jueves, 15 de julio de 2010

luz maría

Ái ustedes han de perdonar el título tan largo de esta crónica ranchera que se llama Nostro lit Grupo: la historia de un padrino que ya era casi una leyenda urbana, llamado Mario Arras, y de una ahijada suya Luz María Montes de Oca, con lo cual esto ya se puso como su fuera novela de Mario Puzo: presentación del libro La escuela de cartón, de la susodicha Luz María Montes de Oca
por Jesús Chávez Marín

El domingo antepasado andábamos mi amigo Enrique Servín y yo en un baile de un ahijado suyo, por cierto que en esa boda toco la banda de Los bipolares del Norte, y le platicaba que este día, hoy, aparece el libro de nuestra colega Luz María. Le comentaba que lo más sorprendente del libro de Montes de Oca es que en su relato se va estampando una tesis de profunda conciencia social, enraizado en una actitud religiosa del sentido original del evangelio más que de la ideología sofocante de las iglesias, que en este siglo XXI ya son meras firmas corporativas S. A de C. D. (capital desmesurado).
Mi compadre Servín, a quien también le gustó mucho el libro La escuela de cartón, de Luz María y que viene siendo mi compadre desde que bautizamos al hijo de Alán, amigo de él, se puso muy serio a pensar y me dijo: “en estos tiempos estas acciones altruistas como la que se cuenta en este libro vienen resultando más importantes que el montón de mentiras de los políticos, quienes a pesar de lo que prometen como el pan de cada día para vencer en el comercio de los votos”. Eso me dijo.
Ah que carajo compadre tan certero: Hoy en día los políticos, quienes por lo regular tienen más dinero que un bandido, se la pasan prometiendo y muy seguido los echan en el periódico de plano contando mentiras: los del pri llevan años diciendo que quieren defender el peso como unas perras y han defendido pura tiznada; el Marcos, quien por mal nombre según esto se llama Sebastián Guillén Vicente salió diciendo que salvaría a los indios y los salvó pura tiznada, ái andan los pobres pidiendo limosna en las ciudades; el otro güerito, el que anduvo ayer por estos rumbos, echó un discurso acá medio jacarandoso donde según esto ya merito llegaba la esperanza pero no se le ven trazas; el charrito de oro de los azulejos dijo que iba a meter al bote a todos los rateros y que nomás iba a dejar fuera a Raúl Salinas, a los banqueros del Fobaproa y al diamantino Fernández de Cevallos en la Punta Diamante.
Por otro lado, los escritores mexicanos han venido realizando muy bien su trabajo, mientras pepenan una que otra beca que meritito como si fueran migajas les reparte el gobierno, y la prueba viviente son libros como este que hoy tan contentos andamos presentando. Esta obra viene a ser una verdadera iniciación, una muy destacada iniciación, de una temática y de una manera de concebir la literatura en nuestras ciudades del Norte. Antes de Luz María todos los escritores chihuahuenses pasamos los últimos veinte años escribiendo poemas amargados o amorosos, almibarados o dizque filosóficos. Escribimos y hasta publicamos (para derrota de tantos árboles que murieron en celulosa de papel) cuentitos y una que otra novela de reborujos, brujas malditas, feminismo neurótico y falsa crítica social más interesada en el escaño del Congreso o la sillita para regidores.
Pero con La escuela de cartón se inicia, espero, otra manera de ver las cosas por escrito en nuestros libros.
Más sorpendente resulta que una escritora tan dulce como Luz María, cuyos libros anteriores fueron cuentos fantásticos, saliera hoy con esta novela tan bien escrita, tan de buen humor y tan bien pensada. Entre los casi 53 alumnos que ha graduado Mario Arras en los últimos veinte años, Luz María pareciera la más chica fresa de todas, tan fresa tan fresa que fue todo ese tiempo y a mucha honra una de las damas voluntarias de la Cruz Roja; tan de plano strawberry que le sigue en reuniones sociales de a Dios rogando y con el mazo dando en un nuevo club de ayuda social, el Norawa, y sin embargo muy fresa muy fresa pero narradora siempre, profesional y cuidadosa en su escritura (yo soy testigo de su rigor literario). Es más: si tuviéramos que contar con los dedos de la mano a “los mejores escritores, escritoras, de Chihuahua ella tendría que estar con toda justicia en esta historia: para la historia y para siempre.
jchavezm@uach.mx agosto 2005, publicado en Armario: editores José Manuel García et Adriana Candia.

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