personas; relaciones laborales y educación; el desarrollo de las habilidades y capacidades y la iluminación de los secretos, los hechos, las pasiones.

Enero de 2002