sábado, 10 de noviembre de 2018

Margarita Etchechury

Una sirena en este lado de la racionalidad

Por Jesús Chávez Marín

El nuevo libro de cuentos de Margarita Etchechury es un Poetazo, ese género editorial que se inició en Chihuahua en los años noventas y ahora es todo un formato clásico nacional, gracias al trabajo y al encanto Rafael Cárdenas que anda por la república difundiendo la literatura de esta manera breve y densa, lo mismo de los que recién se inician en el arte de la literatura, como de escritores que tienen una larga y brillante trayectoria, como es el caso de la autora de Canto de sirenas.
La estructura del volumen está dividida en tres partes claramente diferenciadas por el tipo de texto que las componen. En la primera, que se llama “De cristal”, el dolor por la profunda y centenaria injusticia hacia los marginados de la tierra se hace tiempo y personajes en cuentos que provocan compasión; horroriza la crudeza de lo que se sucede en los linderos de la demencia social, como en el relato donde un comando de civiles armados se dedica a asesinar a miserables, como deporte y como despiadada ecología.
En la segunda parte llamada “Alazanas” es otra la sociología, más de vida cotidiana y con un aire que restablece el espíritu. Y la tercera parte, llamada “Canto de sirenas”, igual que el volumen completo, contiene ese tipo de cuentos breves que se construyen con ingenio y con  una redacción  pulida como poema, donde cada palabra es medida en su significado y sonoridad.
El discurso narrativo es un arte de reflexión, una búsqueda de la verdad y el equilibrio. Esta reflexión implica un diálogo hacia los lectores que participan aceptando desde la primera línea un pacto, una suspensión de la realidad y de la información, para hallar otras verdades y otros conceptos que no se hubieran podido conseguir con el juego de los silogismos, de la causa y efecto.
El estilo literario de Margarita Etchechury se ha construido en el pulimiento de este tipo de reflexión. Su mente clara y sensata, formada con los elementos de la lógica y el buen sentido de la existencia, se ve amplificada por un magnífico temperamento de artista, espíritu de poeta, de tal manera que en ella la estética es con toda naturalidad una ética y una forma de conocimiento.
Como algunas formas de aplicar esta afirmación, tomemos el cuento que se titula “La fortuna de Clemencia” El relato es una metáfora cruel de la extrema miseria en la que vive el personaje, tan típico de tantas mujeres solas que crían a sus hijos con esfuerzo y angustia, “con arrullos de miseria y chispas de soledad”. El horror de saber que hubo otros hijos que ya se fueron, a la ausencia o a la muerte, y cuyos “restos ayudaron a elevar el piso del cuarto”. La acción es estremecedora, en los linderos de la demencia. Aquí la autora no procura críticas ni frases de condena, se concreta a contar con sobriedad el horror absoluto de la miseria, el mal que la injusticia social produce.
En el cuento “Hambre canija” hay varias persecuciones a balazos y el rumor que circula de lo que está pasando es sobrecogedor: “A últimas fechas, según la versión del compadre, han aparecido varios hombres armados que quieren acabar con la población ‘inútil’ del país”. Tal vez la autora compuso este cuento con aquellas noticias de los años ochentas de que en los cinturones de miseria de varias ciudades brasileñas se asesinaban niños pobres como una forma brutal de acabar con la miseria, matándolos. En las sociedades tan injustas que se han formado en las décadas recientes, este cuento tan terrorífico no anda tan lejano de la realidad, en muchas noticias similares.
En otro tipo de atmósfera, el cuento que se titula “Choque cultural” cuenta una historia de amor que es tradicional en la literatura española, y que tiene como novela ejemplar Pepita Jiménez, de Juan Valera: el perfecto seminarista que se enamora de la joven mujer y abandona su carrera hacia el sacerdocio. La brillante capacidad de síntesis y la exacta redacción de Margarita Etchechury consiguen en dos páginas un relato perfecto y gracioso, donde nada falta de la leyenda clásica y tiene el agregado de su modernidad.
Rinde mucho este libro de cuentos, parece que lo va uno a leer en quince minutos, y sin embargo su efecto amplificador y a su ritmo a la vez vertiginoso y sosegado hacen que el lector quede profundamente cambiado en su percepción de ciertas realidades que suceden en este viaje narrativo.
Etchéchury, Margarita: Canto de sirenas. Onomatopeya Ediciones, México, 2017.
Junio 2017

miércoles, 31 de octubre de 2018

El nuevo libro de Alejandro Caro

Un ángel flota en el discurso

Por Jesús Chávez Marín

Es regocijante asistir a la aparición de un nuevo libro de Alejandro Caro Rascón, un escritor muy productivo en la plena madurez de su oficio literario. Su obra tan fecunda inició con un libro de aforismos y relatos breves titulado Permíteme comentarte donde desde el título establecía más que un monólogo una conversación amable con los lectores, los que ha ido ganando uno por uno con su simpatía y amabilidad, con sus textos siempre elegantes, emocionantes y pulidos, y con su constante disciplina de publicaciones empeñando su tiempo y su singular talento y también desde luego, ya que estamos en Chihuahua y no hay de otra, su dinero que no le sobra y también jamás le falta, como hombre disciplinado y laborioso.
Su segundo libro fue una extraordinaria novela que se llama Perseverancia, donde Alejandro despliega un hermoso discurso narrativo y con toda serenidad y gracia construye la épica de un comerciante ejemplar desde su niñez hasta su muerte, ejemplo de bondad y de fortaleza que logró construir un emporio comercial sin abandonar sus principios de justicia y solidaridad. Esta novela se inscribe en el género del hiperrealismo a manera del escritor inglés Harold Pinter y del mexicano Vicente Leñero, pues está muy cercana al personaje histórico que la inspiró y desde ahí alza su vuelo simbólico hasta cristalizar en una estética firme y de grande belleza.
Luego siguieron tres libros de poemas que merecen todo un ensayo en su conjunto, ya que están compuestos con un estilo muy definido y de gran expresividad. Cada uno de ellos es distinto a los demás libros de Alejandro Caro, pues él siempre procura ofrecer puntos de vista novedosos, estructuras que antes no había ensayado y personajes nuevos; cada libro suyo que sale es una novedad, una sorpresa.
Tal es el caso del libro que hoy se presenta, Petro, que se inscribe en el género de la novela breve, el cual suele ser muy apreciada por los estudiantes de preparatoria cuando se ven en la exigencia de leer un libro completo para acreditar cada cuatrimestre y buscan los volúmenes más delgaditos, de tal manera que de seguro se venderá como pan caliente en esos ambientes escolares. Me consta porque fui profesor de literatura en el Colegio de Bachilleres y les aseguro que las novelas breves son muy apreciadas y escasas.
En esta obra el autor se arriesga a construir una estructura afianzada en dos pilares, dos discursos. Por un lado cuanta con toda claridad una anécdota realista y discreta, sin aspavientos ni momentos grandilocuentes, sin drama ni tragedia, la simple vida cotidiana de unos personajes que viven como todos. En otro discurso, el personaje en el que se centra el punto de vista, o sea Petro, se desplaza por el mundo hablando como un ángel, algo así como un iluminado que habla todo el tiempo con imágenes y versos, reflexiona lo mismo en cantinas que en sacristías y no le importa si alguien lo escucha o se bota de la risa o se conmueve hasta las lágrimas.
Como estrategia para hacer que embonen los dos lenguajes en un solo producto estético, el autor no se arriesga a desplazar a su personaje en el Chihuahua de la época actual, sino cien años antes, en los tiempos en que reinaba, bueno, gobernaba el presidente Adolfo López Mateos; con lo cual se cura en salud, porque una mujer de hoy, tenga la edad que tenga, tendría un ataque de carcajadas incontenibles si un pretendiente le dijera muy emocionado: “Violeta, áncora de mi existencia, impulsas mi razón de ser. Tenerte a mi lado es saber que aún existo en el perene esplendor de la esperanza”. Aquellos eran tiempos más inocentes y definitivamente, para  bien y para mal, ya pasaron.
La otra de las dos bandas del discurso, la realista, cuenta la historia extrañamente fascínate de un escritor de provincia, una especie de mezcla entre de Avelino Pilongano y Ramón López Velarde llamado Petro que tiene un grupo de fans que son sus amigotes de cantina, donde se juntan en aquellas bohemias de los años cincuentas del siglo pasado y recitaban poemas, ensayaban filosofías domésticas, pedían canciones de rompe y rasga y también de vez en cuando se daban tiempo de planear sus vidas y organizar los pensamientos en la lucidez instantánea y química del alcohol.
Uno de aquellos sábados de tertulia Petro les platica que va a vender su  carro Ford para irse de gira literaria por tierras de Jerez, Zacatecas y Guadalajara, donde piensa participar en un concurso literario para ver si se compone por un rato su precaria economía. Él es un viudo cuarentón ya muy desaminado de la vida, que carga el dulce recuerdo de su linda esposa Alondra, quien murió a los dos años matrimonio y ahora es su musa desde el cielo pues le dice en voz alta sentidos poemas ante la tumba fría, le cuenta sus planes etcétera.
Voy a dejarlos con la duda de si gana o no gana el concurso, solo les adelanto que se pasó 8 meses en Guadalajara donde un amigo de otra cantina, esta vez de Guadalajara, le consiguió un puesto de bibliotecario y de inmediato se consiguió una novia joven que lo amó con locura y tentación, pues él era encantador, culto y guapo, a pesar de la diferencia de edades.
Una vez que el autor entra en el ritmo, la atmósfera y el pacto narrativo del libro, va desplazándose por un mundo muy loco y raro en muchos niveles, y a la vez afianzado por un texto de gran belleza. Hallamos por ejemplo piezas descriptivas fascinantes como esta: “Sobre tres tableros que penden atrás de la barra en el muro figura una colección de botellas de vino y de cervezas fabricadas en diferentes épocas y, a la proximidad del lado derecho cuelga un cuadro de ligeras fisuras y tenues ondulaciones que acusa los estragos del tiempo, sin faltar la humedad de la vieja pared”. Ese solo fragmento bastaría para probar que cuando un poeta escribe prosa, escribe una prosa de mayor calidad sin duda que los otros escritores, y ese es el caso de Alejandro Caro.
La mirada burlona del autor es pródiga en frescura y pensamiento que llega como flecha, raudo y certero, como este donde define en dos líneas todo lo que pudiera ser el alcoholismo: “Se observa a decepcionados en amores y muy variados traumas quienes al calor de las copas se sienten liberados de sus penas, cuya utopía es breve, en razón a la medida del tiempo que les dura el efecto del alcohol y su presupuesto”.
Esto y muchos ángulos más es Petro, novela escrita con extraordinaria capacidad de síntesis y la presencia de varias regiones de significado y, sin duda, con un personaje inolvidable.
Caro, Alejandro: Petro. Editorial Ari, México, 2017.
Abril 2017

sábado, 20 de octubre de 2018

Un escritor en los Arieles

Un escritor en los Arieles

Por Jesús Chávez Marín

Aunque seguramente el currículum del autor ya fue leído por el maestro de ceremonias, quiero iniciar estos comentarios poniendo la ficha de autor que viene en la solapa del libro anterior de Daniel Espartaco, que se titula Memorias de un hombre nuevo, publicado en julio 2015 por la editorial Random House: “Daniel Espartaco Sánchez (Chihuahua, 1977) es autor de varios libros, entre los que destacan Cosmonauta (2011) y Autos usados (2012) seleccionados por la revista Nexos entre los mejores libros de ficción en sus respectivos años. Fue incluido en el número 47 de la revista Picnic como uno de los 100 perfiles representativos del arte y la cultura contemporánea en México. Ha sido galardonado con diferentes premios literarios. Con Autos usados obtuvo el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para obra publicada 2013. Desde 2015 es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte”.
Quise poner ese breve texto, en donde faltan los títulos de sus demás libros, aunque es una ficha de la editorial que resalta solo aquellos que publicó la empresa, porque me parece suficiente información para saber que Daniel Espartaco tiene una presencia vigorosa en la tradición literaria mexicana. Sus libros se publican en editoriales con gran capacidad de distribución, son reseñados abundantemente en la precaria prensa de periodismo cultural, tiene un blog en la revista Letras Libres, etcétera.
Paralelo a sus novelas que publica en las grandes editoriales, Daniel Espartaco realiza otra línea de su sistema narrativo que parece disfrutar mucho, el que aparece en ediciones independientes, que son textos menos extensos, sobre todo en el género de la novela breve, como Gasolina, Bisontes y este que ahora presenta, Ceremonia. Esta forma literaria suele tener numerosos lectores entre jóvenes de preparatoria que no quieren leer un libro extenso y sin embargo tienen que terminar para la materia de literatura un libro completo; y a pesar de ello son muy escasas las novelas breves: Aura, de Carlos Fuentes, Las batallas en el desierto, de José Agustín, y otros al no haber más tenían que vérselas con La metamorfosis, de Kafka. Y es que este género pareciera fácil y ligero, pero requiere dos características en las que Daniel Espartaco es notablemente hábil: capacidad de síntesis y agilidad para contar historias.
Ceremonia es la perfecta novela breve. A pesar de que tiene la estructura sencilla de un extenso monólogo, el lector queda atrapado desde el primer momento, entre risa y asombro disfruta cada página, se olvida de toda otra preocupación y se dispone a vivir en el ambiente y el espacio que despliega el discurso narrativo.
Nunca se dice el nombre del protagonista, el de la voz, pero se perfila de inmediato por su lenguaje, su ironía entre cruel y cariñosa consigo mismo y con los demás, los hechos que cuenta y el desarrollo de la trama. Ni siquiera podría asegurarse de que haya una trama, en esto la novela es vanguardista y arriesgada, y a pesar de eso el interés del lector se ve constantemente fascinado. En el sonido mental de la lectura que es la zona donde suceden las aventuras, van apareciendo escenarios, sentimientos, bromas, cuentos completos insertados en la secuencia, y también se siente el flujo del tiempo narrativo, muy ceñido a la norma clásica de las 24 horas: desde que el protagonista recibe la invitación a la entrega de los Arieles a lo mejor del cine nacional, como nominado a mejor guionista, y decide llevar a su novia, hasta que salen de la ceremonia.
En esas 24 horas de monólogo redactado para sus lectores, aparecen también escenas en el presente de numerosos relatos que tienen que ver con la vida literaria de un escritor mexicano de la edad del protagonista, cercano a la edad del autor que según la ficha que puse al principio, este año cumple los 40. Al ir leyendo, en el texto van apareciendo como en cascada un montón de anécdotas ejemplares de la literatura nacional y otras tantas de la vida conyugal y la vida de pareja de nuestra época.
Dos de los personajes más folclóricos que conocemos en esta novela son actores mexicanos que triunfaron en Hollywood y de vez en cuando también producen cine independiente, Ramiro Salas y Pepe Solís, cuyos modelos en la vida real son muy reconocibles en Gael García y Diego Luna, a quienes les gusta jugar a ser librepensadores y críticos pero siempre viven muy pendientes del glamour donde ellos son las grandes estrellas.
La verdad esta novela le hace bulla a todo mundo, nadie queda a salvo de la ironía exacta del discurso, que parece ligera y sencilla y sin embargo es como una flecha muy bien informada y redactada impecablemente. Hay un personaje que se llama El Sátrapa, quien es el ex marido de la novia del escritor, que es el vivo retrato de todos los divorciados mexicanos que existan. Hay un agente literario que entrevista al protagonista en medio de la Feria del Libro de Guadalajara y además de ser otra estampa genial de prototipo, el autor aprovecha para hacer el relato del ambiente, olores, colores, sonidos, un panorama de asombrosa nitidez. Nunca he leído una crónica de tanta vivacidad, excepto en la feria campesina que saca Flauvert en Madame Bovary.
Hay otro pasaje donde el escritor está en medio de la ceremonia de los Arieles, y le habla su mexicana mamá:

Durante la proyección de las escenas volvió a sonar mi teléfono celular: era mi madre.
―Hijo…
―Mamá, no puedo contestarte, estoy en la premiación de los Arieles.
―Lo sé, te estoy viendo en la televisión.
―¿A poco pasan esto en la televisión?
―En el canal 22.
―Ah.
―¿Por qué no te compraste un traje nuevo? ¿Por qué estás usando el de la boda de tu primo Adrián?
―Mamá, no voy a comprar un traje, no para los Arieles.
―¿Quién es la muchacha que está contigo?
―Se llama Nadezhda, mamá.
―¿Y por qué no me la has presentado?
―Oye, mamá, ahorita no puedo hablar contigo, ya nos van a nombrar.

Lo más hermoso de esta prosa tan diáfana que es parte del estilo de Daniel Espartaco en todos sus libros, es que uno disfruta en una página sí y en la siguiente también del mar de fondo que se vislumbra desde el presente de cada relato, una vasta cantidad de información con la que trabaja este escritor tan ubicado en su tiempo, tan sedimentado en la historia universal, tan lector de varias tradiciones literarias. Un autor a quien nada le es ajeno, y que frecuenta a los clásicos y a los contemporáneos con el mismo desenfado y exactitud. Leer a Daniel Espartaco es una experiencia muy hermosa, a pesar de que habremos de cruzar algunas zonas de pesadumbre, pero siempre de una mirada a la vez burlona y bondadosa.

Sánchez, Daniel Espartaco. Ceremonia. [Agregar Editorial], México, 2016.

Abril 2017

sábado, 6 de octubre de 2018

Liza en El Congreso

Autora de la foto Lizeth Cárdenas
Liza en El Congreso
Por Jesús Chávez Marín
La vida profesional de la escritora Liza Di Georgina, quien hoy presenta su obra literaria en el Congreso de Chihuahua, tiene tres vertientes: como autora, editora y librera, comercializadora de libros. Y esas tres líneas de trabajo las inició desde que era muy joven, como una artista de vocación temprana y firme.
A mediados de los años noventas del siglo pasado, siendo quinceañera, ya era invitada a congresos literarios y aparecía con sus manos llenas de sus libros que había escrito, entre ellos uno que se llama Cuando caen las hojas, editado y publicado en forma artesanal. Los vendía uno por uno en esos lugares en los que resulta bien difícil venderlos, ya que por lo regular los escritores no compran los libros de sus colegas, o por desdén o porque de plano andan siempre a la última pregunta, sin dinero ni para un café. Todo mundo sabe que el negocio de escribir produce muy escasas ganancias económicas.
En una entrevista que le hicieron, la autora relata en forma sencilla ese trabajo de iniciación: “ese libro lo manufacturé en mi máquina de escribir y lo mandé fotocopiar, luego lo cosí con una aguja para pavos y pinté con tinta china cada una de las portadas, quedé con las manos destrozadas pero definitivamente nada me iba a detener".
Con gran soltura Liza vendía el tiraje completo de sus preciosos volúmenes que ahora ya son de colección, escritos con seriedad y producidos con gracia. Muy pronto empezó también a editar y a publicar obra de otros autores, con el mismo entusiasmo y talento y, sobre todo, su gran amor a la literatura.
Cuando un lector hace el trascurso de lectura por los libros de Liza Di Georgina, puede ver el reflejo de su vida de niña, mujer joven, madre de dos hijas y esposa diligente, que es un panorama cercano a la vida de las mujeres en la frontera norte de México, con sus gozos y su grandes tragedias. Eso puede verse incluso en sus libros de literatura para niños, que es una de las varias regiones de su literatura y en las que ha alcanzado gran prestigio y una multitud de lectores. En este oficio difícil de escribir para niños ha ganado reconocimientos; por ejemplo, en el 2009 fue ganadora en el VII Concurso de cuento infantil de Otxarkoaga en Bilbao, España.
Como mujer de pleno siglo 21, la escritora tiene una gran capacidad de comunicación; no solo ha ejercido diferentes géneros de literatura, y los distintos formatos editoriales, también por supuesto los distintos medios. Su segundo libro lo publicó en internet: se trata de El último confín, un cuento largo o novela breve de literatura fantástica.
Además de ir afinando su gran sensibilidad de artista, la joven escritora fue puliendo su oficio de editora. Su tercer título fue una novela, Ángeles y palomas, un diario de viajes con una romántica historia oculta. Para la publicación de este libro Liza decidió abrir formalmente su editorial y el libro recorrió diversas latitudes: ciudades de Chihuahua, Texas, Nuevo México y Los Ángeles en Estados Unidos, Belice, España y Malasia.
Liza vive la literatura a plenitud, es protagonista y autora, personaje de sus propios relatos y pensadora que registra aspectos de la vida personal y la vida social, su pensamiento es nítido y estructurado. Con sencillez expresa su poética con estas palabras: “Escribir es mi vocación, mi oficio, lo que hace que mi vida tenga sentido, no el de publicar o ser reconocida, sino el intenso acto de tomar las palabras y moverlas como las piezas de un rompecabezas, hasta que se acomoden suavemente entre sí y revelen bellamente una idea”.
En los años recientes, además de cultivar su parcela más natural de narradora de cuentos y novelas, Liza se ha dedicado a la llamada literatura infantil, género que es considerado el de más difícil escritura.
Escribir para lectores niños presenta peliagudas dificultades. Primero que nada tiene que construirse un punto de vista delicado, fino, libre del paternalismo que desde la perspectiva de un adulto suele referirse a los niños como chiquitos, inocentes a priori, a veces casi como un poco idiotas. Se produce para ellos un lenguaje condescendiente que en el fondo los menosprecia de maneras sutiles o groseras.
Los cuentos de Liza Di Georgina, por el contrario, están redactados con una mirada horizontal, un lenguaje que es amistoso de verdad, y no desde una falsa ternura llena de animalitos. Por ejemplo, hay un cuento en el que se trata de manera divertida el problema del insomnio, sombra que uno considera tema exclusivo de los adultos, pero aplicado a un niño atormentado. La autora no escribe aquí lamento ni melodrama, sino que maneja el relato con estoicismo y magnífico humor.
El cuento se llama El “Remedio para el insomnio con Eme”. Uno de los personajes se llama Emiliano, es un niño a quien todos le nombran Eme. En uno de sus parlamentos, ya de plano angustiado por el problema, lo miramos de madrugada con los ojos abiertos: “Eme no quería dormir como un lirón, porque no sabía ni qué diantres era eso. Pero lo que sí quería era dormir como un Eme”.
Y es que esta autora no escribe mentiras edulcoradas de las que el típico mercado de la literatura infantil suele ofrecer, ese mundo idílico y enajenante que preserva el mito de la inocencia feliz. Al contrario, se mete de lleno a los problemas reales de la gente de todos los espacios y su visión crítica está incluida en su literatura para niños. Veamos esta reflexión que viene en otro de sus cuentos llamado “La pelota”. Aquí el personaje es un niño de 7 años, que dice esto:

Pero a la gente pobre como nosotros no le llegan las oportunidades, nosotros las vemos pasar como un tren que no se para, como el aire, como un sueño muy lejano... y lo más triste es que sí las vemos, pero sabemos que no son para nosotros.

Ese cuento, por cierto, es tristísimo y más aún porque sabemos que el hecho que se relata sucedió en la vida real y está documentado por los periódicos del mundo: un guardia de migración disparó con un rifle de alto poder y mató a un niño que se había cruzado la línea fronteriza por su pelota que se le había ido para el otro lado. Liza relata magistralmente este suceso, en un texto muy estoico y exacto, sin lloriqueos ni aspavientos de horror, desde el punto de vista de un personaje niño.
Es asombrosa también la mirada de Liza Di Georgina sobre las conductas humanas, y la manera genial como las relata. Mirando a los niños jugar, uno a veces no recuerda la propia infancia, cuando los juguetes eran más que juguetes, sino parte de la propia identidad, del alma y su lenguaje. Aquí va un fragmento de otro de sus cuentos, “Fortunato y la ballena azul” que ilustra esto de forma muy precisa:

Esa ballenita azul llegó a encarnar a más personajes que ningún otro juguete. A veces era una ballena astronauta, otras una ballena científica, o ballena detective, ballena bailarín, ballena mago, ballena doctor, ballena piloto, ballena ballena y muchos más. El hecho de vivir en el mar y no tener patas jamás limitaron a la atrevida ballena. Fortunato en el fondo sentía que su pequeña ballena tenía alma, si no, ¿cómo podía ser tan divertida y perfecta en tantos personajes.

Es un gran orgullo para Chihuahua tener a esta clase de escritora que es Liza Di Georgina. Me alegra que la tenemos hoy de visita en esta ciudad. Ella vive en ciudad Juárez y es una gran viajera: el año pasado, por ejemplo, hizo una gira por varios países de Latinoamérica como librera, como autora, como una mujer de su tiempo sabia, fuerte y carismática.

Septiembre 2016

jueves, 4 de octubre de 2018

Jaime García Chávez

Jaime García Chávez puso que al Boulevard Díaz Ordaz le digan Mártires de Tlatelolco. Como se imagina a sí mismo una especie de santo viejo, todo lo piensa en términos seudo religiosos de vírgenes, mártires, apóstoles. Además en su proverbial misoginia no puede concebir la idea de que le pongan un nombre de mujer: Boulevard Aurora Reyes.

Contexto
http://estilomapula.blogspot.com/2018/09/nijta-leal-bejarano.html

viernes, 28 de septiembre de 2018

Guillermo Samperio. Arte del cuento


18 sugerencias para el cuentista a principios del siglo 21

Por Guillermo Samperio

Les voy a compartir una especie de decálogo para escribir cuentos hoy en día. El nombre es medio pomposo, lo que importa es que les resulte de utilidad a quienes practican este género o lo quieren manejar lo mejor posible. Podría ser un libro, pero ese ya escribí y no sé si Alfguara ya lo reeditó luego de un par de décadas Aquí viene llegando el señor decálogo pomposo:

1. Como el cuento se levanta narrativamente con base en un solo hecho narrado, que algunos llaman “anécdota” o “historia”, escríbelo con el menor número de palabras que puedas.
2. Por lo regular, el hecho narrado debe definirse en dos o tres frases y siempre tiene una sustancia humana: la venganza, el desamor, la amistad, los celos, la salvación, etcétera. Por ejemplo, el cuento Diles que no me maten, de Juan Rulfo, el hecho narrado de venganza es el siguiente: Cuarenta años atrás un señor asesinó a su compadre por un problema de colindancia de tierras; ha andado huyendo todo ese tiempo hasta que un coronel, hijo de aquél compadre asesinado, lo encuentra y lo fusila.
3. Si el cuento tiene más de un hecho narrado, zigzaguea y no es posible darle un buen final y queda un cuento flojo. Si, por ejemplo, Rulfo se pone a narrar la historia del coronel y el conflicto de celos que tiene con su mujer, el cuento hubiera tomado dos caminos y difícilmente hubiera podido resolverlo. El problema es que hay dos hechos narrados compitiendo entre sí: la venganza y los celos. En una novela es posible y necesario que dentro de ella existan múltiples hechos narrados, pero la novela ya es otro género narrativo. El coronel solo va a cumplir una función en el cuento: vengar el asesinato de su padre, fusilando al fulano.
4. Esto quiere decir que los personajes en los cuentos están para cumplir funciones narrativas concretas. Desde un personaje incidental hasta el protagonista, el antagonista, o uno secundario. Si el incidental es un elevadorista, su función es abrir y cerrar la puerta del elevador y ni siquiera es necesario describirlo. Solo se le dice elevadorista y ya; ni su nombre interesa a los fines del cuento.
5. Por ello, los personajes son simples funciones narrativas del cuento. La función del protagonista es estar en conflicto con el antagonista y viceversa, y nada más. Debido a esto la descripción de ellos necesita ser breve: el asesino andaba despeinado y vestía una camisa amarilla; el coronel iba sin gorra. Las demás características físicas las pone el lector, esa es su participación imaginativa. Hay que suponer que el lector es inteligente y sensible; no hay que explicarle ni describirle todo. El lector completa lo que cuento no dice. Así, pues, el escritor establece una frontera invisible entre el texto y el lector.
6. Entonces, todo cuento incluye un conflicto entre dos fuerzas que se oponen. El cuento tradicional tenía cuatro partes: principio, desarrollo (donde se veía el conflicto), clímax y final. El cuento moderno, el inaugurado por Edgar Allan Poe, comienza ya con el conflicto desarrollado. Y el cuento va a presentarnos en qué consiste ese conflicto. En los cuentos de Poe desde el principio sabemos que hay una historia visible y una historia oculta; el lector espera todo el cuento para conocer la historia oculta, donde está la base del conflicto.
7. A partir de Poe el cuento moderno se ha desarrollado. Ya se puede comenzar por cualquier parte del conflicto desarrollado y no es necesario advertir ni hacer notar que hay una historia oculta. Al contrario: el lector debe suponer que solo hay una historia. Para ello, el escritor debe ocultar la historia definitoria del hecho narrado y lo hace distrayendo al lector, haciéndole creer que los sucesos que se cuentan tienen otro valor dramático. Un ejemplo: “La mujer lo vio, le atrajo, ya quería estar con él, devorarlo, hacerlo suyo. La mujer tomó los cubiertos y cortó el primer trozo de corazón de filete”. Se hizo pensar al lector que la mujer se refería a un hombre, pero en realidad se trataba de pedazo de carne de res, pero no se le mintió al lector: un filete suculento puede atraer, se quiere estar con él, se desea devorarlo y hacerlo nuestro. A este mecanismo Juan Bosch le llamó distractor o línea de distracción. Con un solo distractor vendrá inevitablemente un cuento muy corto, Entre más líneas de distracción tenga, el cuento será más largo.
8. Si los distractores se han mantenido digamos tres páginas, el lector irá sintiendo la tensión que esto implica hasta llegar al clímax. En este punto el lector no debe haber adivinado el final; debe suponer un final que alguna línea de distracción le señala.
9. Al revelar el final, el lector hace un recuento de lo que leyó y se da cuenta de que a los sucesos él le dio otro valor dramático y que no fue engañado. El final requiere develar un efecto emotivo único, como decía Poe, o un efecto de reflexión, en parte emocional y en parte meditativo.
10. El final puede ser sorpresa. Ambiguo cuando el lector tiene que elegir entre dos opciones de final. Abierto donde el lector elige entre un puñado de posibilidades de finales. Circular cuando termina por donde comenzó. Y puede haber otro tipo de finales pero estos son los principales. Entre más distractores mantenga el cuento, más posibilidades de final puede elegir el escritor o el lector. 
11. La sustancia del cuento es el verbo, pues los verbos implican acción y el cuento no es más que un sistema de acciones de principio a fin. Así podemos decir que la sustancia humana (venganza o celos) debe representarse con un hecho narrado; el hecho narrado se despliega en un sistema de acciones con base en los verbos, lo cual lleva a mostrar la sustancia humana, que a su vez es el hecho narrado y etcétera.
12. El cuento necesariamente debe mostrar un significado externo a sí mismo, además del que revela el final. Cuando el coronel fusila al matador de su padre se cumple el significado de la venganza. Pero el cuento Diles que no me maten también nos señala que mientras siga habiendo propiedad de la tierra, habrá conflictos entre los propietario que pueden llevar a la muerte de uno, de otro o de ambos. Es decir el cuento de Rulfo sigue vigente.
13. Recuerda que un adjetivo que no agrega médula al sustantivo se convierte en tropiezo, lo mismo sucede con los adverbios, los gerundios y los participios. Estos últimos son recursos de apoyo nada más. El gerundio sirve para hacer avanzar una determinada acción. El participio es un sustantivo disfrazado. Los adverbios terminados en “mente” son los más horribles y buscan la credibilidad forzada del lector y casi siempre tienen su forma desplegada: “Forzosamente” puede quedar en “Por fuerza”.
14. Una buena atmósfera (luz, oscuridad, olores, sabores; lo concerniente a las sensaciones) le da una buena cantidad de fuerza al relato. En el cuento Emma Zunz de Jorge Luis Borges hay un momento en el que Emma se encuentra en el laberinto de un puerto, destinada a entregar su virginidad; en ese momento ve hacia una ventanita rectangular y Borges dice: En ese momento el día estaba agonizando. ¿Por qué no dijo que atardecía o que estaba cayendo la bola naranja del sol, o que se gestaba el crepúsculo? Porque el acto que iba a realizar Emma representaba una agonía para ella y porque, más a delante, un personaje también va agonizar. Esto implica, que la atmósfera debe ir acorde con el hecho narrado, sin exagerar.
15. El ambiente (que a veces se confunde con la atmósfera) nos muestra con brevedad cómo es el lugar del suceso, que nivel social tiene, si es agradable o no. Por ejemplo: “Alicia entró a la sala y percibió el aroma de maderas finas, sus pies iban sobre una sepia alfombra gruesa y suave”. Comparémoslo con este ejemplo: “Alicia tomó asiento en la silla de pino, recargó un brazo sobre el mantel de plástico de flores rojas y le vino el olor del carbón y a caldo de papa”. Tenemos dos ambientes opuestos, pero presentados con rapidez.
16.  Frente a la cultura avasallante de la imagen, llamada mediática, es preferible hacer la descripción con acciones de los personajes. Ejemplo: “La mujer pelirroja abrió con rapidez la puerta metálica, las luces que giraban daban distintas tonalidades a su minifalda amarilla; se abrió paso entre un montón de gente que cargaba vasos, pasó junto a la barra sin poner atención a la música que lanzaba un grupo al fondo. Tomó asiento, entre el humo de cigarrillos, en una mesita donde se encontraban tres hombres de traje gris y se puso a hablar con el de lentes oscuros”. Aquí la participación del lector es importante porque él imagina su propio bar o antro, su música, el tipo de hombres en la mesita y, sobre todo, a su pelirroja (su estatura, si es guapa o fea, el tipo de peinado, etcétera).
17. Describir durante las acciones de los personajes es una de las ventajas del cuento o la narrativa ante, por ejemplo, una película. Cuando en un filme se nos presenta un bar, el bar es como está en la pantalla y no de otra manera, la pelirroja es esa y nada más. Todos los que están en la sala ven lo mismo; no necesitan imaginar nada. En el cuento, el espectador lector ayuda a crear las escenas y también va construyendo el cuento junto con el escritor. Hay un ejercicio importante de su imaginación.
18.  Finalmente, para fortalecer la credibilidad, la verosimilitud de lo que se está contando, crear ciertos detalles es de vital importancia. Imaginemos un principio con conflicto desarrolla: “Teresa y Felipe están desayunado ante una larga mesa. Suena el celular de ella, quien se pone en pie y sale a la terraza a contestar para que su marido no escuche su conversación. De pronto, Felipe se levanta gritándole a Teresa que era la última vez que lo permitía. Toma el plato de hot cakes y lo lanza contra la pared. El hot cake va resbalando sobre la pared dejando una mancha marrón gruesa y Felipe sube al segundo piso. Teresa dice algo, cuelga y alcanza en la recámara a su marido, quien carga un portafolios de cuero crudo con las letras doradas FRS. Ella trata de calmarlo”. En este fragmento, quizá no convenza tanto que ella salga a la terraza, que él grite y aviente el plato. Lo que le da fuerza a los sucesos descritos son dos: a) El hot cake que resbala por la pared dejando la mancha marrón y b) Las letras doradas del portafolios. Con estos detalles, que parecen al margen del conflicto, el lector dice ´”sí, esto está sucediendo”, pero esta aceptación, desde luego, es inconsciente. Y para terminar, pues se mostró un principio con conflicto desarrollado, el cual debe abrir expectativas y preguntas inevitablemente: a) Por qué es la última vez, b) Por qué ella sale a la terraza a responder, c) Con quién hablaba. Estas preguntas las resolverá el desarrollo del cuento e, inevitablemente, el escritor necesitará ir al pasado remoto, distante del pleito de los hot cakes, para ir dando información de cómo se gestó el conflicto. Y puede ir combinando momentos en el presente con vueltas al pasado remoto, creando los distractores (digamos en este caso de celos de Felipe; pero va a resultar otra cosa) hasta llegar al clímax y luego al final.





Texto técnico del Gran Maestro en el arte del cuento del siglo 21, el escritor mexicano Guillermo Samperio.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Cartelera, arte de la ciudad

En la foto Luis Carlos Salcido y Rosa María Hernández
Cartelera, arte de la ciudad. Presentación de la revista Cartelera

Por Jesús Chávez Marín

A lo largo de un día cualquiera, una persona dedica la mayoría de su tiempo a trabajar para conseguir los recursos para la subsistencia, la propia y también la de los hijos durante algunos años. Otro buen tiempo lo pasa en transportarse a los lugares donde sucede la acción, comer de prisa, cumplir compromisos, reunirse con clientes, contadores, otras personas del trabajo.
Lo que queda del día es un tesoro que todos merecen y que no siempre es apreciado en su justo valor: el tiempo libre. Durante los fines de semana, por supuesto, se extiende a uno o dos días casi enteros, digo casi porque los sábados y los domingos también hay obligaciones domésticas que no se pueden detener, pero la verdad eso es lo de menos porque en el espacio de la propia casa todo suele ser más amable, a menos de que nos hayamos construido uno de esos infiernos íntimos que suelen ser avasalladores, pero esas ya son historias de terror.
Lo cierto es que todos tenemos en alta estima el tiempo libre. Guardamos dinero para ir a determinado lugar, procuramos enterarnos dónde están los espectáculos que nos gustan, conciertos, alguna conferencia atractiva. Pero a veces resulta que se nos escapó algún acto que jamás hubiéramos querido perder, o porque no hallamos información en los diarios o porque venía equivocada. En una ciudad ya tan extensa en su territorio y en territorios espirituales, reaparece ahora esta fina joya del periodismo especializado que es Cartelera, de Luis Carlos Salcido.
La historia de la revista es larga. En los años ochentas la inició Salcido con un grupo de amigos que ya antes habían hecho una anterior, que era literaria y se llamaba Media Hora. Me acuerdo que en esos días Ana Belinda Ames Russek y el propio Luis Carlos recorrieron palmo a palmo la ciudad reuniendo información turística para el contenido del primer número, y luego volvieron a recorrerla para buscar puntos de venta y distribución. Lo duro del trabajo nunca se sentía porque las empresas culturales de Salcido siempre han sido divertidas, su carácter alegre, irónico y de insospechada sabiduría hacen ligero el recorrido. Me consta porque fui uno de los trabajadores en su sala de redacción.
Aquella Cartelera de los años ochentas era una novedad en Chihuahua. Solo unos cuantos que habían vivido en la ciudad de México o en alguna otra ciudad grande conocían como algo natural esas guías donde vienen los rumbos de los actos artísticos, los bares, hoteles, espectáculos del día con sus horarios y los lugares bien organizados. Aquí cada quien se las arregla como puede y son las instituciones culturales con la parsimonia y el pequeño alcance de su difusión las que procuran anunciar los actos que organizan de vez en cuando.
Tanto Salcido como Ana Belinda y los demás iniciaron otros proyectos y abandonaron Cartelera; en la ciudad nos volvimos a quedar chiflando en la loma en lo que respecta a la oportuna información cultural. Pero en los años noventas decidió Salcido revivir Cartelera. Y como siempre ha sido un espíritu cosmopolita sofocado en Chihuahua, incluso vivió muchos años en la ciudad de México donde se sentía como pez en el agua, decía que esta ciudad en muchos aspectos tan estancada literalmente lo volvía loco. En homenaje a eso, le puso a su nueva revista Chihuahua me vuelve loco.
Esa revista llegó a ser imprescindible para los espectadores de la ciudad, que ya habían crecido en número y en complejidad. También era mayor la oferta cultural, más conciertos, bares de lujo y también de los otros, más arte público. La revista fue universalmente generosa con los lugares de reunión, anunciaba gratis lo mismo restaurantes carísimos que taquerías de barriada. Hay que decir que en la correspondencia de comprar publicidad, la mayoría fueron bastante miserables: los fritangueros de la orilla y aún más los ricachones.
Una novedad de la nueva revista fue que Salcido les dio cancha a varios escritores y fotógrafos, abrió un magnífico espacio de expresión en un momento en que ya no existían publicaciones literarios. Como es un mago del diseño, no se veía tediosa esa mancha de texto; incluso se las arreglaba para que la revista siguiera siendo materialmente lo que era su vista esencial: un programa de mano de toda una ciudad, un folleto turístico muy ágil y accesible, en formato de plakette de turismo para traerse todo el mes como una agenda útil y de grata presencia.
Y como en toda revista que siempre está cerca, el portador termina por verla toda, la verdad los escritores y los fotógrafos que allí aparecieron terminaron por volverse bastante famosos durante los dos años que duró circulando Chihuahua me vuelve loco.
Publicar con Salcido significaba un escenario de lujo. En cada uno de sus diseños transforma el espacio en una especie de caleidoscopio; su amor y respeto por la palabra escrita hacen que jamás sacrifiquen el texto en función de las imágenes, que hallen columnas deleitosas de lectura, que consigan la comodidad del lector, la belleza de lo escrito. Cuando un autor se vé a sí mismo publicado por Salcido, un poquito se pregunta: ¿de veras yo escribí esto tan hermoso? Y esa es una de las lecciones que él ha dado a la ciudad: el arte de la expresión gráfica en las publicaciones.
Recuerdo lo horrible que fueron los libros antes de 1985, cuando Salcido empezó a trabajar aquí. Unos amasijos de letra amontonada hasta arriba y hasta abajo de la página, sin ton ni son; en las portadas había dibujos chuecos y cívicos. Las revistas estaban hechas con unas columnas de líneas abiertas, empalmadas, con fotos desdibujadas en blanco y negro.
Salcido venía de trabajar en la SEP donde ya había ganado un premio nacional de diseño. Inició aquí con aquella revista Media Hora que fue una sorpresa y muy pronto se puso a hacer libros para varias editoriales y revistas, para empresas maquiladoras. Casi de inmediato la gente que sabe de libros empezó a contratarlo, y hasta la fecha. Lo mismo hace libros de arte que fue editor cultural en un diario de la ciudad, algunos años.
Y además de todo eso, ahora inicia el tercer vuelo de su revista constante, Cartelera. Será en estos años más útil que nunca, pues el número de espectadores es ahora una multitud. Quedó vista con claridad hace unos meses en el festival Ruta Uno y ahora en el nuevo festival llamado Metrópolis. Un mar de gente que necesita saber donde están los conciertos, los lugares, los artistas. Una revista como Cartelera será una publicación de grande utilidad y a la vez un objeto hermoso, producido por un gran artista de Chihuahua.
Espero que Cartelera tenga larga vida y se establezca como un instrumento turístico valioso y una revista muy querida por los que vivimos en la ciudad.
Julio 2014