sábado, 31 de julio de 2010

octavio paz

El premio Nobel de Literatura 1990
por Jesús Chávez Marín

En medio de la crisis económica que nos asfixia, aún podemos mirar de lejos una historia como ésta: en una suite del Hotel The Drake, de Manhattan, suena el teléfono, a las siete de la mañana de un jueves. Allí se hospeda un hombre de 76 años, de ojos azules y pelo rizado, casi blanco, que se llama Octavio Paz. Él contesta la llamada: le avisan que la Academia Sueca le otorga el Premio Nobel de Literatura 1990.
Desde ese momento, el nombre de aquel poeta mexicano aparecerá en las pantallas de todas los televisores del mundo, las letras de ese nombre se imprimirán en millones de páginas de todos los periódicos. Se dirá que es el primer Nobel de Literatura que gana un mexicano. El presidente de su país le hablará ese mismo jueves para felicitarlo de parte suya y de parte de ocho presidentes latinoamericanos que lo acompañan en ese momento en una junta cumbre en Caracas. El consulado mexicano de Nueva York instalará en la suite cinco teléfonos que repicarán todo el día con llamadas de larga distancia. Octavio Paz las contestará personalmente, interrumpiendo a cada rato el diálogo con los quinientos periodistas que desfilarán esa mañana, para entrevistarlo en persona.
El próximo 10 de diciembre será la ceremonia de premiación. El cheque del premio será de dosmil millones de pesos. En las reseñas que inundan de información instantánea las páginas desechables de los periódicos se anota que este año los candidatos para el Nobel de Literatura fueron Carlos Fuentes, Milan Kundera, Marguerite Duras, Nadine Grodimer y Günter Grass, autores famosos cuyos libros, en todos los idiomas, se venden en librerías de muchas naciones, al lado de los muchos libros que Paz ha escrito.
Hoy esta frase se repetirá hasta que su sonido y su sentido se gasten por completo: “La Academia Sueca premia a Octavio Paz por su obra literaria, una obra apasionada, abierta sobre vastos horizontes, impregnada de sensual inteligencia y de humanismo íntegro”.
En Chihuahua, los lectores de Paz sentimos que la luz de nuestro poeta nos mejora el día. Y festejamos este Premio Nobel tan merecido para la literatura mexicana, para Octavio Paz.
jchavezm@uach.mx octubre 1990, publicado en Armario, editores José Manuel García et Adriana Candia.

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