La
emoción del alcohol
Por
JChM
Hay
un arroyo de la colonia Las Granjas donde se junta cada madrugada una
desorganizada comunidad de alcohólicos terminales. Los vecinos ya se
acostumbraron a convivir con ellos, a que en las orillas y sobre la arena
queden tiradas las botellitas de alcohol 96 compradas en la botica, con
ansiedad y monedas reunidas con dificultad.
Los
viejos, o que parecían viejos, se han ido muriendo, pero antes llegaron otros
más jóvenes y allí se quedaron, camaradas de destino y de esa extraña fiesta
silenciosa de los tomadores.
Cuando uno de ellos muere, todos asisten al entierro y desperdician el vital líquido arrojándolo entre la tierra que cae, para hacer el último brindis con el compañero, al cual ya jamás habrán de mirar.

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