sábado, 18 de junio de 2011

josé pérez espino

En la resolana de Solar
por J.Ch.M.
Señor José Pérez-Espino, editor de Semanario: tuve el gusto de conocerlo a usted en abril de 1992, cuando nuestro amigo Willivaldo Delgadillo me invitó a trabajar en la divertida mesa de redacción de Semanario.
En aquel tiempo era usted un joven de 23 años y jefe de información. Ahora es usted el editor y yo, por mi parte, regresé de ciudad Juárez aunque sigo disfrutando el privilegio de seguir escribiendo en sus hospitalarias páginas, ahora desde mi ciudad de Chihuahua.
Leí con interés su excelente análisis crítico publicado en la página 11 del número 203, titulado “Cómo autoelogiarse”, donde examina con lupa el número 8 de la revista Solar que dirige en esta ciudad José Luis García.
En su artículo, se refiere usted a mi reseña “Danzón para editores de literatura en su fiesta de 15 años”. Acerca de su texto, quiero escribirle aquí algunos comentarios.
1. En su página 11 dice esto: que Mario Humberto Chávez pone en la presentación de Solar esta afirmación: “La generación de escritores de la segunda mitad de este siglo se ha formado en la Escuela de Filosofía y Letras de Chihuahua”. Y luego escribe usted, con cierta irresponsabilidad juvenil lo siguiente: “Tal afirmación es falsa. En ese mismo número lo contradice Jesús Chávez Marín, quien identifica tres grupos”.
Resulta que yo jamás contradije a Mario Humberto. Al Contrario. Estoy totalmente de acuerdo en que la mayoría de quienes escribimos en la ciudad de Chihuahua hemos tenido contacto, con mayor o menor intensidad, con la Escuela de Filosofía y Letras, la cual fue fundada ya hace 30 años por Gaspar Orozco y Federico Ferro Gay. Es cierto que hay tres grupos literarios, pero en los tres hay gente que se formó en esa escuela y que después realizó su trabajo profesional de escritura en periódicos y espacios diversos, donde cada quien tenía sus querencias y sus intereses.
2. En la página 13 de su artículo, saca usted esto: J.Ch.M. fue incluido no obstante que (sólo) ocasionalmente trabaja el cuento y la poesía. Solar lo reconoce como uno de los más leídos cronistas culturales de la comunidad”.
Y en eso tiene usted la razón. Es cierto. Todavía no soy autor de libros, no tengo prisa por serlo, créalo. Mi placer ha sido desde 1976 publicar mis textos en periódicos y revistas. Me gusta el juego de comunicación rápida y efímera del periodismo y no aspiro a la eternidad incierta de los libros.
En cuanto a que yo sea “uno de los más leídos cronistas culturales”, allí sí le agradezco su generoso comentario.
3. En su página 14 pone usted esto: “tal parece que para J.Ch. M. la literatura chihuahuense es únicamente aquella que se publica en la ciudad de Chihuahua”. Y aquí, señor José Pérez-Espino, le gana nuevamente el arrebato de su pasión crítica. En mi artículo quedan muy claros los límites de tiempo y espacio del asunto que se trata: 15 años de revistas en la ciudad de Chihuahua. Lo remito a mi página 76, donde escribo: “Para que después no se den por inexistentes, también deberíamos mencionar que en la ciudad hubo algunos grupos que alguna vez en la vida quisieron ser”.
Por supuesto que tengo noticia del excelente trabajo de escritura de todos ustedes que viven en Juárez. Incluso he tenido la suerte de tenerlos como compañeros de páginas en el antiguo semanario Ahora y en la joven revista Semanario del Meridiano 107, de la cual es usted subdirector.
Para consignar, aunque solo fuera superficialmente la trayectoria de ustedes como escritores hubiese yo tenido que entregar otro artículo casi igual de extenso que este del cual estamos platicando. Los editores de Solar solo me pidieron éste de nuestra ciudad. Para hacer el otro, hubiera tenido que investigar en Ciudad Juárez todos los espacios que usted mismo anota en su ensayo: la revista Nod, los talleres del INBA, los 30 números de Entorno, los encuentros nacionales de escritores que organiza la Universidad de Juárez, los festivales literarios de la Escuela de Agricultura ESAHE, los Cuadernos de Arena, las Ediciones Arácnido y la elegantísima Puentelibre.
Para realizar esa investigación yo hubiera querido viajar a Juárez, instalarme en casa de mis suegros, que allá viven, entrevistarlos a todos ustedes. Pero me dio mucha pereza intentar bajarles presupuesto a los burócratas del caso que, la verdad, se tardan mucho para entregar los recursos financieros que, a pesar de que son nuestros, ellos administran, a veces con demasiada soberbia, lentitud y torpeza.
4. En la misma página 14 de su artículo viene esto escrito: “La mayor parte de ese texto (o sea el mío) fue publicado en el número 109 de Semanario correspondiente al 27 de abril de 1992, pero el dato no es consignado y el texto aparece publicado por primera vez”. Bueno: mi texto “Danzón para etcétera” es la refundición de aquel artículo que yo saqué para celebrar la salida del libro de poesía Segunda muerte, que le publicó la UNAM a Rubén Mejía. Sólo que en ningún lado digo ahora que este artículo sale por primera vez, la verdad nadie me preguntó y, cuando le fue entregado al editor de Solar no me pareció hablar de mí ni de mis artículos de antes. Me pareció útil el texto de antes para la reseña que se me pidió respecto de este asunto de levantar una breve historia de las publicaciones literarias.
Quede esta carta para señalar, pues, que fue en Semanario donde salió la primera versión de este texto, en su mayor parte. Es más, fue escrito en las computadoras de su misma sala de redacción.
Finalmente quiero decirle que, por mi conducto, esta ciudad le agradece la atenta crítica con la que usted señala todos los gazapos y vacíos de información que se cometieron en el número 8 de Solar.
Reciba un fraternal saludo de quien se honra en llamarlo compañero de redacción y colega en el luminoso ejercicio de la literatura.

Mayo 1994.

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