viernes, 20 de agosto de 2010

Los dos puntos y los puntos suspensivos



Los signos de puntuación, lección 3

Por Jesús Chávez Marín

4. Los dos puntos
Se emplean en estos casos:
a). Para enumerar
Ejemplo:
Tres zonas turísticas destacan en el Mediterráneo español: la costa brava, las Baleares y la Costa del Sol.

b). Para citar.
Ejemplo:
En su lecho de muerte, Disraeli corregía las pruebas del último discurso que había pronunciado en el parlamento y dijo: “No quiero pasar a la posteridad hablando con incorrección gramatical”.

c). Para saludar y exponer
Ejemplos:
Distinguido señor: le agradeceré…
Dispongo: que el próximo domingo…

ch). Para abrir paso a una aclaración, un resumen o una justificación.
Ejemplos:
Llamó a los amigos, suplicó a los parientes, removió cielo y tierra, pero a la larga todo fue inútil: nadie le compadecía.
No pude venir: estaba cansado.

Este empleo de los dos puntos es muy interesante: suele dar más claridad y energía a la expresión. Observe que si decimos “No pude venir porque estaba cansado” este porque acentúa la causa de la ausencia y, por consiguiente, da a la frase un matiz menos intenso, como de excusa. En cambio, si adoptamos la solución “no pude venir: estaba cansado” la respuesta es más rotunda, y puede incluir un cierto desprecio por la reacción de nuestro interlocutor, en este caso no nos importa mucho que considere satisfactoria la razón que esgrimimos.

Sugerencias sobre los signos que acabamos de examinar
Primera:
Si una frase se alarga o complica demasiado, descompóngala en sus dos o tres partes naturales y separe estas partes por puntos. Los puntos y comas también permiten conseguir este mismo resultado.
Segunda:
Desde el punto de vista de técnico de puntuación, siempre que emplee un punto, puede usted emplear un punto y coma, y al revés.
Tercera:
Hemos visto que las comas y los puntos tienen aplicaciones muy concretas. En cambio, el uso del punto y la coma es más libre y discrecional. Por ello le sugiero que se acostumbre usted a emplear un cierto número de estos signos, porque en ellos descansan ciertos matices de la personalidad de quien escribe.


5. Los puntos suspensivos
Si preguntamos cuál es el defecto básico de los puntos suspensivos, seguramente se nos contestará con una frase de este orden: no concretan, dejan la idea en el aire, la vaguedad, los demás tienen que adivinar lo que queremos decir, etc.
Si preguntamos cuál es la virtud, o el valor, de los puntos suspensivos, ¿qué contestación obtendremos?
Las respuestas serían las mismas de antes: dejan la idea en el aire, la vaguedad, los demás tienen que adivinar…
Por tanto, los puntos suspensivos no son buenos ni malos. Somos nosotros quienes hacemos un buen o mal uso de estos signos.

Errores más frecuentes:
a). Poner más de tres puntos, buscando torpemente un efecto más intenso. Los puntos suspensivos solo son tres, en todos los casos.
b). Uso inadecuado:
Cuando queremos precisar, no debemos acudir a los puntos suspensivos.
Ejemplo:
Es un automóvil que tiene cuatro… puertas.
Eso es torpe.
c). Uso adecuado:
Cuando no queremos formular nuestro pensamiento de modo claro, porque nos parecería imprudente, acudimos a los puntos suspensivos.
Ejemplo:
Yo creo que dibujas bien, pero…
Los tres puntos nos sirven aquí para sugerir que, en nuestra opinión, no se trate de un gran artista a pesar de su habilidad, o que no logrará vender sus dibujos, o cualquier otra objeción que “queda en el aire” y que nuestro amigo “recogerá”.

Téngase presente que cuando hablamos, empleamos también los puntos suspensivos. Si en una reunión queremos decir que fulano de tal es un sinvergüenza, y tememos que todos o algunos de los presentes son amigos suyos, o no comparten nuestra opinión, diremos:
Voy a hablarles francamente, yo creo que Fulano de Tal es un... sinvergüenza”.
La pausa de los puntos suspensivos nos permite anticipar vaga y prudentemente nuestro juicio, y observar la reacción que provocará.

ch). Abuso
Es importante reducir el empleo de los puntos suspensivos a los casos que hemos visto en el apartado anterior. No se acostumbre usted a dejar colgadas las frases.
Es frecuente incurrir en este vicio:
Primer ejemplo:
He considerado este asunto y no me interesa, salvo que se presenten nuevas…
El interlocutor suele completar la frase: circunstancias.
Otro ejemplo:
Estoy de acuerdo en que existe el problema, pero no me gusta la…
El interlocutor añade por su cuenta: solución.
La pereza que nos impide terminar las frases, suele ser fatal. Al principio, quien nos escucha se divierte sugiriéndonos las palabras que no encontramos, pero al poco tiempo se cansa de este juego. Terminar la frase es un esfuerzo que le corresponde a quien habla.
Empezar una frase es difícil. También lo es desarrollarla, construirla. No podemos malograr este esfuerzo renunciando a la última palabra. Si abusa usted de los puntos suspensivos finales, da la impresión de que le falta energía.

d). Los puntos suspensivos y el etcétera
Algunos profesores afirman que los puntos suspensivos equivalen al etcétera, como una de sus funciones. Pero no. Se trata de dos recursos distintos.
Cuando empleamos puntos suspensivos, quien lee debe adivinar qué clase de palabras dejamos de añadir a las precedentes.
Ejemplo:
El hotel era viejo, incómodo, sombrío…
Se adivina que los puntos suspensivos sustituyen a otros adjetivos que armonizan con los anteriores: triste, desagradable, abandonado.
En cambio, cuando empleamos el etcétera, quien lee sabe las palabras que dejamos de añadir.
Ejemplo:
Todos los ministros –gobernación, comercio, justicia, obras públicas, etc. – serán reorganizados.
El lector conoce la lista completa, indicada en el etcétera.

Junio 2010.

1 comentario:

  1. Los signos de puntuación son señales de tránsito en la lectura, hay que ponerlos en los lugares exactos de la calle o de la carretera.

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