jueves, 2 de septiembre de 2010

aarón piña mora

Exposición retrospectiva de Aarón Piña Mora

Por Jesús Chávez Marín

Siempre resulta emocionante para el espectador asistir a la retrospectiva de un pintor cuya obra tiene tantos registros, como lo es la del maestro Aarón Piña Mora. En él se se cristaliza una gama de técnicas y de concepciones artísticas muy bien asimiladas por un cuidadoso artista cuyos viajes, lecturas y estudios han producido frutos espléndidos.
Encontraremos aquí diversas líneas temáticas: el retrato, los bodegones, el paisaje y las interiorizaciones simbólicas de la figura humana. Los singulares tonos de los colores en la obra de Piña Mora son de una expresividad única: algunos hilos de melancolía matizan las pinceladas vigorosas de su composición y le agregan a la textura del material una sensación de misteriosas presencias que se asoman como en un reflejo.
Una muchacha peinándose frente al espejo nos causa la serenidad de la contemplación de de este acto sencillo y hermoso pero también cierta luz tenue nos produce un efecto extraño de tristeza. El torso desnudo de una mujer, en otro de los cuadros, nos mete de lleno en un espacio de rotunda sensualidad y sin embargo el rostro del personaje aparece lejano del ángulo desde donde fluye nuestra propia mirada. Estos contrastes están muy presentes en la visión poética de este pintor.
A veces los colores son muy vivos. Sobre todo en la ropa de las mujeres menonitas que retrata Piña Mora. En la tela de color oscuro que portan esas mujeres hay una constelación de estrellas diurnas, el sol entero en pequeños fragmentos de arco iris. Otros son los colores que utiliza al recrear a las mujeres tarahumaras: los de la tierra, los de las piedras, los de la noche. Un secreto más profundo y con una cierta dimensión del dolor hay en sus ojos, casi siempre ocultos.
Las mujeres aparecen constantemente en esta obra. Hay un estudio muy completo de la esencia femenina a lo largo de toda la obra de Piña Mora. En los retratos, en los detalles, en grandes extensiones de su obra de muralista. Conoce muy bien los giros de su pelo, las líneas de la esfera en sus siluetas, el vuelo de su ropa, la ternura o la fiereza de sus miradas.
Acuarelas, pasteles y la fuerza del óleo, técnicas diversas en todas las épocas de este pintor, cuyo oficio de artista ha sido una de las grandes presencias de la cultura chihuahuense.

Æ     Diciembre 1997. Publicado en Armario, editores José Manuel García et Adriana Candia.

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