martes, 21 de junio de 2011

carlos mario alvarado

La Tarahumara: una tierra herida. Análisis de la violencia en zonas productoras de estupefacientes en Chihuahua.
por Jesús Chávez Marín
Varias veces se ha mencionado que los escritores de Chihuahua se ocupan muy poco de la realidad que los rodea, en la que están involucrados aunque muchas veces en su obra se escapan hacia el esteticismo, el esoterismo y la lírica exacervadamente individualista. Mientras tanto la vida pasa. El humo de las maquiladoras, el narcotráfico, la violencia y la transa política parecen sólo temas del periodismo y nunca de la literatura que se escribe en estas tierras.
Carlos Mario Alvarado ha decidido con este libro suyo, escrito con el rigor de un sociólogo y con la belleza de un pulido estilo de narrador, dar un paso firme en el largo camino de dar sustancia literaria al tiempo que transcurre en su tierra.
Existen muchas formas de contar una historia. Alvarado decidió en este libro contar una extensa historia donde la protagonista de una sociedad sostenido por un profundo sentido de la honra que se enfrenta a condiciones adversas de clima y de economía invasora y abasallante, y más tarde, a partir de los años cincuentas, invadida también por uno de los grandes poderes financieros del mundo: el narcotráfico, tal como lo señala el autor al principio de su libro.
La semilla de la violencia y de la venganza ya existía en los grupos un tanto dispersos de mestizos y de indígenas que habitaban la sierra. Frente a situaciones de carencias angustiantes, empezó a extenderse una actividad nueva: la siembra y cultivo de amapola y mariguana que era pagada generosamente por extraños que empezaron a llegar a los más apartados lugares en sus avionetas. La cosecha se pagaba con dólares, con armas y con licor. Para muchas familias era la única salida. Niños, mujeres y señores grandes empezaron a cultivar la droga, aprendieron el cultivo y la clandestinidad.
Las autoridades del país respondieron con golpes, torturas, fumigación indiscriminada de sembradíos. Pero algunas veces también se convertían en socios de aquella gigantesca actividad tan productiva que tenía ramificaciones en muchos altos círculos de poder. Muchos aventureros comenzaron a llegar. Ostentaban sus armas poderosas, sus camionetas de lujo y sus parrandas de varios días acompañados de Los Tigres del Norte o de cantantes que cobran montones de billetes. Pacas de a kilo.
La espiral de la violencia de la que habla Alvarado en su libro era ya un remolino que se llevaba ciudades enteras. Los jóvenes campesinos fletaban aviones para traer desde Parral ríos de cerveza y de hielo para festejar durante noches enteras la cosecha de aquel aceite que brotaba de las preciosas flores rebanadas. El número de muertes fue aumentando, según revela el autor en el cuidadoso manejo de sus datos que aporta. Las cárceles estaban repletas y los presidentes municipales solicitaban más hospitales para que tanto herido no muriera desangrado por falta de las más elementales atenciones.
Años después, alguien decidió desde las sombras de su lujoso escondite que la cocaína debería consumirse más en aquellas lejanas tierras de campesinos. Para que los jóvenes jamás tuvieran ya salida, para que se involucraran más en una actividad en la que ya eran expertos desde niños: el cultivo de aquella mercancía clandestina que se producía entre los montes, los discretos ríos y las parcelas escondidas y vigiladas por hombres fuertemente armados que eran capaces de enfrentarse al mismo ejército nacional. Claro, la cocaína venía de fuera, pero su consumo era conveniente en estos lugares productores de mariguana y amapola en cantidades a veces industriales.
Su oficio de periodista y sus estudios profundos de sociología, filosofía y teología son los surtidores de un natural talento narrativo que Alvarado muestra con mucha sobriedad. No se entretiene ni se deja llevar por su habilidad para contar historias, sino mantiene firme la rienda de su texto para avanzar en los caminos correctos de una rigurosa investigación antropológica y social, que es la verdadera textualidad de La Tarahumara: una tierra herida. Con este su primer libro, Carlos Mario Alvarado aparece como escritor de gran estilo y presenta un material revelador y valioso para la comprensión de una de las zonas más oscuras de nuestra conciencia colectiva.

Junio de 1997.

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