lunes, 8 de septiembre de 2014

chuy ayub


El árabe con su guitarra en la noche
[Prólogo para el libro Trovador nocturno]

Por Jesús Chávez Marín

En un bar de lujo donde los viernes los fatigados habitantes de ciudad Chihuahua buscan reestablecer las energías en la bondad de una buena cerveza, en la plática ligera con los amigos de toda la vida, hay algo más que mitiga el cansancio de la semana: los cantantes alegran el corazón de la gente.
         Los músicos. En el escenario despliegan con placer violines, tambores, guitarras, pianos; y su talento de artistas educados y finos.
         En las noches de Chihuahua, un personaje de leyenda llamado Chuy Ayub, el árabe, entra a un recinto de cantera y sube las escaleras hacia el casino de Chihuahua donde él, Chuy Ayub, es el lujo de la noche.
         Desde muy joven, cuando era estudiante de la Universidad Autónoma de Chihuahua –primero en la facultad de zootecnia y luego en el salón de los músicos del entonces departamento de Bellas Artes–, Chuy Ayub ya era el músico entero que hasta hoy conocemos: el trovador más elegante y el más conocido en todos los bares y salones de show de la ciudad.
           Su maestría en la guitarra, educada por nota en la lectura de todo tipo de partituras pero sobre todo educada en su fulgurante corazón de artista, en sus manos ligeras y precisas, en su voz matizada por un caudal de whisky y cigarros, de fino tabaco; se regala todas las noches de todos los fines de semana hace más de cincuenta años en la ciudad de Chihuahua.
         La presencia de este artista nuestro, a la vez tan popular y tan refinado, es como la de un parque de árboles centenarios, la de un edificio de elevada y esbelta cantera, la de una fábrica que produce automóviles de lujo, la de una oficina bien organizada de contadores públicos titulados; por supuesto, egresados de la Universidad Autónoma de Chihuahua.
         En este libro hallaremos algunas de las historias de este hombre, que son tantas como estrellas en el firmamento de una noche de octubre en este valle purificado por el trabajo de las mujeres y de los hombres, Chihuahua.
         Seguramente muchos lectores hallarán también algunos secretos que habían permanecido a la sombra y al calor, en el corazón de artista de este cantante, este guitarrista, este músico que quizá no ganó caudales de dinero con su trabajo de trovador, pero se ganó la amistad para siempre de sus amigos, el amor para siempre de sus mujeres, el agradecimiento discreto y amable de cuantos tuvieron el privilegio de escucharlo cantar en sus shows, en las orquestas donde era uno de los músicos más cultos, en las cantinas: lo mismo las más arrabaleras que las lujosas.
         Cuando Chuy Ayub, el árabe, inició muy joven su brillante carrera de artista, era ya el músico completo y de talento educado y lírico tanto como ahora el hombre sabio y grande, el mismo trovador y guitarrista, cuyo corazón fue puliendo a través de los años como un diamante esmeralda. Pero Chihuahua era muy distinto a esta ciudad violenta de los recientes años.
         Chihuahua era una villa de 3000 habitantes que en su orilla norte llegaba hasta el actual hospital del Issste en su orilla sur hasta la colonia Rosario. Antigua periferia. Al oeste solo llegaba hasta la gasolinera La Sierra y el salón de baile que estaba enfrente. Al este hasta la colonia Arquitectos, cuyo adorno austero estaba edificado en un cerro: el templo de San José de la Montaña.
         Ahora Chihuahua se extiende como una extensa circunferencia construída con el honrado trabajo de muchos hombres que ya murieron, de sus nietos que ahora se afanan en seguir luchando por la vida. Pero Chuy Ayub sigue cantando. Seguirá cantando hasta que se muera.
         Estoy seguro que hallaremos en este libro breve y hermoso una lección muy grande: la de un hombre que hace su trabajo. La de un artista que se regala como un banquete a su público que a la primera canción del show ya lo adora.
         El alma de este artista que tanto se ha expresado en las canciones se manifiesta hoy en la literatura de su biografía.

Enero 2013.

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