lunes, 7 de junio de 2010

el texto breve

El regreso de mi antigua columna
por Jesús Chávez Marín
Como otros coleccionan estampillas, pipas, carros, joyas; desde 1971 colecciono frases: aforismos, calendarios, máximas, poemas de tres versos, cuentitititos. En los años ochentas años inicié la publicación de esta columna; las primeras páginas de El texto breve aparecieron en el semanario La calle, luego en El Heraldo de Chihuahua y de allí pasó al semanario Ahora, de ciudad Juárez.
Reaparece hoy en el que será, según mi opinión, su espacio editorial más adecuado: El universitario. En esta primera entrega de su cuarta etapa, presentamos relatos breves de un escritor mexicano: Ezequiel Mar.
1. Marcos Inc.
Los enmascarados en Chiapas llegaron lejos, según ellos. Tal vez sí: en su oficio de tinieblas trajeron guerra a gente que andaba perjudicada; con la guerra dentro. El terror anduvo por ciudades hermosas. De pronto se llenaron de vagabundos, periodistas rijosos ante la sangre que esperan, pólvora que gustan, visión de una guerra virtual que también causa dolor. Ya deja la máscara, Marcos de risa, deja de presumir de poeta: no lo eres. Eres un cobarde disfrazado de idealista. Deja las máscaras, Marcos famoso: da la cara. Que Dios bendiga a los indios (llámalos indígenas, etnias) que sufren. Que castigue a los sepulcros blanqueados que en internet hallaron un panteón de circuitos. A un espacio de trabajo convirtieron en publicidad venenosa. (Monterrey, abril de 1998).
2. Marcándoles el paso
Una mañana de marzo, Esteban Medina escribió una carta para darles unos cuantos consejos a sus dos hijos, Alejandro y Dante. Luego de saludarlos, la carta decía:
Uno. El hombre, la mujer, deben despertar a las seis de la mañana para alcanzar metas y cumplir sueños de fortuna y sabiduría.
Dos. En la exploración, usen condón siempre; al igual que en siglos anteriores, hoy vivimos tiempos de alguna que otra infección perniciosa. Ya después, con su respectiva pareja, ustedes dos tomaran las decisiones que sigan.
Tres. Una vez al año es de ermitaño; una vez al mes, vida no es; una vez a la semana es cosa muy sana; una vez al día te saturas de algarabía.
Cuatro. Acuérdense siempre de aquella frase del Eclesiastés que en traducción ranchera dice: quien no consulta se reboruja.
Cinco. El café se toma según sus cuatro letras: caliente, amargo, fuerte y escaso. Algunos amores, igual.
Seis. Al que se levanta temprano le va bien. Al que no se levanta temprano, a veces le va bien. Pero no siempre.
Siete. Algunos perezosos podrían morir por dolor de riñones.
Ocho. El limón suele curar úlceras internas y exteriores.
Nueve. El ajo cauteriza.
Diez. Una cerveza al atardecer no daña a quien ha trabajado completa la jornada. Pero cuidado: el alcohol es un elíxir traicionero.
Once. Lo mejor para la limpieza del estómago es el estafiate.
Doce. Los artificios de salud, como también los de belleza, son para cuerpos de pensamiento nítido.
Trece. La educación física, hacer ejercicio en la mañana, resulta en ajustes y masajes que el cuerpo se da a sí mismo.
Por último y catorce: sigan leyendo libros. Como ya les he dicho, en esta vida lo único que quita lo pendejo es leer.
Colección
Flores que de pronto vuelan y en su vuelo toda la armonía de los colores flota. Luego alguien las atrapa, las clava una por una con alfileres para coleccionarlas en cajas. Ataúdes abiertos a la luz y a la contemplación de quienes en el museo las miramos muertas, bellísimas: cementerio de flores que antes fueron mariposas.
Corrección de estilo
—No, muchachito, no ponga parral con minúscula. Póngalo con mayúscula: Parral. Si de por sí, este es un pueblo menospreciado y todavía usted, para acabarla de amolar, lo escribe con minúscula. No, señor.
El grado cero del tiempo
Después de la destrucción nuclear, los relojes electrónicos siguieron marcando las horas de un tiempo que ya no existe.
jchavezm@uach.mx septiembre 2009

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