martes, 8 de junio de 2010

rogelio treviño montijo

Treviño el emérito

Por Jesús Chávez Marín

Fue una payasada que el instituto chihuahuense de la cultura diera el premio de artista emérito a Rogelio Treviño Montijo, autor de dos libros: Lámpara de la piedra y La mujer que no fui, ambos editados por el mismo instituto; y dos folletos: Viajero inmóvil y Septentrión las cuatro osas de la constelación.
No resultaría del todo necio que se premiara en la persona de Treviño a los escritores de Chihuahua, luego de que la costumbre de la burocracia cultural de esta ciudad se había limitado a rendir homenaje a los artistas del Distrito Federal que nacieron en alguno de los 67 municipios del estado, pero que en este lugar jamás han realizado obra cultural ni educativa. No lo hicieron por contrato laboral, puesto que desde adolescentes ya no vivan aquí, y mucho menos por altruismo, que no es uno de sus escasos talentos. Algunos de sus nombres: Sebastián, Ignacio Solares, Víctor Hugo Rascón Banda, Carlos Montemayor, Benjamín Domínguez.
Pero Treviño Montijo está muy lejos de ser el prototipo de escritor de Chihuahua que nos merecemos. Es injusto que el antropólogo Carrera, gran admirador de Benito Juárez, Pancho Villa y otros héroes y bandidos que nos dieron patria, pero muy escaso lector, le haya otorgado el premio de emérito a este señor antes que muchos otros con obra literaria más valiosa. También aquí van algunos nombres.
1. Alfredo Espinosa, autor de una vasto número de libros narrativos y poéticos; varios conocidos y apreciados a nivel nacional. En la feria internacional del libro que cada noviembre se realiza en Guadalajara, el único autor de Chihuahua por el que preguntan es él. Cuatro de sus libros fueron traducidas al inglés y uno al italiano.
2. Rubén Mejía es autor de cuatro libros de poemas; uno de ellos, Segunda muerte, publicado en la universidad nacional autónoma de México; otro, Espíritu, traducido al portugués. La maestra y crítica literaria Reyna Armendáriz escribió un magnifico ensayo en que demuestra con cuidadoso análisis el valor artístico de este libro.
3. Alfredo Jacob fue durante los años cincuentas y sesentas el único escritor profesional de esta ciudad, además del gran José Fuentes Mares. Los demás de su generación eran solamente aficionados que redactaban en sus ratos libres. Pues bien: a Alfredo el instituto chihuahuense de la cultura jamás le dio ni el premio de emérito ni algún otro. Ni se lo dará, él murió en 2003.
4. Mario Lugo ha publicado cuatro libros; su arte narrativo es el más pulido y cuidados que se ha escrito en Chihuahua; en los años ochentas fue uno de los editores de la excelente revista literaria Finisterre que dirigía el poeta Gaspar Gumaro Orozco; en esas página y en otras, Lugo escribió 175 reseñas de la actualidad literaria del país y en 1995 gano el premio Chihuahua de literatura con su impresionante relato Detén mis trémulas manos.
4. Enrique Macín Rascón escribió cuatro obras de teatro, todas ellas llevadas a la escena, con una técnica vanguardista sorprendente y al día con las tendencias europeas y norteamericanas de la dramaturgia, y una novela en la que se ensayan con destreza muchas técnicas narrativas. Tampoco él mereció el premio de maestro emérito que el instituto chihuahuense de la cultura ya jamás le dará.
5. Raúl Manríquez Moreno ha ganado dos premios nacionales de literatura por su obra, además del premio Chihuahua. Su novela La vida a tientas fue publicada por una editorial internacional que la ha distribuido en todas las ciudades mexicanas y en España. Él no se ocupa nada más de su propia persona y obra. Es líder del grupo literario más vigoroso y productivo en lo que va de este siglo, el de los escritores de ciudad Cuauhtémoc; además ha sido dueño de las revistas Voces de tinta y Esdrújula, donde se iniciaron dos generaciones de artistas.
Estoy seguro que podría agregar otros que como estos, que tienen mucho más trabajo realizado que Rogelio Treviño Montijo, pero con estos cinco basta y sobra para ejemplo. El diccionario dice que emérito es que se ha retirado de un empleo y disfruta de un premio por sus buenos servicios. Pero el de este año fue por capricho de funcionarios del instituto chihuahuense de la cultura, quienes leen poco y mal.

Æ     [Publicado en El Heraldo de Chihuahua, enero 2010].

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