lunes, 12 de mayo de 2014

nueve leyendas de chihuahua



 La escritura es la cristalización de la memoria


Por Jesús Chávez Marín



Cuando pasan los años, los recuerdos quedan hechos jirones. Desteñida por el tiempo o pintada con la fantasía, la realidad ya no es la misma cuando la recreamos con las palabras de la conversación y le agregamos las cargas conceptuales con las que elaboramos nuestras expresiones cotidianas. De esta manera, la escritura que sale impresa adquiere una importancia insospechada y penetra con muchos cauces el tejido social.

Hace pocos días salió de la imprenta la más reciente plaquette de la Colección Flor de Arena, el número 25, que se llama Nueve leyendas de Chihuahua, donde quedan fijas en la escritura nueve historias de la tradición oral. Varias de esas historias las hemos venido escuchando desde niños en la escuela, en las pláticas vespertinas de nuestros padres, en las lunadas y las fogatas donde nuestro ánimo despierta, estimulado por los placeres de la fantasía y el misterio.

En este pequeño volumen de leyendas los lectores nos asomamos a una ventana de nuestros propios recuerdos. Miguel Armando Gutiérrez Mares, escritor sorprendente cuya percepción está educada en la meditación trascendental, nos escribe de aquella señora que todos los viernes santos, a la media noche, sigue visitando para siempre los siete templos. Muy elegante, ella recorre en un taxi fantasma las calles de Chihuahua y paga con una sortija de oro. El taxista ya no es de este mundo.

César Imerio Salazar Holguín, narrador y maestro, nos mete a la polvareda de la Revolución Mexicana que se levanta en el puro centro de nuestra propia ciudad. El olor de los cirios y el incienso de la Catedral son un consuelo ante el terror de los disparos, un refugio frente a la muerte. En medio de la batalla brillan las alazanas, en el fulgor del oro los personajes del relato se conectan con el más allá, donde se escuchan las voces de unos albañiles cuyo regocijo es inaudito.

Zacarías Márquez Terrazas, cronista laborioso y poeta cuyos versos suenan en todos los calendarios, impresos junto a las fotos de Pancho Muñoz, escribe sobre las correrías del legendario Chato Nevárez, cuyo destino de aventurero trae un poco de esperanza ante los atribulados días de nuestra crisis económica, que también suele ser mental y hasta metafísica cuando nos enfrentamos a los cobradores, mas fieros que el toro que se llevó entre las astas al famoso bandido de Babonoyaba.

Como el espacio de toda reseña siempre es reducido, otro día les seguiré platicando de los demás cuentos que salen en este libro. Por ahorita sólo quiero mencionar los títulos y los autores de las otras leyendas de esta plaquette:

El violín de don Anatolio, escrita por la escritora Eva Muñoz, quien es maestra de literatura y dio clases toda su vida en muchas escuelas de la Sierra. El ambiente de este relato es de fina evocación poética. Oro y plata, cuyo autor es René Gómez Esparza, una historia donde se oye el lenguaje castizo que todavía se usa en los pueblos mineros; él es profesor en su natal Santa Bárbara y en San Francisco del Oro. La leyenda de la hija de Pascualita, quizá la más famosa de las que se oyen en esta ciudad, y de la cual existen más versiones escritas, cuyo autor en este volumen es el ingeniero Jorge Luis González Piñón, quien presenta además un caudal de información muy bien organizada respecto a esta vieja historia.

Óscar W. Ching Vega, el famoso periodista, es autor de El hombre que quedó mal con Dios, donde el charro negro de Santa Eulalia vuelve a encontrarse con uno más de sus cronistas, esta vez en la escritura siempre estimulante de este beduino de las noticias. La leyenda del Rosario y la sotana sin cabeza la escribe Luis Carlos Arriola Chávez, cuya trayectoria de historiador y cronista lo avalan para convertir en fantasma al padre de la patria en persona. Y para cerrar con broche de oro, Humberto Quezada Prado nos pone frente a frente con La sierpe de Nonoava, una animal que parece de este mundo pero que navega en los ríos del delirio y de las tormentas del Niño, las culebras que las señoras de antes cortaban con cuchilladas al cielo y palma bendita y los terrores que nos causan los ríos desbocados de nuestra bronca región.

Nueve leyendas de chihuahua, publicado por la Universidad Autónoma de Chihuahua, es un texto que deja un buen sabor de boca en la memoria. Se queda uno con las ganas de leer más cuentos de estos autores que, cada uno en su estilo, son muy buenos para platicar de las cosas más inverosímiles como si fueran lo más natural del mundo.



Febrero 1997

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