viernes, 3 de febrero de 2012

mario lugo


Lugo, historias de amor, presentación del libro El Amor entre las ruinas, de Mario Lugo

por Jesús Chávez Marín

La sabiduría popular es certera cuando llama aventuras a cierto tipo de relaciones amorosas. En este tipo de enredos algunos casados y algunas casadas se juegan su propio matrimonio, la estabilidad de su familia. Y los solteros se juegan su soltería, su estado civil. Y sin embargo quizá no haya en este mundo aventuras más fascinantes, más llenas de energía, de imágenes inolvidables, de vida latiendo con ritmos diversos, de ilusiones extraviadas y certezas poéticas.

En este sentido, este libro enérgico y triste, lleno de acción y de pensamiento, de alegrías y placeres matizados por complejos mundos interiores, digamos espirituales, este libro de cuentos llamado El amor entre las ruinas, es un libro de aventuras.

Las quince historias que forman este libro tienen como tema central el amor, la relación amorosa entre un hombre y una mujer al centro de tramas diversas. La aventura del amor enfocada desde múltiples ángulos:

“La presencia de tu sexo como maravilla arrinconada”.

“Tu marido que te sorprendió mojada y a medio vestir, saliendo conmigo de esa casa vieja”.

Un “partidario del amor servil y rutinario. Seguramente él te quería solo como calor para los inviernos, como cocinera, como ese animal fantástico y grotesco siempre dispuesto a esperar y perdonar”.

“La amo suficiente como para resistir cualquier cosa después de su muerte”.

“Llegué a cuestionar de manera enfermiza su aceptación de huéspedes a pesar de que yo no ofrecía una opción para su supervivencia, salvo una posibilidad de dejar a mi familia, que ella jamás creyó del todo, supongo”.

“Enérgico, y triste, lleno de acción y de pensamiento, de alegría y placeres matizados por complejos mundos interiores…”

“Buscaba la presencia de alguien (…), daba la impresión de un desamparo momentáneo”.

“Salió de la habitación apenas unas horas después de haber llegado y no volvió hasta muy avanzada la madrugada”; “un despliegue de triste dignidad”.

“Los más engrosaron, engrosamos, las filas de la corrupción o el conformismo”.

“María Luisa no era muy hermosa, pero sí muy inteligente… y sentimental. Una combinación muy explosiva”.

“Laura a pesar de ser menor que yo, lograba imponer en mí su personalidad como si fuera un dictador, un juez implacable. Sin embargo había algo en ella más importante aún: su sensualidad; algo que yo apenas aprendía a identificar y disfrutar pero que se sumaba a las ideas mágicas que yo tenía respecto al sexo, y más elementalmente, a las características misteriosas que yo atribuía al cuerpo femenino”.

“Amé su dulce presencia. Nunca hasta entonces un ser humano fue capaz de inspirarme más posibilidades acerca de un futuro verdaderamente feliz. Cuando por alguna casualidad coincidíamos en el mismo camión, mi estúpido corazón palpitaba atropelladamente. Quise rogarle, pedirle por favor que me aceptara como su esclavo, o si lo prefería, como su perro. Cualquiera cosa hubiera sido aceptada por mí con tal de tenerla cerca cuando menos unos minutos”.

“Busqué ansioso ese espacio que no ha perdido su misterio al paso de los años”.

“Para mí los encuentros que van en tu vida están predeterminados, tienes un conocimiento pudiéramos llamar instintivo de que están ahí y los buscas; los buscas con el esmero que sólo el anticipa algo significativo en la vida lo hace”.

“Pronto supe que (ella) se había separado de su marido unos meses antes, que era madre de dos hijos: uno de cinco y otro de tres años. No se sentía en manera alegre de su condición”.

“Por el efecto del licor, tan familiar para mí, Armida me parecía más atractiva después de cada sorbo”.

“Algo que nos impresiona a las mujeres de ustedes los hombres es su capacidad para resistir el tedio frente a la repetición de una aventura que consideran intensa, plena de pasión, aunque momentánea. Pierden de vista el ritual necesario que las mujeres atribuimos a la atención de los detalles. “Para nosotras el evento más importante es el proceso previo a lo que ustedes consideran básico: la penetración”.

“Por eso Gabriela se burla de los hombres a los que nos gustan los amores rápidos, de a discotecazo y luego al motel. O de los amores de asiento de carro. En síntesis: del amor, agasajo y olvido. Nos acusa de ingenuos, y sobre todo de superficiales e inexpertos”.

“Piensa en tu familia, en mí, en tus hijos. Es que no puedo creer que seas tan insensible”.

“Me hizo saber que se sentía un poco cansado y preocupado por Jenny, su mujer, a quien conocí un par de años después. Me dijo que durante su viaje anterior a Japón le había llamado muy desesperada para suplicarle que renunciara a su trabajo, que se sentía muy sola”.

Los narradores de cada cuento asumen siempre en este libro un punto de vista muy bien definido, enfocan con mucha exactitud los cambios de fortuna; la prepotencia de un hombre que considera a las mujeres como territorio de conquista; la visión idílica y adolorida de un recuerdo adolescente; la contemplación de la belleza femenina en las acciones más cotidianas, en las voces de dos viajeras, en una linda vendedora de frutas.

Personajes inolvidables de nuestro pasado son algunas mujeres y aquí nos las venimos a encontrar en el libro que escribió Mario Lugo, en sus relatos tramados con esa familiaridad que es tan difícil redactar para encontrrnos de nuevo con sorpresa con aquella mujer amadísima, aquel ángel de nuestro pasado que irrumpe en nuestra actual vida tan desdibujada por el tedio, tan ocupada en salir sin demasiadas lesiones entre una masa de imágenes agresivas, tan pendiente de los trabajos alienantes que realizamos todos los días a los cuales dedicamos nuestra prisa y nuestro fastidio. El encanto de la literatura.

Junio 1995

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