lunes, 21 de julio de 2014

jorge carrera robles



Los caminos de la vida cultural



Por Jesús Chávez Marín



La administración del Instituto Chihuahuense de la Cultura que está por concluir se caracterizó por dos líneas de acción: dilapidar casi la totalidad de su presupuesto en el festival “internacional” Chihuahua, FICh, y tratar miserablemente a los artistas del estado. Esa fue la política constante del director Jorge Carrera Robles durante 6 años.

A pesar de eso, no hay grandes diferencias con las administraciones anteriores de ese instituto, inaugurado el 19 de marzo de 1992. Todas se han caracterizado por su mezquindad o por el escaso presupuesto que le asigna el gobierno de Chihuahua a los asuntos del pensamiento y el arte.

Por ejemplo, el director anterior, Arturo Rico Bovio, se la pasó diciéndole a todo mundo que casi no se podía hacer nada porque no había recursos económicos y el gobernador en turno ni siquiera lo recibía en audiencia. Y el de más antes, Leonel Durán, gastó los años haciendo diagnósticos y planes que jamás se cumplieron. Esto ha sido casi una situación de daño total.

El nuevo gobierno tendrá la tarea de empezar casi desde cero, con acciones radicales: cancelar el FICh, que solo ha servido para rendirle culto a la personalidad del gobernador: ni logró ser internacional, ni fuente de promoción turística, ni se posicionó como tema favorable frente al desprestigio que en los medios mundiales causaban las noticias las mujeres asesinadas en Juárez y, años después, de los balazos y los ejecutados en las ciudades y en la sierra de Chihuahua. Algunos parroquianos de los ambientes culturales cuentan, en cambio, múltiples leyendas de corrupción en las contrataciones de los artistas que presentaba el festival, y otras estafas parecidas. Pero a las pruebas no se remiten, porque son de difícil acceso.

Otra acción radical tendría que ser, de plano, cancelar también el instituto de cultura y empezar desde cero con otro proyecto, uno eficiente, más abierto hacia los trabajadores del arte y el pensamiento, y con presupuesto suficiente para iniciar ahora sí el desarrollo cultural de Chihuahua.

Para los asuntos de la cultura, los gobernadores anteriores y los directores del Instituto de Cultura se concretaban a consultar, nomás para aparentar que consultaban y tomaban en serio ese proyecto, a los “chihuahuenses distinguidos” que viven en la ciudad de México, los que tienen fama de cultos y cuya función ha sido solamente venir a recibir premios y homenajes de parte de su terruño de nacimiento e infancia. A los escritores, pintores, actores, músicos de las ciudades de Chihuahua jamás les tomaron parecer, ni por no dejar.

En este artículo voy a imaginar que algún señor de los que están a punto de asumir los cargos del poder público, se toma la molestia de tomar el parecer de algunos de quienes aquí trabajamos en la producción cultural de Chihuahua, proponiendo 10 líneas de acción.

1. No desaparecer, ni reasignar en otros programas, los presupuestos del Festival Internacional Chihuahua y el del Instituto Chihuahuense de la Cultura, sino conservar la misma cantidad para cubrir el costo de las nuevas acciones.

2. Fundar una oficina de administración de esos recursos, con poco personal, pero muy eficiente y honesto, que tendrá tareas de financiamiento y distribución de recursos.

3. Fundar otra oficina, independiente de la anterior, de las mismas características de efectividad y honradez, para que coordine las partidas presupuestarias del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, como las becas, culturas populares, pacmyc y otras. También para que gestiones otro tipo de recursos federales, internacionales y de la iniciativa privada mexicana, que suelen asignarse a la promoción cultural y artística.

4. Invitar a los artistas, filósofos, científicos, periodistas, escritores, músicos, actores, danzantes, a que presenten proyectos, propuestas y presupuestos, no a concurso sino a dictámenes técnicos, a fin de obtener presupuestos y recibir supervisón, contratos y financiamiento.

5. Fundar un colegio que coordine cursos prácticos de escritura literaria, de lectura, pintura, danza, teatro, filosofía, etcétera, en todos los municipios de Chihuahua, de acuerdo a la población y a los intereses de cada comunidad.

6. Iniciar otra coordinación para que administre los programas que, a pesar de la torpeza y el egoísmo casi autista de los directores anteriormente nombrados, sí han funcionado más o menos: la casa redonda, la orquesta, de momento no recuerdo algún otro.

7. Cancelar de un plumazo el afán aparatoso e inútil de seguir homenajeando a los escritores y artistas de medio pelo que viven y trabajan en la ciudad de México, nomás porque nacieron en Chihuahua. Puede ser que su trabajo artístico haya dado algún renombre a su tierra natal, pero su vanidad y su oropel solo han servido para lustre de políticos en el candelero.

8. Que los escasos y nuevos funcionarios de las oficinas antes propuestas estén bien concientes de que su tarea está al servicios de los que producen objetos culturales, no para alimentar su ego ni para cultivar la envidia tan enferma que la mayoría de los actuales funcionarios de la cultura le tienen a los que debieran ser sus clientes.

9. Que las acciones culturales se atiendan en las ciudades y regiones donde se generan, y donde viven los artistas y los trabajadores intelectuales, que no se concentre en las ciudades de Chihuahua y Juárez.

10. Que se revise cada semestre el trabajo de museos, casas de cultura, coordinaciones administrativas, para evitar la simulación, las acciones falsas de promoción artística y los consabidos fraudes de facturación y nepotismo.

Otros señores y señoras tendrán seguramente sugerencias tan prácticas y sencillas como estas. Háganlas públicas. Entre todos iniciemos un nuevo destino para el arte y el pensamiento de los chihuahuenses.



Exprés, mayo 2010

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