viernes, 1 de marzo de 2013

martha penner



Martha Penner en concierto, con la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Chihuahua







Por Jesús Chávez Marín



El 21 de mayo de 2004, en el marco del Festival de las tres culturas, se realizó el concierto de gala de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Chihuahua con la mezzosoprano Martha Penner, espléndida artista nacida en ciudad Cuauhtémoc.

Durante once años, a la mitad de cada primavera en el mes de mayo, ciudad Cuauhtémoc ha celebrado su ya muy famoso Festival de las tres culturas, donde se realizan y se manifiestan expresiones artísticas de esta región que en años recientes ha tenido un florecimiento extraordinario en la pintura, la literatura, la fotografía y la música.

Durante el mes se han realizado obras de teatro, exposiciones, presentaciones de libros, conciertos, recitales, verbenas populares, conferencias, espectáculos de narrativa. En este ambiente que es reflejo del dinamismo y energía que caracteriza a la ciudad de Cuauhtémoc y a toda la región que la circunda, la Universidad Autónoma de Chihuahua participa, como cada año, con el arte de su Orquesta Sinfónica.

En el concierto de esa noche fue un lujo la voz diamantina de la maestra Martha Penner, quien estudió dirección coral con Robert Shaw, en la Orquesta Sinfónica de Winnipeg, Canadá. Ella tuvo como principal tutora de canto por tres años a la soprano Henriette Schellenberg. En esa época trabajó también con otros grandes maestros. Obtuvo su licenciatura en música sacra en la Canadian Menonite University. Ha realizado conciertos en México, Estados Unidos y Canadá y ha grabado tres discos.

Escucharla esa noche fue una hermosa experiencia artística. El programa estuvo compuesto con fragmentos de ópera, oratorios y canciones de música popular.

Ese acto dejó huella profunda en el ánimo de quienes escuchamos. La experiencia estética no es exclusiva de los ejecutantes, de los cantantes, de los músicos. Pertenece también a los oyentes, al auditorio, al público que asiste y participa en la emoción, que solo así alcanza su ciclo completo de expresividad.

En los niños y los jóvenes, el espectáculo de una orquesta, una cantante de tan voz tan fina, resulta inolvidable, se queda en el pensamiento, en la memoria de los individuos y de las comunidades como parte de una herencia espiritual.

En una sociedad como son las nuestras en los inicios del siglo XXI que parece inundada de imágenes degradantes, violencia y vicio, plástico y ruido, la presencia de los artistas, la armonía de la música son lenguaje distinto, territorio de serenidad y esperanza.



Mayo de 2004

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