viernes, 5 de octubre de 2012

arte, obra pública



 Arte y universidad pública

Por Jesús Chávez Marín

En marzo de 2001 se iniciaron los Paseos de la lectura y el arte organizados por las principales instituciones de promoción cultural de nuestra ciudad, entre ellas, por supuesto, la Universidad Autónoma de Chihuahua.
La mayoría de los artistas mexicanos se formaron en las universidades públicas. Los artistas de una ciudad realizan obra tan necesaria como la medicina social, los puentes, carreteras, drenaje, presas, leyes, procesos administrativos y contables, formas de gobierno.
Si vamos a una boda, hay músicos tocando y su talento contagia la alegría con canciones que traen recuerdos o con piezas de moda que a los jóvenes les expresan los ritmos de su frescura y actualidad. Muy poca energía tendrían las fiestas sin la música, sin los músicos. Este trabajo es obra pública.
Cuando entramos a una casa bien edificada, a un rascacielos donde los espacios tienen armonía y atmósfera amable, sentimos la seguridad y fuerza de sus materiales bien estructurados y la belleza de los muros, columnas, la madera, cristales, la luz. Seguramente en el equipo de quienes construyeron había jardineros, arquitectos, diseñadores, quizá pintores y escultores, que imaginaron y calcularon los elementos materiales y las ideas con las que se forjaron estos espacios donde durante muchos años habitarán hombres y mujeres cuya vida será placentera y espiritual gracias al talento de quienes supieron construir esos recintos. El trabajo de esos artistas es obra pública.
En cada oficina moderna hay un diseñador. En cada firma de negocios, un redactor para la publicidad y para las palabras bien cuidadas. En cada acto público importante, fotógrafos de enorme sensibilidad visual. En cada pared hermosa cuelgan los cuadros de los pintores de la ciudad, o de otras ciudades, donde también hay funciones de teatro, espectáculos de danza y, todos los días, una multitud asiste al cine. En la vida ágil de nuestro siglo, los artistas realizan todos los días su trabajo, con tanta disciplina como los buenos contadores, los científicos, los carpinteros.
El 80% de esos artistas se formaron en las universidades públicas de nuestro país, según consta en estadísticas recientes. Octavio Paz, premio Nobel de 1990, el novelista Carlos Fuentes, el genial novelista Jorge Ibagüengoitia y los actuales gurús de la literatura mexicana, José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis son egresados de la universidad pública.
Los artistas importantes de Chihuahua son también egresados de la universidad pública: los pintores José Pedro Gaytán, Rocío Sáenz, José Lucero, Marcela Fierro, por mencionar solo algunos; los fotógrafos Raúl Sánchez Trillo, Arturo Rodríguez Torija, Elías Holguín y Héctor Jaramillo; los actores Manuel Talavera, Rosa María Sáenz, Ea Pozoblock y Luis David Hernández; los músicos Francisco Sáenz, Rubén Tinajero y la mayoría de los maestros que integran las orquestas del norte del país; los escritores Alfredo Espinosa, Flor María Vargas, Enrique Servín, Alma Montemayor, Ernesto Visconti, Susana Avitia, Luis Nava Moreno, Arturo Rico Bovio y una larga lista de poetas, cuentistas, novelistas.
La universidad pública da maravillosos resultados: artistas para las ciudades de este siglo.
También quienes se dedican a la promoción cultural tienen también una misión muy delicada. Además se mantienen ocupados en papeles, presupuestos, reuniones, proyectos, ceremonias, negociaciones, inauguraciones. El tiempo se estira y algunos andan todavía a las diez de la noche en alguna exposición de pintores o algún concierto de la orquesta. Su labor cotidiana es atender artistas, profesores, bailarinas que son la aristocracia de la sensibilidad creativa y a su servicio está, o debería estar, el tiempo laboral de los promotores culturales.
Este programa, este festival que hoy inicia es una muestra de mucha los que se ha hecho y la señal de que el trabajo sigue fuerte para que los habitantes de la ciudad tengan un ambiente cultural donde sus almas se eduquen, tal como quienes nos antecedieron nos dejaron libros y música para seguir viviendo.

Marzo de 2001

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